Mientras que en Rusia y en Ucrania se están produciendo-en medio de un silencio mediático llamativo-  miles de deserciones de jóvenes que huyen para no ser enrolados obligatoriamente en esta guerra, sus  gobiernos aplican penas y castigos severísimos para los que lo intentan, haciendo caso omiso de las  normas de objeción de conciencia que ambos países tienen reconocidas  y todo ello en un clima de propagación del militarismo y del maltrato a jóvenes soldados prisioneros  que son exhibidos públicamente,  de forma humillante, para fomentar el belicismo y ello en contra del derecho internacional de conducción de las guerras. Un clima belicista del que, desgraciadamente, también se han contagiado muchos medios informativos de nuestro país. El neutralismo activo, la objeción de conciencia, el antimilitarismo o el pacifismo son conceptos que la propaganda belicista asocia al colaboracionismo. Nuestro gobierno, antes de la invasión, ya se prestó raudo a enviar tropas a la zona en operaciones OTAN y el anuncio de una ministra de Podemos, discrepando con el envio de armas a la “resistencia” ucraniana, ha resultado un alboroto que incluso los de su propia bancada pretenden acallar y neutralizar. Es necesario estar todos a una con el presidente, se dice; cualquier crítica a la guerra es acallada con métodos de propaganda goebeliana; pero la realidad es que España, desde el abrazo  de Eisenhower a Franco  en 1959, ha estado sometida y protegida por los Estados Unidos,  no solo apoyando al dictador hasta el último momento  sino señalando con el dedo al sucesor del mismo por no hablar del uso de las bases americanas en multitud de ataques imperialistas a tal o cual país y el trasiego de armamento nuclear por ellas. Fue humillante que en la última visita de un presidente americano a España – la de Obama en el 2016 – se dedicase, en exclusiva, a visitar las bases americanas de Torrejón y Rota y que de forma casi de vasallaje nuestros políticos de la oposición de entonces, Sánchez, Rivera y Pablo Iglesias, fueran recibidos por Obama, un minuto cada uno, en las instalaciones militares de Torrejón y ello por la insistencia de aquéllos. 

Pese a esta realidad pro militarista americana de los gobiernos de nuestro país, en la España de los años noventa se desencadenó uno de los más potentes movimientos de objeción de conciencia e insumisión al militarismo que logró acabar con el ejército de reclutamiento obligatorio; sin embargo, este movimiento, que tuvo tanto apoyo en su momento, no se reflejó, posteriormente, en una cultura pacifista que haya calado en la sociedad. Es verdad que durante la segunda guerra del Golfo- de la primera mejor no hablemos ya que hasta el director del Museo del Prado fue cesado por firmar un manifiesto en contra de la guerra – se manifestó un fuerte movimiento pacifista, pero en ello, visto desde hoy, influyó mucho el cálculo electoral del momento. Fuimos pacifistas para ganar unas elecciones, se podría decir hoy ya que, al fin y al cabo, seguimos con las bases americanas, seguimos en la OTAN y el ejército ha estado en muchísimas “operaciones de paz”, por no hablar de los miles de millones que se han derrochado en el armamento americano.

La realidad es que España, pese haber tenido el más potente movimiento de objeción e insumisión a los ejércitos de Europa, es uno de los pocos países de Europa, que hoy en día, no tiene regulada la objeción de conciencia a los ejércitos, contraviniendo varias recomendaciones internacionales. En caso de conflicto bélico o de implicación mayor en las operaciones bélicas que se están produciendo en Europa, nuestros país sería de los pocos de Europa  que no tiene reconocida la objeción de conciencia y de ahí la necesidad urgente de su regulación para proteger a aquellos militares y soldados profesionales  que se nieguen a participar en guerras ofensivas no amparados en el derecho internacional o para aquellos jóvenes, en caso de activarse la conscripción obligatoria, que se nieguen a enrolarse en el ejército. Por ello la asociación “Europa laica” se ha dirigido a los grupos parlamentarios para que alguno de ellos presente, urgentemente, una Modificación de la Ley Orgánica 5/2005, de 17 de noviembre, de la Defensa Nacional para que se incluya la objeción de conciencia  porque si no,  cuando llegue el momento de una guerra , como está pasando ahora en Rusia y en Ucrania, nuestros jóvenes  y soldados  tendrán que huir y serán tratados en consejos de guerra sumarísimos como desertores, como ahora están siendo tratados miles de jóvenes ucranianos y rusos. Si quieres la paz no te prepares para la guerra.



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