Deficiencias nutricionales, daños en órganos como los riñones o el hígado o cambios metabólicos que afectan al buen funcionamiento del organismo. Son algunos de los peligros que acarrean las dietas milagro, las que prometen una rápida pérdida de peso. Pero, además, suponen una amenaza para la salud mental de quien las realiza. El objetivo de conseguir resultados inmediatos y sin esfuerzo -muy deseable y a su vez, poco alcanzable, alertan los nutricionistas- aumenta el riesgo «del denominado «hambre emocional» y la comida termina siendo utilizada «como una herramienta poco saludable de manejo y regulación de nuestras emociones en el día a día», advierte a El Periódico de España, diario del mismo grupo, Prensa Ibérica, que este periódico, la psicóloga Margarita Carrasco.

Adelgazar a toda velocidad, con dietas de dudosa eficacia, se ha convertido en un mercado «enormemente rentable». A pesar «de carecer de asesoramiento profesional y evidencias científicas sobre su eficacia, tienen gran popularidad», subraya a este diario Natalia Galán, nutricionista y que, como Carrasco, es especialista en BluaU, un seguro médico digital del grupo privado Sanitas. En muchas ocasiones, las dietas se complementan con productos sustitutivos de comidas o productos ‘naturales’ que hay que tomar junto con el plan de alimentación. «Con toda la información que contamos hoy, tras un estudio de la consultora IRI, el mercado de este tipo de productos que van asociados a este tipo de dietas creció en 2021 en un 75,4%», indica.

El mercado de los productos que van asociados a este tipo de dietas creció en 2021 en un 75,4 %, según datos de los especialistas

El sobrepeso de los españoles

Recientemente, la Sociedad Española para el Estudio de la Obesidad (SEEDO) daba a conocer una encuesta que advierte sobre la alarmante tendencia que muestran las tasas de preobesidad (sobrepeso) y obesidad en España: los casos alcanzan a un 53% de la población. Las tres principales causas que están detrás del exceso de peso se relacionan con hábitos de ejercicio, en primer lugar, de alimentación, en segundo lugar, y de gestión emocional o personal (psicología), en tercero.

Al no ser completas en nutrientes, se pueden desarrollar déficits en vitaminas y minerales, advierte la nutricionista Natalia Galán

En ese contexto, los expertos alertan sobre la proliferación de dietas milagro que no sólo no funcionan. También son peligrosas. Natalia Galán alude a dietas «con una restricción calórica importante, lo que conlleva un importante déficit nutricional o con un desequilibrio entre los macronutrientes (muy ricas en proteínas o en grasas) y muy pobres en hidratos de carbono. Lo primero a destacar es el ‘efecto rebote’ que suelen ocasionar en el peso tras abandonarlas». Además, añade, al no ser completas en nutrientes, se pueden desarrollar déficits en vitaminas y minerales y sobrecargar nuestra alimentación en grasas y proteínas. «Hay órganos como el hígado o el riñón que, a la larga, pueden verse afectados, algo que también alterará nuestra analítica de sangre en parámetros como el colesterol, transaminasas, ácido úrico o valores renales», añade. Por último, y no menos importante, resalta, se trata de dietas «que no nos enseñan nada, y esto debería ser un objetivo fundamental cuando nos proponemos un objetivo de bajada de peso mantenido en el tiempo». de las hipocalóricas a las excluyentes

La nutricionista describe tres grandes gruposdietas hipocalóricas desequilibradas -de muy bajo contenido calórico que además no guardan equilibrio en su reparto de nutrientes-; las disociativas -bajo la etiqueta de dietas disociadas se encuentran todas aquellas que se fundamentan en el hecho de no mezclar determinados alimentos en una misma comida- y las dietas excluyentes, un grupo que Galán considera especialmente nocivo.

«El descenso de peso es insostenible en el tiempo pues se produce mediante la privación de nutrientes», indica Natalia Galán

«Aunque es posible adelgazar con este tipo de pautas, el descenso de peso es insostenible en el tiempo porque se produce mediante la privación de nutrientes, la restricción de alimentos y la reducción drástica de calorías. Todo ello hace que sean poco efectivas», añade. «Todas las dietas que no sean equilibradas a nivel nutricional y que no estén supervisadas para cada persona pueden resultar perjudiciales a lo largo del tiempo«, resume la nutricionista.

Entre las más peligrosas, está la dieta cetogénica -o excluyente- que se basa en consumir fundamentalmente grasa

Natalia Galán especifica que, entre las más peligrosas, está la dieta cetogénica -también llamada excluyente- que se basa en consumir fundamentalmente grasa, alcanzando un 75 % de nuestra ingesta total, un 25 % de proteínas y un 5% de hidratos (ya que sin este mínimo aporte nuestro cerebro podría fallar, remarca). Agrega que se puede considerar dieta excluyente cualquiera en la que se eliminen grupos de alimentos básicos: hidratos de carbono, frutas y verduras, proteínas…Dependiendo del grupo de alimentos que eliminemos, específica, los problemas que se pueden desarrollar van desde la anemia hasta la pérdida de masa muscular.

«La idea es que el organismo se vea obligado a utilizar, como fuente principal de energía, la grasa porque no recibe hidratos de carbono y, por tanto, irá eliminando las reservas que tiene. Nuestro organismo no está preparado para este mecanismo y tiene que sufrir una readaptación. Por eso, en los primeros días, hay cansancio, debilidad, dolor de cabeza…», añade. Un aporte excesivo a lo largo del tiempo, además de déficit a nivel nutricional, puede desencadenar en problemas de aumento de grasa a nivel interno (colesterol, triglicéridos…), detalla la especialista.

El «hambre emocional»

Pero, además, su compañera, la psicóloga Margarita Carrasco, alerta sobre cómo este tipo de dietas «ponen en riesgo la salud mental, porque se basan en la falsa promesa de conseguir resultados inmediatos y con poco esfuerzo, lo que hace aumentar el malestar emocional y la frustración al no obtener la ‘milagrosa’ pérdida de peso esperada». A nivel de autoestima, también son perjudiciales «ya que, lejos de trabajar en la aceptación de su imagen corporal, la persona se encuentra en una constante lucha, saltando de dieta en dieta».

Ser mujer, adolescente y haber tenido obesidad en la infancia son factores de riesgo para caer en la trampa de las dietas milagro

Además, el uso de hábitos poco saludables en la alimentación aumenta el riesgo del denominado «hambre emocional», explica la psicóloga porque «la comida termina siendo utilizada como una herramienta de manejo y regulación de nuestras emociones en el día a día». Agrega que, aunque no son la causa directa de un trastorno de la conducta alimentaria, sí pueden actuar como detonante especialmente en el trastorno por atracón, la bulimia nerviosa o la anorexia.

¿Y qué ve la psicóloga en consulta?. «No existe un patrón diferenciado en las personas que vienen tras someterse a este tipo de dietas, pero sí hay una serie de factores de vulnerabilidad, que se observan con frecuencia en el paciente», responde Margarita Carrasco. Ser mujer, adolescente y haber tenido obesidad en la infancia son factores de riesgo pero, además, se trata de personas «con baja autoestima y fuertes valores estéticos, con personalidad perfeccionista y autoexigente» y con antecedentes «de otro trastorno mental individual o familiar».



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