Radar de ruido. / e. c.

Más de la mitad de los vecinos de las urbes hispanas soportan a diario un estruendo constante de coches, atascos y claxon, en unos niveles lesivos para la salud

Alfonso Torices

El estruendo que causa el tráfico en muchas ciudades es ya la segunda causa de muerte de origen ambiental entre los europeos, solo por detrás de las partículas en suspensión de la contaminación atmosférica.

Unas 500 personas fallecen cada año en urbes españolas solo por infartos de miocardio derivados del estrés causado por la exposición permanente y excesiva al ruido de vehículos, atascos y bocinas, según los cálculos del Instituto de Salud Global de Barcelona (ISGlobal).

Este efecto letal originado por el estrépito del tráfico es especialmente alto en determinadas áreas urbanas españolas, según el artículo publicado en ‘Environment International’ por estos expertos médicos y universitarios respaldados por la Fundación La Caixa. Así ocurre, por ejemplo, en Barcelona, Valencia y Sevilla, entre las grandes capitales, donde se calcula que el ruido de los vehículos lleva a la muerte a 47, 28 y 25 vecinos, respectivamente, cada año; o en otras ciudades menos pobladas, pero con más alta contaminación sonora en sus calles y barrios, como Gijón o Bilbao, donde se estiman en 12 y 11 los fallecidos por esta causa en cada ejercicio.

La exposición regular a un ruido ambiental superior a los 53 decibelios está considerada por la Organización Mundial de la Salud (OMS) como un riesgo sanitario. Entre sus perjuicios más habituales están las alteraciones del sueño, las enfermedades cardiovasculares y metabólicas, el deterioro cognitivo y mental o las anomalías en recién nacidos.

Todas las ciudades españolas, salvo Madrid, Cartagena y Elche, tienen un nivel de ruidos insanos superior a la media de la UE

No obstante, si la convivencia con la barahúnda de coches y motos se convierte en algo diario aparece en escena el estrés sostenido, que acelera los latidos, aumenta la presión arterial y facilita el estrechamiento de los canales sanguíneos, lo que puede derivar en una patología crónica y letal como el infarto o en cuadros de ansiedad y depresión.

Europa tiene bien identificado el ruido de vehículos como un claro factor de riesgo sanitario entre su población, pero prácticamente todos los núcleos urbanos españoles superan los ya altos niveles medios de estrépito circulatorio de nuestros vecinos comunitarios. Así lo indican las conclusiones del estudio de ISGlobal, que analiza los riesgos del ruido ambiental en 132 urbes españolas y los compara con los resultados obtenidos en otras 617 capitales y ciudades de los principales países de la Unión Europea. En total, contrasta datos de 749 poblaciones del continente.

El estrépito de los coches provoca alteraciones del sueño, enfermedades cardiovasculares y metabólicas, deterioro cognitivo y mental o anomalías en recién nacidos

El informe de los expertos desvela que el 48% de los residentes en ciudades europeas soporta de forma regular ruidos del tráfico en niveles perjudiciales para la salud. Esto supone unos 60 millones de europeos que conviven de forma asidua con una agresión sonora superior a 53 decibelios. De ellos al menos la quinta parte, unos 11 millones de urbanitas, sufren niveles severos de ruido y un alto riesgo para su salud. El tope en las capitales de la UE se registra en Viena, con el 86,5% de los vecinos en riesgo, frente a Berlín, con solo el 29,8%. Madrid, con una de las tasas más bajas de España, está algo mejor que la media, con un 43,8%.

Los investigadores calculan que estas cifras suponen que, en las metrópolis continentales, solo por incumplir los límites de ruido, fallecen cada año unos 3.600 adultos por cardiopatías isquémicas (infartos).

Datos conservadores

En España, los datos son peores. La absoluta mayoría de las ciudades, todas menos tres, superan con creces la media del 48% de vecinos afectados por esta perturbación. Solo escapan a este mal Madrid; Cartagena, con un 37,5% de residentes que sufre más ruido del recomendado por la OMS; y Elche, con un 29%.

Las aglomeraciones españolas no solo superan con claridad la media continental de escándalo sonoro. La mitad de las 132 analizadas tiene expuestos a este riesgo sanitario a más del 80% de sus residentes. Ocho de las diez urbes más pobladas superan este porcentaje. Todas salvo Madrid y Murcia (54%). Los topes se dan en Algeciras, Santa Cruz de Tenerife y Pamplona, con prácticamente la totalidad de los vecinos afectados, el 97%, el 96,4% y el 96,3%, respectivamente.

Pese a las cifras tan altas, Sasha Khomenko, la firmante principal del estudio, asegura que tienen «el convencimiento» de que «el verdadero impacto del ruido del tráfico sobre la salud es todavía mucho mayor», pero la escasez de datos fiables les hace ser prudentes.



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