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La hiperactividad o el estrés en algunos casos, también puede generar una crisis infantil, mejor conocida para los papás como: berrinche. Los niños «berrinchudos» suelen tener actitudes desorganizadas y suelen tener poco control sobre sus impulsos ya que son regañados y castigados por sus padres ocasionando un ambiente tenso, ya que la irritabilidd y la baja tolerancia a la frustración es otro de los factores que intervienen.
Un factor extra podría ser el hijo único, ya que suelen ser más consentidos y todo la atención recae en él.
Para evitar que esto, a la larga, se salga de control, primero debe tener y poner normas claras y que sean congruentes, muchos papás acomodan su patrón diciplinario, dependiendo del humor en el que se encuentren, si está cansado, frustrado o estresado, lo regaña, mientras que si llega alegre y relajado del trabajo le celebra y no trata de solucionar esa crisis.
Un padre de familia consistente en su cáracter, actuar y que cumple lo que promete ya sea castigo, privilegios o premios se convierte en una figura confiable para el menor. El menor sabe qué le espera.
Muchos optan por dejarlo solo mientras le pasa el berrinchito, mejor espere que se calme ya que agitado difícilmente lo escuchará y provocará que se exalte más. Su mensaje a su hijo en todo momento debe ser: «Te quiero mucho y no te voy a abandonar en este momento difícil – pero no voy a permitir ese mal comportamiento.»
Dale responsabilidades
Enseñarles desde pequeños -acorde a su edad- cuáles son sus responsabilidades y como deben encargarse de ellas, fomenta la autonomía e independencia así como el desarrollo de habilidades de implicación, interacción y participación, y todo ello contribuirá al desarrollo de una buena autoestima. Los niños que han sido hiperprotegidos tienen poca iniciativa, son dubitativos, con miedos y con poca capacidad para tomar sus propias decisiones. Además, pueden generar relaciones dependientes pues no se sienten capaces de enfrentarse al mundo por sí solos.
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