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Como un regalo anticipado de Navidad, las Abuelas de Plaza de Mayo anunciaron este jueves la restitución de un nuevo nieto, el 131 que recupera su verdadera identidad después de haber sido apropiado durante la dictadura que gobernó Argentina entre 1976 y 1983. “Como si el fin de año se hubiera empeñado en cumplir deseos, luego de casi tres años, volvemos a celebrar el hallazgo de un nuevo nieto”, afirmó el organismo de derechos humanos en un comunicado en el que incluyó un guiño final a la selección de fútbol, ganadora de la Copa del Mundo el pasado domingo: “Ahora nos volvimos a ilusionar”.

“Esto para nosotras es aún más que el premio que tuvimos con el fútbol”, dijo la presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo, Estela de Carlotto, en rueda de prensa. “Hace que despidamos el año dándonos esperanza para encontrar a los nietos que faltan”, afirmó, mientras el auditorio estallaba en aplausos y coreaba el cántico que se ha popularizado durante el Mundial para homenajear a las personas mayores: “Abuelas, la la la la la”.

La historia del nuevo nieto recuperado tiene aún muchos claroscuros porque el caso está judicializado. Tiene 45 años y reside en la provincia de Buenos Aires. No se presentó de forma espontánea ante el Banco Nacional de Datos Genéticos por tener alguna duda sobre su identidad sino que se sometió al análisis de ADN por orden judicial después de ser localizado gracias a una larga investigación.

Sus padres, Lucía Nadín y Aldo Quevedo, eran oriundos de la provincia de Mendoza, en el oeste del país. Se conocieron en la facultad de Filosofía y Letras y a los seis meses se casaron. Ambos militaban en el Ejército Republicano del Pueblo (ERP) y después de la detención de un compañero, se trasladaron a Buenos Aires, pero corrieron la misma suerte: entre septiembre y octubre de 1977 fueron secuestrados. Primero estuvieron en el centro clandestino de detención Club Atlético y después en El Banco.

Por testimonios de supervivientes, se sabe que Lucía no dio a luz en El Banco sino que fue trasladada para el parto a algún lugar fuera de allí entre marzo y abril de 1978. La fiscalía sospecha que el nieto 131 nació en cautiverio en la Escuela Superior de Mecánica de la Armada (ESMA), el mayor centro clandestino de la dictadura debido a las similitudes que presenta este caso con el de otro nieto recuperado, Juan Cabandié, hoy ministro de Medio Ambiente. Las madres de ambos estuvieron secuestradas en el Banco y en las dos partidas de nacimiento falsificadas figuraba que habían nacido en el hospital público Penna, pero sus nombres no constaban en el registro de partos del centro médico.

La búsqueda

La familia Nadín no sabía que Lucía estaba embarazada. Se enteraron en 2004, a raíz de una investigación documental de la Comisión Nacional por el Derecho a la identidad, y dejaron su muestra de ADN en el Banco Nacional de Datos Genéticos. En 2010 lograron encontrar al hermano de Aldo, que también facilitó una muestra de ADN.

La primera pista del nieto 131 llegó en 2015, cuando se identificó a un hombre que se sospechaba que podía ser hijo de personas desaparecidas. Al no poder contactarlo, se llevó el caso a la fiscalía especializada en apropiación de niños durante el terrorismo de Estado y se interpuso una denuncia. La justicia finalmente lo localizó el pasado septiembre y este mes fue invitado a someterse a un estudio genético. El resultado dio positivo: es el hijo de Lucía Nadín y Aldo Quevedo.

“Estos militantes políticos que fueron secuestrados, torturados y asesinados de la peor manera vuelven a aparecer porque su hijo hoy sabe quiénes son, los miró por primera vez en una foto y creo que eso es traerlos de nuevo a la vida”, dijo el secretario de Derechos Humanos de Argentina, Horacio Pietragalla, también nieto recuperado.

La titular de la Conadi, Claudia Carlotto, aseguró que tras recibir la noticia de su verdadera identidad en el juzgado, vieron “muy bien dispuesto” al nieto 131. “Estaba muy emocionado cuando le mostramos la fotografía de su padre, porque además es igual que él”, agregó. Aún así, contó que está “shockeado” y que pidió tiempo antes de conocer a su familia biológica.

La titular de Abuelas de Plaza de Mayo recordó que realizan un “trabajo constante, silencioso y amoroso, pero “todavía faltan muchos [nietos por encontrar] y el tiempo no se detiene”. Por ese motivo, solicitó a todos aquellos que tengan dudas sobre su identidad que se presenten ante el Banco Nacional de Datos Genéticos. En los últimos cuatro años, se han presentado más de 2.000 personas de forma espontánea y otras 400 se han realizado tests por orden de la justicia, como en el caso del nieto 131.

“En estos días de alegría y celebración en los que sentimos la fuerza de la colectividad, terminamos el 2022 con la esperanza renovada. Levantaremos la copa para brindar por un 2023 lleno de reencuentros porque sabemos que la única lucha que se pierde es la que se abandona”, concluyó entre aplausos y cánticos de “Abuelas la la la”.

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