Baraye, el título de una canción de Shervin Hajipour, quiere decir “por” o “porque” en farsi. La letra que este músico de 25 años, uno de los más populares de Irán, escribió inspirándose en 31 mensajes que otros iraníes habían publicado en redes sociales, dice: “Por bailar en las calles”, “por cada vez que tuvimos miedo de besar a nuestros amantes”, “por nuestras hermanas” y “por las mujeres, la vida y la libertad”. Esa letra se ha convertido en el himno de las protestas que desde mediados de septiembre recorren Irán, pero a su autor le valió ser arrestado a principios de octubre. Las autoridades iraníes le obligaron luego a borrar la canción de sus redes sociales antes de liberarlo bajo fianza y reducirlo al silencio. Como hizo con este músico, el régimen iraní está tratando de silenciar el altavoz que supone para los manifestantes el apoyo de actores y deportistas. No lo han logrado del todo: este viernes, las redes sociales divulgaron un vídeo que muestra a Parmida Ghasemi, del equipo nacional iraní de tiro con arco, quitándose el velo durante una entrega de premios en Teherán.

Dos días antes, la actriz Taraneh Alidoosti había publicado una foto en Instagram sin velo y sosteniendo un cartel con el lema “mujer, vida y libertad” escrito en kurdo. La publicación de la famosa protagonista de El Viajante, Oscar a mejor película de habla no inglesa en 2016, se divulgó el mismo día que un vídeo que muestra a los miembros del equipo nacional masculino de waterpolo en silencio mientras se interpretaba el himno oficial iraní, antes de un partido frente a Corea del Sur, en un torneo en Bangkok (Tailandia). El gesto de estos atletas de no cantar el himno se interpretó como otra muestra de apoyo a los manifestantes. Para los iraníes críticos con el régimen, ese himno, adoptado en 1990, no es el suyo, sino “el de la República Islámica”, explica Sara Sangsefidi, una exiliada iraní en España, que considera que el “himno auténtico” de los iraníes es el que estuvo en vigor hasta 1979, cuando se instauró el actual régimen islámico.

El lunes, el equipo nacional iraní de fútbol playa permaneció también en silencio mientras se interpretaba el himno antes de la semifinal de la copa intercontinental de ese deporte, que se celebraba en Dubái. Según algunos usuarios de redes sociales, la televisión estatal interrumpió entonces la retransmisión en directo del partido. Los iraníes se impusieron más tarde en la final contra Brasil, pero no festejaron la victoria. Uno de sus jugadores, Saeed Piramoon, sí celebró uno de sus goles. Lo hizo fingiendo agarrar por encima de su cabeza una coleta y cortarla con unas tijeras, como han hecho muchas iraníes en las manifestaciones que desencadenó la muerte bajo custodia policial de Mahsa Amini el 16 de septiembre. La joven de 22 años había sido detenida tres días antes por dejar ver parte de su cabello bajo el velo, obligatorio en Irán. Desde ese día, al menos 304 iraníes han muerto por la represión, según la organización de derechos humanos Iran Human Rights.

En los casi dos meses que duran ya las manifestaciones, quizá la deportista cuyo caso ha atraído más atención internacional ha sido Elnaz Rekabi, la escaladora que compitió sin velo en Seúl el 16 de octubre y cuyo destino tras volver a Teherán se desconoce. Después de permanecer ilocalizable 48 horas, Rekabi pidió perdón y atribuyó su gesto a un error, mientras medios iraníes en el exilio informaban de que su hermano había desaparecido en Irán.

Pena de muerte

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Otros deportistas y artistas iraníes que han apoyado las protestas pero son menos conocidos fuera del país afrontan consecuencias si cabe aún más graves que la amenaza de la cárcel. Es el caso del rapero Toomaj Salehi, de 32 años, y dos de sus amigos: el campeón de boxeo Mohammad Reza Nikraftar y el kickboxer Najaf Abu Ali, detenidos junto a él el 29 de octubre. Salehi había rapeado sobre el “crimen de dejar flotar el pelo en el viento” y fue encarcelado con la acusación de haber desempeñado “un papel clave en la creación, la invitación y el fomento de los disturbios”, según la agencia oficial IRNA. Por esos cargos, podría ser condenado a muerte.

Otros dos raperos, Emad Ghavidel y Saman Yasin, también acabaron entre rejas por respaldar las protestas. Después de ser liberado bajo fianza, el primero denunció torturas en Instagram, entre ellas que le rompieron los dientes a golpes. Yasin sufrió también torturas físicas y mentales durante su detención, según la organización de derechos humanos kurda Hengaw. Como algunas de las entre 14.000 y 18.000 personas que han sido detenidas desde el 16 de septiembre, según organizaciones de derechos humanos, estos músicos podrían acabar ahorcados.

Ante estas manifestaciones públicas de apoyo a las protestas por parte de famosos, las autoridades iraníes oscilan entre la imposición de graves cargos penales o la negación. Este miércoles, la viceministra de Deportes de Irán, Maryam Kazemipour, reconoció a medios oficiales del país que algunas atletas “habían actuado en contra de las normas islámicas”, pero luego restó importancia a este hecho al afirmar que las deportistas “se habían disculpado por ello”. En el extremo opuesto, el gobernador provincial de Teherán, Mohsen Mansouri, amenazó con que el régimen “tomaría medidas contra los famosos que han avivado las llamas de los disturbios”, en unas declaraciones a la agencia semioficial ISNA. El jefe de la judicatura iraní, Gholamhossein Mohseni Ejei, reprochó a esas celebridades que “después de hacerse famosos gracias al apoyo del sistema”, se hubieran “unido al enemigo”.

“Estos famosos son un ejemplo para muchas personas. Cuando actrices y deportistas se quitan el velo, lanzan un mensaje político. No se trata de religión, sino de un no que se dice a las políticas oficiales”, subraya Kayvar, otro iraní residente en España que se identifica solo con su nombre. Su compatriota Sangsefidi asegura que las muestras de apoyo de famosos a las protestas la hacen “muy feliz”.

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