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La artrosis es la patología musculoesquelética más frecuente en el mundo. En España, afecta a más de 7 millones de personas. Y es la artrosis de rodilla o gonartrosis una de las localizaciones más frecuentes. 

«La prevalencia en nuestro país es de un 10,2% (14% mujeres y 5,7% hombres), y hay que tener en cuenta que la rodilla es una articulación de carga que soporta peso al hacer actividades básicas como caminar, subir y bajar escaleras o sentarse», explica la doctora Raquel Almodóvar, reumatóloga del Hospital Universitario Fundación Alcorcón

No hay evidencias científicas claras de que el deporte en sí mismo condicionen la aparición de artrosis.


El deporte no causa la artrosis

Una idea bastante generalizada es que practicar deporte de forma habitual puede provocar artrosis.

Pues bien, los expertos en reumatología explican que no hay evidencias científicas claras de que la actividad física o el deporte en sí mismo condicionen la aparición de artrosis. 

Otra cosa es si hablamos de la ‘sobreutilización’ que hacen los deportistas de élite de las articulaciones, en algunos casos debido a alteraciones de la alineación, lesiones previas u otro tipo de trastornos. En ellos sí puede conducir a un deterioro de la articulación y aparecer artrosis en edades tempranas. 

En este sentido, la doctora Almodóvar insiste en que:

«La ciencia no ha demostrado que el deporte sea un desencadenante para la aparición de artrosis. Al contrario, la evidencia científica de alta calidad ha demostrado que el ejercicio físico está universalmente recomendado como tratamiento de primera línea en pacientes con artrosis de rodilla, ya que este no deteriora el cartílago ni aumenta la inflamación, sino que tiene un efecto protector». 

Entonces… ¿Si tengo artrosis de rodilla puedo hacer ejercicio?

El ejercicio correctamente aplicado es uno de los tratamientos más seguros, y apenas tiene efectos adversos para las personas con artrosis de rodilla. 

La actividad física y el ejercicio terapéutico realizados correctamente, además de los efectos beneficiosos ya mencionados, mejoran el dolor y disminuyen la limitación en las actividades cotidianas. Y apenas producen efectos adversos. 

Se podría pensar que al hacer ejercicio podría aumentar el dolor o incluso dañar el cartílago, ya deteriorado por la artrosis.

Pues bien, los especialistas de la Sociedad Española de Reumatología (SER) aclaran que, aunque es cierto que inicialmente puede aumentar un poco el dolor mientras se realiza, este es leve y desaparece en unas semanas. 

Además, señalan que hay estudios que demuestran que el efecto del ejercicio sobre el dolor es similar al que se produce si el paciente toma un antiinflamatorio.

Y a eso hay que añadir el efecto sobre la función física, que es superior con el ejercicio físico. 

Lo que sí se sabe es que con la realización de los ejercicios, adaptados a la condición de cada paciente, la gran mayoría de los afectados por la artrosis observan una mejoría del dolor en una semana o dos. 

Por último, es importante señalar que el ejercicio físico evita el aumento de peso que provoca la inmovilidad por el dolor que causa la artrosis de rodilla.  Y como advierte la doctora Almodóvar:

«La obesidad y otros componentes del síndrome metabólico, como la hipertensión arterial y la diabetes, son factores de riesgo o comorbilidades asociadas a la artrosis. Asimismo, se ha visto un aumento de la mortalidad -principalmente de causas cardiovasculares- en las personas con artrosis. Por lo que la práctica de ejercicio físico es un gran aliado para estos pacientes». 

Los dos tipos de ejercicio que más eficacia han demostrado son el ejercicio aeróbico y los ejercicios de fortalecimiento.


¿Qué tipo de ejercicios deben realizar los pacientes con artrosis de rodilla? 

Tanto la actividad física (desplazamientos a pie, subir escaleras, caminar, hacer deporte) como el ejercicio terapéutico son muy importantes en la artrosis de rodilla.

Eso sí, siempre adaptados a la situación clínica y al nivel de forma física previo.

Los dos tipos de ejercicio que más eficacia han demostrado en estudios científicos son el ejercicio aeróbico o cardiovascular y los ejercicios de fortalecimiento, según señalan los expertos de la SER. 

En cuanto a los ejercicios aeróbicos o cardiovasculares, los reumatólogos consideran que se deben realizar al menos 30 minutos cada día

Si los síntomas son leves, caminar es una actividad muy recomendable. Pero si son más acusados, al principio no se deben realizar ejercicios que carguen o supongan un impacto sobre la rodilla. En este caso lo mejor sería la bicicleta estática o la natación.

Los ejercicios de fortalecimiento, en cambio, están indicados tanto en las artrosis leves como en las más avanzadas.

Y es bueno saber que el músculo de referencia en la artrosis de rodilla es el cuádriceps. Así que cualquier ejercicio destinado a reforzarlo es esencial. 

Otros músculos a los que hay que dedicar atención en estos casos son los isquiotibiales (situados en la parte posterior del muslo), encargados de doblar o flexionar la pierna. Reforzarlo permiten dar una mayor estabilidad a la rodilla. 

Si a ello sumamos algunas prácticas que refuerzan los músculos de la cadera (abductores o extensores), los síntomas de la artrosis de rodilla irán mejorando poco a poco.

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