Son varias las generaciones que han crecido al calor de sus himnos, que oscilaban entre la versión canadiense de Bruce Springsteen y una propensión triunfal por la balada. A sus 62 años, Bryan Adams mantiene su voz prístina, con la que sostiene un repertorio repleto de picos de alta intensidad. Este domingo por la noche presentó en el Golf d’Andratx su nuevo álbum, So Happy It Hurts, publicado recientemente. El concierto, incluido en el cartel del ciclo Legends VIP, por el que ya han pasado los angloamericanos Foreigner, y en breve harán lo propio Tony Hadley -voz de Spandau Ballet- y el baladista Richard Marx; los próximos 19 y 25 de agosto., respectivamente.

Se dice que sus exitosos sencillos Everything I do, I do It For You y su colaboración con Rod Stewart y Sting en All for Love lo llevaron a la popularidad. No es cierto. Adams ya llevaba años encumbrado al púlpito del rock, vendiendo discos como rosquillas, gracias a himnos como Somebody, Heaven, Run to You y, muy especialmente, Summer of ‘69, una embriagadora oda a los sueños de juventud, esos que aún hoy nos reconfortan cuando vienen mal dadas. Este acérrimo seguidor del Chelsea, hijo de diplomático y rockero con pedigrí, encontró en sus vivencias el contrapunto ideal para crear espídicos vehículos, con los que ha conformado un repertorio imborrable, de leyenda.

Expresiva

Dotado de una magnífica voz, expresiva y con capacidad interpretativa, nuestro protagonista puede sostener dos horas de concierto sin disminuir su entrega. Esta generosidad, este vaciarse con su música, es lo que motiva la conexión con el público. Por eso en su repertorio brillan especialmente las canciones más movidas, mientras que los medios tiempos, más blandos y comerciales, lucen en un segundo plano.



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