[ad_1]
Comisión ecosocialista de la Gauche Antiapitaliste y de Jeunes Anticapitalistes (JAC)
¿Quién es el responsable de la explosión de los precios y de la destrucción de los ecosistemas? El capital fósil.
¿Quién protege el capital fósil? La policía.
¿Qué puede abrumar a la policía? Números.
El fin de semana del 7, 8 y 9 de octubre, un trueno resonó en el movimiento climático belga: la coalición Code Rouge/Code Rood, de la que forman parte Gauche anticapitaliste y los Jeunes Anticapitalistes, llevó a cabo su primera acción con éxito. El sábado por la mañana, al amanecer, 1.200 personas bloquearon los centros de TotalEnergies en Feluy y Wandre, lo que provocó el cierre de todos los depósitos de la empresa en territorio belga, gracias al refuerzo de los Chalecos Amarillos que también bloquearon el centro de Namur. Encadenándose a las puertas por aquí, a las vías por allá, los activistas mantuvieron el sitio hasta el mediodía del domingo, a pesar del frío y la humedad de la noche.
Un salto adelante para tomar conciencia de nuestra fuerza
Nunca antes se había organizado una acción de desobediencia civil de esta magnitud en Bélgica. Si hay una lección que aprender, es el poder de los números: la policía puede hacer muchas cosas, pero no detener a 1.200 personas que han anunciado públicamente su intención de atravesar cualquier obstáculo que se les ponga en el camino. Así que se conformaron con intentos infantiles de intimidación, tratando de mostrar las grandes armas: cañones de agua, policía montada, el barco de la brigada fluvial, drones, e incluso un helicóptero que zumbaba constantemente sobre sus cabezas. Pero estaba claro que nos tenían más miedo a nosotros que nosotros a ellos.
Llegar a este punto no fue fácil: tuvimos que conseguir que organizaciones tan diversas como Greenpeace, Extinction Rebellion, Youth for Climate, Grandparents for Climate, Dégaze[1], Stop Alibaba[2], la red Ades[3] y nosotros trabajáramos juntos… No hace falta ocultarlo: algunas de las discusiones fueron largas. Pero el resultado valió la pena. Los participantes en la acción eran como la coalición: profundamente diferentes, con una buena mitad de neomilitantes, pero también activistas experimentados; bruselenses, valones, flamencos o internacionales (¡gracias a los compañeros de las secciones española y francesa de la Cuarta Internacional!); y coreando eslóganes que van desde «Tenemos más calor que el clima» hasta «Abajo Total, el Estado y el capital», pasando por «Fin de mundo, fin de mes: mismo sistema, misma lucha», «Quemar el patriarcado, no los combustibles fósiles» y «Una solución: ¡revolución!
Dentro de la acción, esta diversidad se gestionó de forma especialmente inteligente, dividiendo a los activistas en fingers (grupos de varias decenas o centenares de personas, enviados a diferentes lugares) en función de la atmósfera deseada, que también se correspondía con matices políticos; los mensajes más radicales los llevaba el finger verde, donde se anunciaba una atmósfera «queer-feminista». Una idea que puede inspirarnos para el futuro.
Esta convergencia es una excelente noticia, sobre todo porque no se limita al movimiento climático: el colectivo belga de los Chalecos Amarillos realizó su propia acción en solidaridad con la nuestra, y varios de sus miembros vinieron a visitarnos a Feluy, lo que dio lugar a debates que deberíamos haber tenido mucho antes. Por una feliz coincidencia, la acción tuvo lugar al mismo tiempo que la huelga de los trabajadores de Total en Francia; tras un largo debate, los participantes en uno de los fingers decidieron escribir un texto en apoyo de los huelguistas [que reproducimos al final de este artículo], llamando a la solidaridad entre todos los explotados y oprimidos por la justicia social y climática. En cuanto a la manifestación de apoyo que tuvo lugar el domingo, fue la ocasión de numerosos discursos que denunciaban la responsabilidad de Total en la crisis social provocada por el aumento de los precios de la energía y, por supuesto, su criminal proyecto de oleoducto en Uganda y Tanzania, que está a punto de provocar el desplazamiento forzoso de varias decenas de miles de personas. El discurso de la CNE[4] fue especialmente combativo, reclamando un frente común ecológico y social. Podemos dar las gracias a Total: al proporcionar un enemigo común tan evidente y caricaturesco a las luchas contra el cambio climático, la pobreza y el neocolonialismo, la multinacional ha permitido una convergencia real, de palabra y de obra. Depende de nosotros reforzarla aún más.
¿Qué es lo siguiente?
Esta acción ha llevado al movimiento climático a una nueva fase: las posibilidades son ahora inmensas. El equilibrio de poder ha cambiado, y la propia noción de equilibrio de poder ha demostrado su pertinencia. Se han creado vínculos que tendremos que aprovechar. Muchas personas han probado la acción directa y querrán volver a hacerlo. Y, por supuesto, la coalición Code Rouge continuará con el tiempo: ha adquirido una estructura y una experiencia que no hay que dejar que se marchite. Con la Gauche anticapitaliste y los Jeunes anticapitalistes, defenderemos pues su perpetuación.
Tendremos que reflexionar sobre el alcance de nuestras próximas acciones y su articulación: el reto es no caer en la acción por la acción, pasando de un tema a otro sin verdadera coherencia. En este periodo, reforzar el equilibrio de poder que se ha establecido con el capital de los combustibles fósiles en general, y con Total en particular, es ya un objetivo sensato. Pero la coalición también puede convertirse en una herramienta al servicio de las ideas de acción procedentes de su base militante, poniendo a su disposición medios logísticos, jurídicos y de comunicación que ninguna de las organizaciones miembros puede aportar por sí sola. Desde este punto de vista, es fundamental que su modo de funcionamiento deje un amplio espacio a la diversidad de ideas y modos de acción, sin encerrarse en la idea de que la desobediencia civil no violenta es la única forma de dirigir las luchas. El consenso de la acción[5], por ejemplo, debe, en nuestra opinión, redefinirse para cada acción, sin convertirse en un texto permanente.
Pero sobre todo, apoyaremos con uñas y dientes la búsqueda de convergencias iniciadas con las luchas sociales y sindicales, así como con las luchas antirracistas, antiimperialistas, feministas, queer o antifascistas. La solidaridad que se ha construido en la acción con los Chalecos Amarillos y los huelguistas franceses es una enorme oportunidad para la lucha ecológica: la de hacer clase, es decir, la de anclarse en la relación de fuerzas entre la clase social que vive con las consecuencias desastrosas, tanto económicas como ecológicas, del extractivismo fósil, y la clase que se beneficia de él y lo sigue imponiendo a escala mundial. Se trata también de tomar conciencia de nuestra fuerza, no sólo como activistas y colectivos, sino precisamente como clase: trabajamos, producimos. Somos mayoría. Podemos hacer cualquier cosa. Y lo queremos todo, porque nos va la vida en ello.Declaración de los activistas del Golden en solidaridad con los trabajadores en huelga de Nantes
Hoy hemos bloqueado Total, y no fuimos solos.
En Nantes, los trabajadores llevan ya 11 días de huelga. Su demanda es clara: «queremos justicia social» — concretamente, un aumento salarial. Pero en lugar de respetar sus exigencias, Total prevé distribuir 15.000 millones de euros entre los accionistas. Esto es un insulto a todos los trabajadores del mundo.
Por esta razón, y en respuesta a nuestro bloqueo de TotalEnergies aquí en Feluy, la gente ha bloqueado los sitios de Total en Lieja, Namur y Bruselas. Además de nuestras acciones, queremos expresar nuestra solidaridad con los trabajadores.
La CGT, el sindicato que respalda la huelga, declaró: «¡No hay justicia social sin justicia climática!” Estamos aquí para decir que lo contrario también es cierto. Las competencias y los conocimientos del sector energético serán necesarios para una transición justa hacia una economía sin carbono.
Reclamamos el derecho a una vida digna, no a una vida de pobreza forzada. Reclamamos el derecho a vivir en un planeta habitable. Esta transición requiere los esfuerzos combinados de todos los explotados y oprimidos para destruir a su enemigo común, el capital fósil. Nuestras acciones forman parte de la continuidad histórica de la lucha por la justicia social y climática.
Expresamos una vez más nuestra solidaridad con los huelguistas de Nantes, con todos los trabajadores oprimidos del mundo. Y a aquellos para los que la crisis climática es ya una realidad.
Y repetimos: «no hay justicia climática sin justicia social».
[1]Colectivo contra los proyectos de nuevas centrales de gas en Bélgica [nota del traductor]
[2]Colectivo contra el proyecto de extensión del aeropuerto de Lieja, pensado para acoger la multinacional Alibaba [NdT]
[3]Colectivo de acción directa, con tendencias libertarias [NdT]
[4]Central nacional de los empleados, parte de la CSC, el sindicato cristiano [NdT]
[5]En una acción directa, el consenso de acción es el texto que define lo que los activistas pueden y no pueden hacer (especialmente en términos de daños materiales, actitud hacia la policía…). No son reglas impuestas, sino un conjunto de criterios para decir que un acto está dentro o fuera de la acción. El consenso de acción para el fin de semana del 8 y 9 de octubre se puede encontrar aquí (en francés, neerlandés o inglés): https://code-rouge.be/consensus-d-action/
[ad_2]
Source link