Colombia ha dado en los últimos días un paso fundamental en su camino hacia la paz. Durante seis décadas, los colombianos fueron testigos y protagonistas del conflicto armado más largo del hemisferio occidental. La paz entre el Gobierno de Juan Manuel Santos y las FARC que se firmó en 2016 en La Habana desmovilizó a unos 13.000 combatientes, pero la violencia continuó en gran parte del país. Grupos ligados al narcotráfico, disidencias de las FARC y la guerrilla aún activa del ELN mantienen viva una guerra que cada semana, cada día, sigue cobrándose vidas. Fruto de aquel acuerdo en Cuba se creó la Comisión de la Verdad, presidida por el jesuita Francisco de Roux. El pasado martes, la Comisión presentó al país su informe final. Un documento, titulado Hay futuro si hay verdad, que trata de desgranar las causas de la violencia que desangró Colombia durante tanto tiempo y que propone recomendaciones para alcanzar una paz que aún no llega.

El informe funciona como una hoja de ruta que debería abrazar el próximo Gobierno, tal y como prometió el presidente electo, Gustavo Petro, presente en el acto. Sellar la paz con el ELN, encarar otra estrategia frente al narcotráfico más allá de la fracasada guerra contra las drogas, llevar a cabo una profunda reforma agraria, cambiar la doctrina del ejército o separar a la policía del Ministerio de Defensa son algunas de las recetas que el grupo liderado por De Roux propone para un país que aún vive en “modo guerra”.

De Roux protagonizó el acto con un discurso profundo y sentido. Buscaba despertar las conciencias de un país al que considera “insensibilizado frente al horror” tras casi medio millón de muertos, siete millones de desplazados y decenas de miles de desaparecidos, la mayoría entre la población civil. El objetivo de la Comisión de la Verdad es que el documento abra un debate nacional y avance hacia una reconciliación que aún no se ha logrado. En eso tendrá mucho que ver lo que haga el próximo Gobierno. De entrada, Petro aprovechó el vacío que dejó el presidente Iván Duque con su lamentable ausencia en un acto histórico y clave para un país atravesado por profundas heridas.

La decisión del mandatario saliente de viajar a Portugal en este momento crucial cierra un mandato con más oscuros que claros y confirma el escaso interés de Duque por avanzar en el desarrollo de los acuerdos de paz firmados por su antecesor. Petro recoge ahora ese guante, que pide a gritos dar prioridad absoluta a la pacificación del país. Una Colombia en la que un líder social es asesinado cada dos días desde 2016 y en la que los grupos criminales controlan enormes territorios ante la ausencia del Estado. Los comisionados tienen por delante dos meses para dar a conocer el informe por el país y en el extranjero, en una gira que incluye Bruselas, Madrid, Barcelona, Ginebra, Washington y Nueva York, entre otras ciudades. Con la intención de abrir un debate impostergable que avance hacia la tan necesaria paz de Colombia.



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