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QUITO (AP) — Los presos de la Penitenciaría del Litoral, la más violenta de Ecuador, recibieron el jueves con disparos y granadas a cientos de policías y militares que ingresaron al recinto para retomar el control de las instalaciones, desde donde han sido trasladados más de 1.000 reclusos a otras prisiones.

El Servicio Nacional de Atención a Personas Privadas de la Libertad publicó en su cuenta de Twitter que al menos seis policías y dos militares resultaron heridos durante el ingreso a esa cárcel de la ciudad de Guayaquil -270 kilómetros al suroeste de la capital- adonde se han desplegado 2.600 uniformados. Durante la tarde y noche del martes enfrentamientos entre presos dejaron dos internos muertos y seis heridos.

El Servicio agregó que ante los trabajos de reducción de hacinamiento, mejoras de infraestructura y seguridad “internos, integrantes de grupos de delincuencia organizada, actúan con violencia contra servidores públicos”.

El lunes comenzó el traslado de 1.002 internos de dos pabellones de esa cárcel, lo que durante la madrugada del martes desató cerca de 20 ataques a balazos y con explosivos contra policías e instalaciones de esa institución para presionar al gobierno para que no sean reubicados. Los enfrentamientos terminaron con cinco oficiales y un civil asesinados, todos producto de las balaceras.

Ante ello el presidente Guillermo Lasso decretó un nuevo estado de excepción, el sexto desde que comenzó su gobierno en mayo de 2021. La declaratoria incluye un toque de queda desde las 21 hasta el amanecer y la limitación de derechos fundamentales y rige en las provincias de Guayas y Esmeraldas, epicentro de las acciones perpetradas presuntamente por organizaciones criminales.

El traslado de presos es una respuesta del sistema penitenciario al hacinamiento en la prisión, de acuerdo con la explicación del Servicio, que indicó que las instalaciones de dos pabellones serán remodeladas y, de ser necesario, demolidas.

Este ente que gestiona las cárceles ecuatorianas precisó que en la Penitenciaría del Litoral, donde se han perpetrado las mayores masacres entre presos en los últimos dos años, había hasta el fin de semana 5.246 detenidos y que ahora, tras el traslado, quedaron 4.244 reclusos.

Los atentados explosivos provocaron el cierre anticipado de la actividad comercial y la suspensión de las clases presenciales en algunas ciudades, entre ellas Guayaquil y la vecina Durán.

Desde hace dos años las prisiones estatales de Ecuador se han convertido en escenario de sangrientos choques entre grupos rivales de presos, algunos relacionados con carteles colombianos y mexicanos que se disputan el control de rutas y territorios para la distribución de droga a nivel nacional e internacional.

De acuerdo con cifras del Servicio, el año pasado 316 internos murieron asesinados por sus compañeros. En lo que va de este año ha habido 106 víctimas mortales.

El sistema penitenciario de Ecuador está diseñado para cerca de 30.000 personas pero hasta fines de septiembre había unos 35.000 reclusos en las 53 cárceles estatales.



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