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Sean bienvenidos al universo del encaje de bolillos. El recinto ferial de Santullano acogió ayer un encuentro nacional de bordadoras, organizado por la asociación mierense del «Buemporqué». Acudieron cerca de un millar de toda España, que pusieron en valor las bondades de esta manualidad: «Es mejor que las pastillas para los nervios», afirmaron. El eslovaco Matej Pisca, del pequeño pueblo Sportová, triunfó con sus trajes tradicionales manuales.

Empezando por las de casa. Una de las «decanas» del encaje de bolillos en Mieres es Menchu Morán. Tiene ochenta y siete años y es usuaria del centro de personas mayores de Mieres. Empezó a hacer la labor hace relativamente poco, cuando cumplió los 63 años. «Trabajaba como cocinera y, cuando salía, me iba a aprender a hacer encaje de bolillos». Los primeros días, dice, le apetecía «tirarlos por la ventana». Y eso que vive en un séptimo. Pero fue mejorando poco a poco, y ahora no puede dejarlo. De hecho, «solo traigo una pulserina para hacer porque me van a operar del ojo y no puedo forzar la vista».

Más grande era la labor de Teresa López, que llegó ayer a Mieres desde León. Junto a Feli Centeno -que estaba bordando vainica-, estaba atareada con un nuevo chal. «Llevo veinte años haciéndolos», apuntó. Y no solo la relajan a ella, sino que su marido ya no sabe dormirse sin el sonido de los bolillos chocándose. Llegó a bordar una mantilla con más de cien bolillos.

Como la que tuvo que hacer, a marchas forzadas, Socorro Zapatero. Su hija avisó con poco tiempo de antelación de que se casaba: «Estuve haciéndole la mantilla cinco meses sin parar, unas siete horas diarias». La mujer fue preciosa al altar. Su compañera en la mesa, Paquita Gorgojo, tenía también prisa ayer: está elaborando una manta de bautizo para el bebé de una vecina, y tiene ya los días contados.

Desde Eslovaquia

Las prisas, solo para casos contados. «El trabajo de encaje de bolillos requiere de cuidado y de mucho amor», afirmó Matej Pisca. Con su puesto a la entrada del recinto ferial, fue el que más miradas se llevó. Cubrían la mesa vistosos trajes, con hijos brillantes de vivos colores. «Estos trajes tienen cientos de años de antigüedad, los traje de un museo», destacó. Llegó a España de la mano de Conchita Santana, una asidua al encuentro mierense. Las ropas que lucía Pisca sí eran hechas por él: «Durante el día trabajo y, por la noche, hago las labores. Es por eso que tardo una media de tres meses en terminar cada pieza», explicó.

Era uno de los pocos hombres que ayer se encontraron en Santullano. De hecho, Matej Pisca es una suerte de activista para popularizar las manualidades entre los jóvenes. Por eso, en su pueblo natal, ha puesto en marcha un nuevo encuentro bajo el epígrafe «Hombres por los bolillos». Se reúnen apasionados de las labores de Eslovaquia, República Checa y Sudáfrica. Por si a alguno le interesa, están preparando ya una nueva edición para el próximo mes de octubre.

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