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El cambio para crecer duele

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El cambio para crecer duele

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Estamos en momentos de prueba: incertidumbre por el futuro, guerras (dicen que son más de 50 alrededor del mundo); miedo ante contagios repetitivos por covid; muerte de seres queridos por enfermedades terminales; confusión de valores; crisis familiares; heridas y decepciones por desamores o traiciones… y un largo etcétera. Podría caerse fácilmente en la tentación del desánimo, o frustración o del miedo… Cabe entonces preguntarse: ¿Es sano querer controlar todo? ¿Cómo y de qué modo puedo afrontar estas situaciones para crecer a través de ellas?

Compartiré algunas ideas sobre resiliencia para crecer a través del dolor. No pretendo dar respuestas sino ayudar a tener serenidad y esperanza verdadera, que son sinónimo de felicidad.

Para empezar, creo que todos hemos experimentado que la vida tiene una parte de misterio y otra de claroscuro. Por lo tanto, la primera sugerencia de salud mental sería aceptar lo que nos pasa tal como es, sin querer controlar ni pretender comprender del todo… Lo segundo que sugiero frente al dolor y sufrimiento es preguntarse cuál es la manera justa de vivir las cosas que me pasan, buscando una manera diferente de verlas, de tal forma que sean percibidas como una oportunidad de crecer hacia una mejor versión de sí mismos, progresando en el amor a sí mismos y a los demás, contribuyendo también al bienestar de todos en lo que esté bajo mi responsabilidad.

Me anima mucho pensar que cuando he aceptado lo que me esté pasando (sea bueno o malo), como una prueba que me permitirá crecer, empiezo a dejar de lado las cuestiones estériles (o al menos por el momento) como las quejas, el negativismo, las críticas o la pereza, y mejor pasar a cuestionarme: ¿Qué regalo o beneficio escondido estoy llamado a recibir con esta situación difícil? Por lo tanto, la tercera sugerencia es enfocarse en el ahora ya que la luz de una posible respuesta a esa pregunta viene tarde o temprano bajo una condición: que vivamos el hoy, el momento presente… No exigir respuestas definitivas porque nadie una bola de cristal para saber lo que sucederá mañana, en el largo plazo. A cada día le basta su afán, dicen las Escrituras… La luz que venga la tendremos solamente para actuar hoy porque no siempre se tendrán respuestas a largo plazo.

Aceptar lo que nos pasa y enfocarse en el hoy da sentido a las cosas que producen dolor y sufrimiento en una persona… Otro beneficio de encontrarle un nuevo sentido, una orientación a la prueba es que se encuentra cierta confianza en el porvenir, por lo que se permite pasar de una actitud de víctima a una responsable. Dejo de acusar a los demás, de buscar culpables, se retoma la vida en las propias manos, nos hacemos cargo, hago aquello que de mí depende.

«Al mismo tiempo, encuentro fortaleza interior por dos razones: a) una razón psicológica y b) una razón espiritual. En la psicológica recupero las fuerzas porque sé dónde concentrar mis esfuerzos. Antes me dispersaban mil cosas, me agotaba, no sabía dónde poner la cabeza, pero ahora, sé lo que debo hacer. Y entonces concentro mis energías. Y por la razón espiritual, se percibe un llamado a pedir gracias para ser fortalecidos interiormente, porque Dios es fiel: si Él me manda dar un paso hacia adelante, Él viene en ayuda de mi debilidad. Sigo siendo pequeño y frágil, pero recibo una cierta valentía que me permite avanzar. Dios me sostiene». (libro: «El Camino de la Confianza y el Amor», Jacques Philippe, pág. 132-135).

Crecer a través del dolor duele. Aceptar lo que nos pasa y vivir solo por hoy de la mejor manera permite tener autoestima sana, confianza en sí mismos, alejándonos de las lamentaciones porque nos hemos convertido en el capitán de nuestro propio barco y esto nos reconcilia con nosotros mismos. No hay que olvidar que lo más destructivo para una autovaloración positiva es una actitud victimista imaginaria, que provoca gemidos y acusaciones en lugar de aceptar responsabilizarse de la situación (hacerse cargo). Me refiero a las falsas maneras de considerarse víctima. (Esto no quita que hay víctimas de verdad, como personas o niños abusados, a quienes hay que liberar…).

El cambio para crecer duele… Requiere valentía, pero finalmente nos ayuda a ser más resilientes.

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