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No está sobre un trono ni tampoco amamanta a su hijo. Está sentada sobre un almohadón y sujeta al niño, de pie sobre una de sus rodillas, con su brazo izquierdo. El crío tiene su mejilla pegada al rostro de su madre y la observa con devoción. En su mano, una azucena, símbolo de la pureza de la virgen, con túnica roja y un gran manto azul, enmarcada en un fondo dorado, con dos ángeles a sus pies que tocan en laúd y un pequeño órgano. Es ‘La Virgen de la Humildad’, una de las obras más importantes del Renacimiento y obra maestra de Fra Angelico, que el Museo Thyssen ha presentado este lunes después de un largo proceso de restauración y que expondrá hasta el 12 de diciembre de 2023 en una instalación circular que “invita al recogimiento” y en la que se muestra, además, la trasera del cuadro y un vídeo explicativo sobre la intervención que se ha llevado a cabo junto a dos instrumentos musicales similares a los que aparecen en la obra.

La tabla, una de las grandes joyas de la colección Thyssen, solo ha podido verse en tres ocasiones en el museo de Madrid (en 2006, 2009 y 2021), ya que forma parte de las casi 80 obras de las escuelas italiana y alemana depositadas desde 1992 en Barcelona, primero en el Monasterio de Pedralbes y, desde 2004, en el Museu Nacional d’Art de Catalunya (MNAC), al que volverá tras su exhibición en la capital. Datada entre 1433 y 1435, ‘La virgen de la Humildad’ pertenece al inicio del periodo de madurez del artista italiano, formó parte de la colección del rey Leopoldo I de Bélgica y, entre 1909 y 1935, de la colección Pierpont Morgan Library de Nueva York. En 1935 fue adquirida por Heinrich Thyssen-Bornemisza y, tras su muerte, fue su hija, la condesa Margit Batthyáni, quien la recibió en herencia hasta que su hermano, el barón Hans Heinrich Thyssen Bornemisza, se la compró en 1986.

La restauración de la obra, financiada por Bank of America, ha sido fruto de un año de trabajo liderado por Susana Pérez, miembro del equipo de restauración del museo que dirige Ubaldo Sedano, en el que se han realizado un estudio técnico de la obra y un proceso de identificación de los materiales usados por Fra Angelico, además de análisis químicos, radiografías y reflectografía infrarroja. Trabajos que se han centrado en limpiar el cuadro, eliminando el barniz envejecido y la suciedad acumulada durante años y en el que también se ha restaurado el marco, a cargo de María Jofre. Un proceso que ha evidenciado la extraordinaria técnica de este pintor metódico y minucioso, que dibujaba primero a pincel y después realizaba incisiones que le servían de referencia cuando aplicaba las capas de pintura.

El director artístico del Thyssen, Guillermo Solana, ha destacado cómo esta obra de Fra Angelico, “a pesar de la extraordinaria apariencia de armonía que la domina es, en realidad, una pintura llena de tensiones: en primer lugar, porque nuestra virgen no es una virgen entronizada, sino una virgen de la humildad, un tipo iconográfico que aparece al final del siglo XIII impulsado por las órdenes mendicantes de los franciscanos y los dominicos, que cultivan una nueva sensibilidad religiosa más naturalista, más emotiva y más cercana a los fieles”. Solana ha explicado que “cuando este nuevo icono se extiende por el Quattrocento florentino, los artistas ennoblecerán la figura femenina y Fra Angelico ya no la sentará en la hierba, sino sobre un almohadón, y la enmarcará en un paño de honor, convirtiéndola en una especie de reina de la humildad”.

Las labores de restauración de la pintura han durado un año. Hélène Desplechin


La restauración de la tabla, ha explicado la restauradora Susana Pérez, ha descubierto «pequeños arrepentimientos» del pintor, como «el cambio en la altura de los ojos de la virgen o la posición de las alas de los ángeles”, pero también a «un artista minucioso» que se sirvió de la tecnología de la época para resaltar detalles como las pestañas de los ángeles o que usaba “pigmentos riquísimos como el lapislázuli, con el que era capaz de crear tonos más claros o más oscuros: si lo molía muchísimo, los tonos del ropaje son más claros y, en cambio, en las zonas más oscuras, el pigmento tiene un grano muchísimo mayor”.

La restauradora ha resaltado también el manejo de Fra Angelico de “las técnicas del dorado, con una maestría y un refinamiento que hereda del gótico pero que ya pone en ese espacio del Renacimiento” y ha admitido que la zona más delicada y difícil de tratar ha sido la del rostro de la virgen, “una zona delicada y difícil”, en la que han tenido que hacer mejoras en zonas desgastadas y con abrasiones. Junto a esa dificultad, su mayor satisfacción respecto a lo conseguido ha sido la “del manto de la Virgen, donde han salido una gran cantidad de matices que no se esperaban”.

Tras esta intervención, Pérez ha señalado que pasarán «al menos otros 40 años sin que la obra necesite una nueva restauración» y ha anunciado que en octubre se celebrará en el museo un concierto de Jordi Savall, que interpretará un repertorio inspirado en Fra Angelico y su obra.

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