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Javier Ruiz (València, 1973), autor de ‘Edificio España’ (Planeta, 2022), ganador del Premio Espasa 2022, analiza los riesgos que supone la desigualdad, que ha crecido en los últimos años, como si el país fuera una comunidad de vecinos. Uno de los problemas, afirma este periodista jefe de Economía en la cadena Ser, analista y presentador de TV, es que los que ‘viven’ en el sótano, los pobres, no votan.

¿Por qué el símil con un edificio?

Los economistas clasifican las sociedades en quintiles de rentas (quintas partes). Esto es el edificio: el 20% más pobre, el siguiente y hasta llegar a los más ricos en el ático. A mí más que el orden o la fotografía, me preocupa la película, la evolución. Y es que los del sótano cada día están peor y los ricos cada día lo son más. Y esa desigualdad creciente es fruto de políticas, de decisiones.

Esto ha empeorado desde la crisis de 2008 ¿no?

Han pasado dos cosas. Una es económica: el retorno del capital es mayor que el del trabajo, es decir, si tienes dinero y lo inviertes sacas más que si tienes un trabajo y una nómina. Los que tienen dinero cada vez tienen más y los que tienen nómina cada vez tienen más problemas. En términos de desigualdad y políticos además tenemos mucha gente a la que se le escapa el tren, la riqueza de arriba nunca le llega. Y puede pasar que tengas trabajo y no puedas llegar a fin de mes.

De hecho hay muchos trabajadores pobres…

Se les están poniendo apellidos a cosas que no lo tienen como pobreza laboral, energética… Es pobreza y punto. Y tenemos en España. Y hay grandísimas empresas y fortunas que cuando no pagan su cuota de la comunidad, para seguir el símil, los vecinos del sótano tienen goteras, están peor.

«Se les están poniendo apellidos a cosas que no lo tienen como pobreza laboral, energética… Es pobreza y punto»

¿Y la solución? Unos dicen que bajar impuestos sin decir cómo cubrir los gastos y otros solo hablan de subirlos… ¿Es un tema de izquierdas o derechas?

No. A todos los que hacen el debate de impuestos yo les recomendaría un bisturí. Es cirugía fiscal: seleccionar bien quiénes tienen que pagar más y cuánto. Y esto es lo que deberíamos estar discutiendo. Y es que no se pueden bajar impuestos siempre ni tampoco subirlos. Cuando cambian las circunstancias hay que cambiar de opinión.

El FMI y otros organismos apuestan ahora más por recetas distintas a las de 2008… Algo han aprendido ¿no?

Las instituciones internacionales han aprendido, en cambio los partidos de aquí parece que no. Nuestra derecha económica está a la derecha de la derecha económica internacional. Tenemos partidos que siguen recetando lo mismo que en 2008, que fracasó. Y ni el FMI, ni el Banco Mundial ni el BCE ni la OCDE, lo recomiendan. Aquí hay gente congelada en el tiempo y en el espacio, el de la derecha más rancia y dura. Cuando las recetas fracasan hay que buscar nuevas soluciones. El resultado de las dos crisis anteriores ha sido un empobrecimiento brutal, de base social y del país. 

Se ha ensanchado la desigualdad pero a la vez no vemos que el incendio, siguiendo el símil, afecte a todo el edificio…

Hay llamas, no un incendio generalizado. El fuego sí que ha empezado. Si las llamas empiezan en el sótano al final van a llegar al ático. Y las llamas son varias, pero la primera y fundamental es que los pobres han dejado de votar. Los que están en el 20% más bajo en España no votan y sucede en todas las ciudades: en Madrid, en Barcelona… ¿Quién vota? Quien tiene más de 50.000 euros. Y además de repente, un partido populista no da soluciones sino que señala a culpables: la mujeres, los inmigrantes, etc y generan el vudú económico. Y gana Vox en distritos pobres. Cuando suceden cosas así llega un momento en que te asaltan el Capitolio, como en EEUU. El incendio ha empezado. Lo único que vemos por ahora es el humo pero o lo apagamos, es decir, o arreglamos el sótano, o tarde o temprano esas llamas llegarán al ático.

«En beneficio de los ricos está pagar un poquito de impuestos»

¿No será que el empleo frena el descontento?

El gran extintor del fuego ahora mismo es que no se ha disparado el desempleo. El problema es que el empleo que se crea permite sobrevivir pero no vivir. Evita la revolución social, que es de subsistencia, pero no garantiza un horizonte de vida. Tenemos un problema de excesiva precariedad, especialmente en los jóvenes y empezamos a tener llamas. Siguiendo la metáfora del edificio: es más barato reparar el sótano que blindar el ático porque la desigualdad es al final inseguridad porque quienes nada no tienen nada que perder y pueden caer en la delincuencia. Es más barato y seguro reparar el sótano que blindar el ático. En beneficio de los ricos está pagar un poquito de impuestos.

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¿Soluciones?

Hay dos cosas que hay que reparar: el ascensor social, lo que supone una reforma fiscal de verdad. Las nóminas ya no dan más de sí ni tampoco las pymes. A los grandísimos empresas y a las grandes fortunas tenemos que pedirles más. Y la segunda reforma es la educativa: las grandes universidades se han convertido en grandes clubs sociales. Harvard, por ejemplo, que era la aspiración de mi generación, no tiene hoy ningún estudiante cuyos padres no ganen más de 155.000 dólares o más. Es un club de ricos para niños ricos, hacen falta grandes programas de becas y de acceso porque la educación es el gran nivelador social.

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