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Como cada mes de septiembre desde hace 42 años, una larga lista de autoridades e instancias públicas, civiles y militares, participan en la ofrenda floral y en otros honores a la Virgen de las Angustias. Es una relación de cargos públicos que parecen ignorar que deben respetar las diversas convicciones de la ciudadanía, evitando favorecer a unas u otras personas según sus creencias, como ocurre cuando participan a título público en actos religiosos (misas, procesiones, ofrendas u otros), que son de carácter privado. Por supuesto, si esa participación fuese asimismo a título privado, no tendríamos motivo de queja.

A esa “lista de la vergüenza” de quienes se resisten a dejar atrás el nacional-catolicismo franquista, que aparece en el “programa de cultos” de la basílica de las Angustias, se ha sumado este año el presidente de la Junta de Andalucía, Juan Manuel Moreno, que insiste en dejarse ver como el presidente de sólo una parte de los andaluces: los creyentes católicos. La otra novedad significativa es la nueva alcaldesa de Granada, la no menos “popular” Marifrán Carazo. Muy “populares” ambos, pero sólo para algunas personas, discriminando al resto por creencias religiosas, es decir, de una manera flagrantemente antidemocrática.

En esa lamentable nómina de autoridades e instancias públicas que rinden honores a la Virgen a lo largo del mes, faltando al respeto al conjunto de la ciudadanía y contraviniendo la aconfesionalidad estatal, están las siguientes:

Subdelegación del Gobierno (subdelegada del PSOE), Coronel Guardia Civil, Jefe Superior de Policía. Delegada de Economía y Hacienda de Granada. Presidente del Tribunal Superior de Justicia de Andalucía, Ceuta y Melilla, Presidente de la Audiencia Provincial de Granada. Teniente General del Madoc y Comandante Militar de Granada, Coronel Jefe de la Base Aérea de Armilla. Fiscal Superior del Tribunal Superior de Justicia de Andalucía, Ceuta y Melilla, Fiscal Provincial de Granada. Delegado del Gobierno de la Junta de Andalucía en Granada.

Del Ayuntamiento de Granada, participan en los actos concejales del PP, PSOE (incluyendo al anterior alcalde, que ya participaba cuando lo era) y VOX. También aparece en la lista el Rector de la Universidad de Granada, pero, por el compromiso que nos ha manifestado, confiamos en que tendrá la dignidad de no asistir a este tipo de actos. Y fuera de esa lista, pero presentes –como muestra sin pudor la propia web de la Junta–, hay que añadir al presidente de la Diputación (y del PP) de Granada, y a la Consejera de Fomento, entre otros.

Una ciudadana o ciudadano no creyente se puede preguntar legítimamente si un cargo, que al promover como tal unas creencias ya la discrimina, no seguirá discriminándola en el ejercicio de su labor, tratando con mayor deferencia a quienes sí comparten sus creencias. La sospecha se alimenta con la observación empírica de que las organizaciones religiosas, en especial las católicas, disfrutan de privilegios desmedidos desde esas mismas y otras instancias públicas.

Además de representantes del Estado, encontramos en la lista corporaciones de Derecho Público (como los Colegios Oficiales), y algunas organizaciones privadas (como clubes de fútbol o asociaciones no religiosas) que se supone deberían actuar para sus representados o socios sin discriminación por creencias.

Hay que añadir que los “cargos de la vergüenza” no se extralimitan confesionalmente sólo durante los fastos de septiembre (que terminarán el día 24 con una procesión a la que acudirán de nuevo muchos de ellos). Reaparece su deplorable pietismo público durante la semana santa, el Corpus y otras festividades y actos religiosos, en la concesión a entes sobrenaturales (o a sus imágenes) de distinciones como medallas y fajines, y de manera especialmente esperpéntica en las rogativas contra los terremotos y otros desastres naturales.

Desde Granada y Andalucía Laica exigimos que, por acatamiento de la aconfesionalidad estatal y por respeto a toda la ciudadanía, las instancias, autoridades y cargos públicos se abstengan de participar en actos de cualquier ideología o creencia particular y no discriminen de ninguna manera por razón de convicciones.

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