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El consumo de bebidas energéticas ha aumentado en los últimos años. Cada vez es más habitual encontrarse a personas en la calle o en un parque, muchos de ellos jóvenes, con una lata en la mano como si fuera un refresco. Los nutricionistas llevan alertando desde hace tiempo de los riesgos que su consumo en exceso supone para la salud y del daño que está haciendo la publicidad, su fácil acceso y el precio en estos productos. En algunos casos, puede llegar a generar adicción. Es lo que le sucedió a Pilar Elena Cabeza, de 35 años, que desde hace más de una década los bebe diariamente y no ha conseguido dejarlo: «Algún día he intentado no beber, pero es que el cuerpo me lo pide». Para Pilar, lo que empezó como una curiosidad para probar el sabor de estas bebidas, se ha ido convirtiendo poco a poco en una parte de su vida. En un primer momento no era consciente de los peligros a los que se exponía y como si de agua se tratara decidió beberlo en grandes cantidades a diario.
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