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Derecha contra derecha en los próximos comicios israelíes. Todo apunta a que Benjamin Netanyahu se enfrentará a un rival de entre sus filas capaz de negociar con el bloque derechista que le sostiene como primer ministro.

La nueva formación del exmiembro del Likud, Guideon Saar, puede arrastrar a los socios tradicionales de Netanyahu y desbancarlo del Gobierno, a diferencia de lo ocurrido hasta ahora con otros rivales del campo de centro-izquierda, hoy casi desaparecido de la escena política israelí, cuya capacidad para hacerse con el Ejecutivo pasaba por coaliciones de partidos muy dispersos y enfrentados en muchas cuestiones.

«Quien quiera que Netanyahu siga siendo primer ministro no debe votar por mí, porque bajo ninguna circunstancia lo apoyaré«, anticipó Saar cuando la semana pasada anunció su salida del partido conservador Likud y la creación de una nueva formación de derechas para retarle.

‘Nueva Esperanza’ de Saar se situó este domingo en una encuesta publicada por Canal 2 como el segundo partido en intención de voto en los comicios de marzo, los cuartos en dos años, detrás del Likud, que le necesitaría para gobernar. En esta ocasión, la alternativa a Netanyahu tiene capacidad para dejarle sin socios.

Ultraortodoxos, la clave

Con un Parlamento fragmentado, ninguna fuerza política obtendría la representación necesaria para formar Ejecutivo y serían necesarias negociaciones para crear una coalición de Gobierno, en la que los partidos ultraordodoxos, Shas y Judaísmo Unido por la Torá (JUT) -que aportan en conjunto según los sondeos unos 16 diputados de los 120 del Parlamento- volverían a ser clave.

Improbables socios en una coalición liderada por partidos laicistas, que han apoyado a Netanyahu desde hace más de una década. Pero en esta ocasión, la lista de Nueva Esperanza, a la que se han unido otros miembros del Likud, como el ortodoxo Zeev Elkin, podría llegar a incluirlos en su coalición y hacer que diesen de lado a Netanyahu.

«Si Guideon Saar viene a nosotros con 45 escaños, y JUT y Shas pueden completar (una mayoría para) un gobierno, en oposición a Netanyahu si viene con diez escaños, entonces está claro lo que va a pasar», sugirió el diputado de JUT, Isaac Pindrus, a la radio Kol Baramah, en las primeras declaraciones que se salen del férreo y leal apoyo a Netanyahu que el partido ha mantenido hasta ahora.

El primer ministro en funciones lo sabe y, según el diario Israel Hayom, ya ha convocado una reunión con representantes de estos partidos para reforzar su tradicional bloque, en el que entra también el ultranacionalista partido Yamina, liderado por el exministro de Defensa Naftalí Benet.

Saar, quien ya desafió el liderazgo de Netanyahu en las primarias del Likud el año pasado, ha dado ahora un paso al frente con una formación «Anti-Netanyahu» que le acusa de una política personalista para salvarse del juicio que afronta por corrupción.

Coalición anti-Netanyahu

Así nació también la corta aventura política de Beny Gantz, cuando formó la coalición centrista Azul y Blanco con el único objetivo de impedir que Netanyahu revalidara su liderazgo.

Pero esta coalición incluía al laicista Yair Lapid, por lo que le era imposible incorporar a los partidos ultraortodoxos y extremadamente difícil formar una alternativa a Netanyahu sin ellos, en lo que hubiera sido un precario equilibrio de unión del centro, la izquierda, la ultraderecha laica y los partidos árabes.

Tras dos comicios que no lograron acordar Gobierno, presionado por la crisis de la pandemia y ante la decepción de sus votantes, Gantz se alió en mayo finalmente a su hasta entonces rival, Netanyahu, para formar un accidentado Ejecutivo de emergencia. La imposibilidad de sacar adelante los presupuestos precipitó otra convocatoria electoral.

Hoy, las encuestas relegan al partido de Gantz a uno de los menos votados, con apenas cinco escaños, igualado con la izquierda sionista de Meretz, mientras que el histórico Partido Laborista se quedaría sin representación parlamentaria: el campo de centro izquierda en Israel quedaría reducido al mínimo en 2021.

Las proyecciones apuntan a que la nueva Cámara estará por tanto formada por dos campos de derechas, uno liderado por Netanyahu y otro por Saar. Y este escenario debilita las posibilidades de que el primero gobierne.

Sus socios tradicionales contarán con un interlocutor mientras que el resto del marco parlamentario -como el ultraderechista Israel Nuestro Hogar de Avigdor Lieberman, y el centrista Yesh Atid de Yair Lapid, líder de la oposición y antiguo socio de Gantz- descartan a Netanyahu como líder de un Ejecutivo.

La situación judicial de Netanyahu ha ido alejando a sus aliados que, además, saben que los próximos comicios se celebrarán mientras este se sienta en el banquillo tres veces por semana -a partir de febrero- para hacer frente a las acusaciones de fraude, cohecho y abuso de confianza.

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