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La OTAN y Estados Unidos han enviado este miércoles, de forma coordinada, su respuesta escrita a las garantías de seguridad exigidas por el presidente ruso, Vladimir Putin, a cambio de desescalar la crisis en Ucrania. Una respuesta que es negativa en lo que concierne a la demanda central del Kremlin: el compromiso vinculante de que Ucrania nunca entrará en la Alianza Atlántica. Un ‘no’ que dispara el riesgo de un conflicto armado en Europa, dependiendo de cuál sea ahora la reacción de Moscú.

«No haremos concesiones en los principios fundamentales, y uno de ellos es que cada país tiene derecho a escoger su propio camino» y «su propia alianza de seguridad», ha dicho el secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg, en rueda de prensa. «Mantendremos el principio de puertas abiertas de la OTAN«, sostiene el secretario de Estado de Seguridad, Anthony Blinken.

Pese a esta negativa radical sobre Ucrania, los aliados ofrecen en el documento elementos «muy positivos» en reacción a las inquietudes en materia de seguridad que había planteado Rusia, según ha relatado Blinken. Una «agenda para un diálogo significativo» que, de proseguirse, tendría «beneficios» para Moscú y mejoraría la seguridad en Europa.

En concreto, Estados Unidos y la OTAN ponen por escrito su voluntad de negociar con Putin cuestiones como el control de armamento (incluyendo misiles y armas nucleares) o la transparencia sobre ejercicios militares, siempre que se haga de forma recíproca. También apuestan por establecer una línea directa de comunicación, un nuevo ‘teléfono rojo’, para uso de emergencia.

Por su parte, Stoltenberg ofrece a Putin restablecer el diálogo permanente entre la OTAN y Rusia, reabriendo la oficina de la Alianza en Moscú y la delegación rusa en el cuartel general de Bruselas. Al mismo tiempo, el secretario general ha vuelto a reclamar al Kremlin que retire sus tropas de Ucrania, pero también de Georgia y Moldavia.

Los documentos de respuesta no se han hecho públicos para dejar más espacio a la negociación. Blinken tiene previsto reunirse en los próximos días con su homólogo ruso, Serguéi Lavrov, para conocer de primera mano su reacción a la oferta de los aliados. Stoltenberg ha convocado además nuevas reuniones del Consejo OTAN-Rusia.

Moscú ya ha dicho en repetidas ocasiones que lo que le ofrecen los aliados es insuficiente. «No es un secreto que estamos muy alejados y que hay diferencias graves entre la OTAN y Rusia», admite el secretario general de la Alianza.

A su juicio, el riesgo de conflicto en Ucrania sigue siendo muy alto, pero todavía hay una oportunidad para la diplomacia si Putin se sienta a la mesa «de buena fe». «No se está produciendo una desescalada. Al contrario, está aumentado el número de tropas en más países (no sólo alrededor de Ucrania sino también en Bielorrusia). Al mismo tiempo, eso hace que sea todavía más importante emprender un esfuerzo político para encontrar una solución política», ha señalado.

Rusia debe elegir

La OTAN y Estados Unidos sostienen que Putin debe ahora elegir entre dos caminos: la senda de la diplomacia y la negociación, o un ataque contra Ucrania, en cuya frontera ha concentrado a más de 100.000 soldados. Una invervención que, según ha repetido Blinken, tendría «consecuencias masivas» que afectarían al sector económico y financiero ruso, ha repetido Blinken.

«Es Rusia la que debe decidir cómo responder, nosotros estamos preparados en cualquier caso», ha dicho el secretario de Estado norteamericano.

Blinken ha explicado que la respuesta escrita a Putin se ha consultado estrechamente con los países de la UE, con los que existe una «coordinación sin precedentes«. A su juicio, hay acuerdo total entre los aliados occidentales sobre las sanciones que se impondrán a Rusia si ataca de nuevo a Ucrania.

Un acuerdo en el que está también Berlín pese a las vacilaciones mostradas por el Gobierno de Olaf Scholz, fuertemente dependiente del gas ruso. «Confío absolutamente en la solidaridad de Alemania«, ha afirmado el secretario de Estado estadounidense.

Además, Washington está negociando con proveedores alternativos de gas en todo el mundo, entre ellos Qatar, en caso de corte del suministro de Rusia. El objetivo es minimizar el impacto de las sanciones contra Moscú entre los propios países europeos.



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