martes, mayo 28, 2024
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La pandemia acelera la reducción de la repetición escolar y el abandono hasta mínimos históricos

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El sistema educativo español aún no puede presumir de haber superado dos de sus grandes asignaturas pendientes, las más insistentemente suspendidas, pero los datos más recientes indican que tiene menos motivos para la esperanza. Del muy deficiente, España pasa a rozar ya el 5 y, de seguir así, pronto llegará el aprobado. ¿De qué asignaturas hablamos? De repetición y abandono, dos lacras ligadas entre sí que extienden sus efectos de lo educativo a lo social, estrechando las opciones de bienestar para millones de jóvenes.

La pandemia y las medidas impulsadas por el Gobierno para afrontarla en el campo educativo, tratando de limitar su impacto en los alumnos más desaventajados, han empujado a sus mínimos históricos los números de repetición y de abandono, identificados por el propio Ejecutivo en su Plan 2050 como dos de sus «más preocupantes» carencias. La repetición afecta más a la educación pública que a la concertada y más a los alumnos que a las alumnas.

Repetición

En repetición España ha vivido un curso de caída récord, que culmina a su vez un largo ciclo de descenso gradual, con algún altibajo pero una línea a la baja. En el primer curso de la pandemia la tasa de repetidores detectada quedó en un 1,2% en Primaria y un 4,2% en Secundaria, lo que supone un recorte de en torno a la mitad con respecto al curso anterior en los dos ciclos obligatorios: 2,3% en Primaria y 8,5% en ESO, unos datos que incluyen educación pública, concertada –privada financiada con fondos públicos, la mayoría en manos de la Iglesia– y privada-privada. En ambos casos, Primaria y Secundaria, la tasa de repetición es mayor entre los alumnos que entre las alumnas: 1,3% frente a 1,1% en Primaria; y 4,9% frente a 3,4% en Secundaria. La repetición, al igual que el abandono , es un problema que les afecta más a ellos.

¿A qué atribuye esta fuerte bajada Mónica Domínguez, directora general de Evaluación y Cooperación Territorial del Ministerio de Educación? «Es consecuencia –explica– de los cambios acordados en la Conferencia Sectorial de Educación [ministerio y consejerías del ramo] para la adaptación de los criterios de evaluación y promoción a la situación generada por la pandemia», explica. Dichos acuerdos se concretaron en una orden de abril de 2020 que establece que la promoción de curso sería la «norma general en todas las etapas, considerándose la repetición una medida muy excepcional».

Los datos de 2020-2021, el 1,2% de repetición en Primaria y 4,2% en Secundaria, se refieren a los repetidores del curso anterior, es decir, del 19-20, el que fue reventado casi ya en su último trimestre por la crisis sanitaria y para el que se fijaron las medidas excepcionales. Ahora queda por ver cómo son los datos del curso siguiente, también con pandemia y con los criterios excepcionales en vigor. Todos los pronósticos apuntan de nuevo a cifras relativamente bajas de repetición, está por ver si por encima o por debajo de las del primer año de pandemia pero en cualquier caso más bajas que las de la etapa pre-covid.

¿Significa esto que la bajada en la repetición conocida ahora es una raya en el agua motivada por la decisión política de pasar la mano en un curso singular para no agravar la desigualdad? No. Está claro que el covid-19 ha influido, pero el último resultado conocido se inscribe en una dinámica más amplia que venía de atrás y que además el ministerio quiere prolongar. «La reducción se ha producido paulatinamente durante la última década, tanto en España como en todas las comunidades, y no puede asociarse únicamente al impacto de la pandemia», explica Domínguez a infoLibre. Eso sí, nunca ha habido una bajada tan fuerte como en el último curso con cifras oficiales.

Veamos el detalle. La tasa de alumnado repetidor en Primaria estaba en el 2,6% en el curso 2010-2011, protagonizando un descenso hasta el 2,2% en el 2014-2015. «Coincidiendo con la implantación de las enseñanzas derivadas de la Lomce y la posibilidad de repetir en todos los cursos, la tasa aumentó en el curso 2015-16 hasta el 3%», añade. No obstante, y todavía con la Ley Wert en vigor, comenzó de nuevo a reducirse hasta alcanzar el 2,3%. Más tarde llegó la fuerte bajada del curso cerrado con el confinamiento: 1,2%.


La repetición en Primaria es mayor en los centros públicos (1,2%) que en los concertados (0,8%) y privados (0,3%). Por autonomías, las que tienen tasas más altas son Murcia (2,9%), Aragón (2,3%) y Castilla y León (2,1%). Las más bajas se dan en Canarias (0,3%), Cataluña (0,4%) y Comunidad Valenciana (0,6%).

En cuanto a la ESO, donde la tasa de repetición es por sistema superior, el porcentaje se ha reducido año a año desde 2007-2008 , excepto en el curso 2017-2018. Al inicio de la serie, era del 14,7%. En 2010-11, del 12,7%; en 2014-2015, del 10,9%. Ahora, del 4,2%, tras una bajada en un solo año desde el 8,5%.


Por comunidades, las tres con mayor porcentaje de repetición en Secundaria son: Murcia (7,4%), Andalucía (6,4%) y Castilla La Mancha (4,8%); las tres con el porcentaje más bajo: Cataluña (2,2%), Aragón (2,4%), Galicia y Asturias (2,5%). Al igual que en Primaria, la repetición es más frecuente en la educación pública (5,2%) que en la privada (2,4% en concertada y 0,7% en privada).

Ya fuera de la educación obligatoria, son llamativos los datos de Bachillerato en el primer curso con la pandemia, cuando la repetición pasó del 8% al 3,4%. Y eso que el 8% era el mínimo anterior. En 2007-2008, el porcentaje era del 15,4%; en 2010-2011, del 14,3%. Por autonomías, las tres con mayor porcentaje son Murcia, Aragón (5,2%) y Castilla y León (4,8%). En el otro extremo están Galicia (1,2%), La Rioja (1,3%) y Canarias (2,4%). La repetición es del 4% en la pública y del 1,8% en la privada. El ministerio no muestra desagregados los centros con acuerdos de concertación, que en este ciclo es todavía escasa por no ser una etapa obligatoria, si bien el PP la está promocionando.


Tanto en Primaria como en ESO y Bachillerato los últimos datos conocidos suponen el mínimo de las series históricas, sea tomando como referencia el repositorio de Educabase, que ofrece información desde 2007, o los anuarios estadísticos Las cifras de la educación en España, que arrancan en 1996.

El Ministerio de Educación pretende que los resultados del curso 2020-2021 tengan continuidad. «Los cambios por la Lomloe en relación a la promoción ayudarán a mantener esta tendencia con el objetivo de seguir reduciendo la repetición, que es una medida ineficaz para mejorar el rendimiento del alumnado a corto plazo, desigual pues afecta más al alumnado de entornos socioeconómicos desaventajados y, además, se asocia al incremento del abandono escolar temprano, con el impacto que todo esto puede tener en el desarrollo posterior de los alumnos», explica Domínguez, que recalca que la repetición «se considerará una medida de carácter excepcional y se tomará tras haber agotado las medidas ordinarias de refuerzo y apoyo».

Está por ver qué dicen los datos del segundo curso de la pandemia y del 2021-2022, el primer ejercicio escolar en el que han estado en vigor las nuevas condiciones de promoción de curso. «Antes promocionar era una cuestión matemática. Pasas o no pasas, sin más. No había debate. Ahora se reflexiona alumno a alumno», explica Domínguez.

El exceso de repetición en España es un mal reconocido como tal no sólo por el Gobierno, sino por autoridades educativas y académicas a nivel mundial. La OCDE, autora del informe PISA, afirma que es una «asignatura pendiente» de nuestro modelo, entre otros motivos porque favorece la desigualdad: los más pobres repiten cuatro veces más que los que tienen más recursos. La Comisión Europea lo ve un «problema persistente» en España. Además, la repetición es lluvia sobre mojado, ya que se añade a un problema de segregación, es decir, de agrupación homogénea de los alumnos por clases sociales. Así lo ha explicado Pedro Salas-Rojo, investigador especializado en desigualdad: «Repetir curso penaliza, sobre todo, a chicos que provienen de un entorno desfavorable. Impedir o dificultar la repetición puede atajar en parte esos problemas».

¿Los últimos datos conocidos suponen por fin un aprobado de esta «asignatura pendiente»? Comparándolos con la propia trayectoria, desde luego hay una mejora llamativa. Comparándolos con los resultados de otros países, no.

El Ministerio de Educación señala que la media a nivel internacional de repetición en Secundaria estaba antes de la pandemia en torno al 2%, aún lejos del 4,2% español. Queda camino. La propia OCDE ofreció el año pasado datos que permiten realizar una comparación directa entre países, si bien estaban actualizados sólo hasta 2019 y ceñidos a Secundaria. Pues bien, España figura la última de los 32 países analizados, como muestra esta tabla.


El porcentaje en España está entre un 8,7% (Secundaria inferior) y un 7,9% (superior), peor que los otros 31 países y por ello peor que la media de la UE (2,2%-3%) y de la OCDE (1,9%-2,9%). Podría objetarse que no está recogida la mejora del primer curso con pandemia en España. Pero, incluso computándola, España seguiría peor que la media de los países de la OCDE y de los 22 países de la UE analizados. Además, es razonable pensar que el resto de países también habrán visto bajar sus tasas de repetición en el curso 2020-2021, dado que las políticas de laxitud han sido una regla extendida durante la pandemia.

Hay otras fuentes que permiten observar el atraso comparado de España. La Unesco ofrece datos de 24 países en el curso 2017-2018. España, incluso con los datos del curso 2020-2022, sólo está mejor que seis países en repetición en Primaria: Luxemburgo, Eslovaquia, Austria, Bélgica, Hungría y Rumanía. La regla es que este porcentaje esté por debajo del 1%, como es el caso de Italia (0,3%), Alemania (0,5%) o Francia (0,6%). En cuanto a Secundaria, el último dato español (4,2%) sólo es mejor que el de Bélgica (5,9%).

Domínguez se muestra consciente de la existencia en la sociedad española de sectores que hacen defensa de lo que se podrían llamar discursos educativos de «mano dura«, que desdeñan las innovaciones pedagógicas, el aprendizaje no memorístico y la formación en valores, al tiempo que entronizan el supuesto provecho de la repetición como medio disciplinante. No es eso lo que dice la investigación académica, ni la OCDE, ni la Comisión. Según el think tank Esade Ecpol, la repetición supone «un gasto ineficaz» de 1.500 millones al año. «La repetición no aporta nada a nadie. Ni al sistema, por el encarecimiento que supone, ni al alumno. Además, cuanto más temprana sea la repetición, más posibilidades de fracaso provoca», afirma Domínguez, que recuerda que España «no puede permitirse» sus actuales tasas de «abandono educativo temprano», un tema con el que la UE «nos aprieta».

Las medidas del Gobierno para reducir la repetición han sido objeto de fuertes críticas por parte del PP, que gobierna cinco comunidades: Andalucía, Madrid, Castilla y León, Galicia y Murcia. Según el partido que lidera Alberto Núñez Feijóo, la Lomloe «arrasa la cultura del esfuerzo». El principal foco de resistencia es Isabel Díaz Ayuso, para quien el Gobierno «engaña» al alumno al «regalarle un título». La Comunidad de Madrid, en su desarrollo de la Lomloe, ha fijado en dos tercios la mayoría de los docentes para decidir una promoción de curso en ESO y de cuatro quintos en Bachillerato, una manera de subrayar su mayor inclinación por la repetición. Lo cierto es que en Madrid, en el primer curso de la pandemia, la repetición bajó en todos los ciclos, como en todas las comunidades: del 3% al 1,9% en Primaria, del 9% al 4,4% en Secundaria y del 8,4% al 3,4% en Bachillerato.

Abandono temprano

Los datos también muestran ya una mejora en el abandono temprano, el otro gran reto pendiente en España, a su vez conectado con la educación. Cuando la Comisión Europea lanza mensajes reclamando a España reformas en el terreno educativo, pone el foco precisamente en la necesidad de atajar el problema del abandono. En 2021 el porcentaje alcanzó su cifra más baja desde que hay registros con un 13,3% de abandono de personas de 18 a 24 años que no habían completado la segunda etapa de Secundaria (FP de Grado Medio, Básica o Bachillerato) y no seguían ningún tipo de formación. Es el mejor dato de la serie, sea tomando como referencia las cifras ofrecidas en el balance de La Moncloa, que empiezan en 2000, o el portal Educabase, desde 2002.


El 13,3% supone una bajada de 2,7 puntos con respecto a 2020, la mayor como porcentaje de variación de la serie. Desde 2011, la tasa ha disminuido 13 puntos, pasando del 26,3% al 13,3%, es decir, cayendo casi a la mitad. El abandono llegó a estar en un 32,2% en 2004, cuando el boom de la construcción ofrecía un tentador aliciente para el abandono.

A pesar de que en 2021 el descenso ha sido mayor entre los hombres (14,3 puntos) que entre las mujeres (11,8 puntos), la diferencia entre ambos grupos sigue siendo significativa, con un 16,7% y un 9,7% de abandono, respectivamente. Es decir, el masculino es un 72% superior al femenino.

Por comunidades, las que tienen mayor tasa de abandono son Andalucía (17,7%), Murcia (17,3%), Castilla La Mancha (15,5%) y Baleares (15,4%). En el otro lado de la balanza, País Vasco (4,8%), Cantabria (6,4%) y Galicia (8,1%).

¿En qué posición nos deja ese 13,3% con respecto a a la UE? España sigue atrasada. Si miramos los datos de 2020 de los 27 países de la UE, sólo hay uno –Malta–, con peor dato de abandono entre alumnos (16,7%) y cinco –Italia , Bulgaria, Hungría, Rumanía y Malta–con peor dato de abandono entre alumnas (9,7%). Y eso comparándolo con el dato español de 2021 a pesar de que, de nuevo, es razonable suponer que el abandono bajó en el año pasado también en el resto de países, no sólo en España.

También se ha producido en España una significativa reducción de la población de 20 a 24 años que ha alcanzado al menos el nivel de segunda etapa de Secundaria. En 2021 este indicador se sitúa en el 78,8%, 16,8 puntos porcentuales más que en 2011 (62%). De nuevo, eso sí, España queda por debajo de la media europea: 84,3% en 2020.

Domínguez afirma que el covid-19 ha favorecido la reducción del abandono educativo temprano. Se observa, dice, en la subida de la matriculación en los ciclos formativos. Ahora bien, al igual que ocurre con la repetición, el Gobierno pretende que la dinámica de reducción continúe más allá de la pandemia. Para ello el Ministerio de Educación ha reforzado el Programa para la Orientación, Avance y Enriquecimiento Educativo, el conocido como PROA, que entre 2021 y 2022 contará con 245 millones.

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