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El retablo de la capilla de la Virgen del Portal, una obra “única” por “la combinación de la talla de madera con ornamentaciones de orfebrería en relieve (cincelados) y ornamentos tridimensionales (baldaquino, emparrados, sagrario…)”, ha recuperado todo su esplendor. El conservador Carlos Nodal ha sido el encargado de los trabajos de restauración de la pieza, bóveda incluida, que se inaugurarán este domingo con motivo de la celebración de las fiestas locales.
La madera del retablo presentaba ataques de carcoma en varias zonas y numerosos volúmenes decorativos estaban desencolados y con riesgo de desprendimiento, especialmente en la zona superior. La mesa de altar y pedestales, que soporta la mayor parte del peso del retablo, presentaba algunos travesaños estructurales muy debilitados por acción de la carcoma. Esa misma zona presentaba también numerosos tableros desencolados.
La pintura tampoco se libró del paso del tiempo, especialmente el barniz, que se había oscurecido. “Lo mismo debió ocurrir con los dorados, ya que en una intervención realizada en décadas anteriores se intentó paliar esta situación mediante el redorado de numerosas áreas con pan de oro ‘falso’ o ‘italiano’ (una aleación de varios metales como: estaño, cobre y zinc), incluso con purpurinas que en el caso de las molduras rococó de los monumentales pedestales de las columnas tapaban completamente el verdadero pan de oro original”, explica el restaurador.
Teniendo en cuenta todos estos desperfectos, el primer paso de la restauración consistió en la estabilización de la madera mediante su desinsectación por impregnación e inyección de producto liposoluble, así como la consolidación de las zonas debilitadas por las galerías excavadas por los insectos xilófagos.
También hizo falta reconstruir varias piezas, limpiar y encolar. La pintura y dorados “se limpiaron mediante la remoción de los barnices oscurecidos y repintes de purpurinas a través de la combinación de disolventes y tensoactivos, al igual que en las decoraciones de orfebrería. Las zonas redoradas se han respetado, puesto que su eliminación sería muy agresiva y se consigue diferenciar del original”.
La restauración de la capilla se culminó recuperando la pintura mural de su bóveda, “que presentaba una zona muy deteriorada a causa de una antigua infiltración de agua pluvial”. Su tratamiento, indica el especialista, “consistió en una limpieza-saneado mecánico del enlucido de yeso, su consolidación mediante copolímero acrílico en dispersión y su reconstrucción mediante yeso y aglutinante acrílico-vinílico”.
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