Desde el Triásico, hace unos 220 millones de años, pasando por el Jurásico, hasta llegar al Cretácico Tardío en el que se extinguieron la mayor parte de los dinosaurios que poblaron la Tierra, lo que hoy es la península Ibérica ocupó un lugar estratégico entre las masas continentales emergidas de un planeta con una superficie en constante cambio.

Desde muy temprano, y debido a su localización geográfica privilegiada, primero ocupando una posición central en el primer supercontinente, Pangea, y luego conformándose como una de las islas de mayor importancia durante los restantes 150 millones de años, la placa Ibérica, hablando en términos geológicos, ha sido un lugar propicio para la diversidad biológica y la especiación de las especies animales y vegetales asentadas en sus territorios, de gran diversidad geológica y ambiental.  

Sin embargo, no es hasta hace unos 170 millones de años, durante el Jurásico Medio, que podemos encontrar las primeras evidencias de la presencia de dinosaurios en lo que hoy es España y Portugal, momento a partir del cual la península Ibérica ha sido cuna, así como testigo del auge y ocaso, de los «lagartos terribles» que antaño dominaron la Tierra.

Desde algunos de los dinosaurios más pequeños que poblaron nuestro planeta, hasta otros de los más grandes; carnívoros o herbívoros; dotados de placas, crestas, plumas o alas; acuáticos o corredores; nuestro territorio es un libro abierto de la historia de estos colosos. En esta galería fotográfica echamos un vistazo a algunas de las páginas que han quedado escritas entre las capas de roca y arena que el tiempo ha ido depositando, y desenterramos para vosotros algunos de los dinosaurios ibéricos que habitaron entre nuestras fronteras y las de nuestros vecinos lusos. 



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