Bilbao,

Lekha Hileman Waitoller, comisaria procedente del Art Institute of Chicago e incorporada al Museo Guggenheim Bilbao en 2019, presenta su primera muestra como curadora en este centro: una nueva lectura de sus colecciones, titulada “La línea del ingenio”, que también cuenta con obras en préstamo a largo plazo y que tiene como eje la profundización en el sentido lúdico del arte, en la experimentación con materiales y técnicas inhabituales, el desafío a las convenciones o el humor.

Se han reunido piezas representativas de los fondos del Guggenheim apenas mostradas con anterioridad, junto a otras que sí son bien conocidas para los habituales del Museo, en un recorrido temático cuya primera sección se ocupa de propuestas creadas al margen de ciertos contextos acostumbrados: el taller del artista y los procesos creativos estudiados. En algunos casos ocupan el espacio de forma inesperada, como Sin título (Habitación de alabastro) de Cristina Iglesias, que se funde con la arquitectura al situarse en una de las esquinas de una sala, alterando ese entorno y también la percepción de la luz; también veremos Objeto para la reflexión (2017), de Alyson Schotz: un conjunto de piezas de aluminio perforado, unidas por anillas de acero, que de lejos parecen una escultura contundente y pesada, pero de cerca dejan ver lo maleable y translúcido de su material. En realidad, este trabajo solo adquiere tridimensionalidad al instalarse: cuando queda suspendido del techo, gravedad y tensión convierten en escultura la chapa metálica.

Alyson Shotz. Objeto de reflexión, 2017. © Alyson Shotz, Guggenheim Bilbao Museoa, Bilbao, 2021
Alyson Shotz. Objeto de reflexión, 2017. © Alyson Shotz, Guggenheim Bilbao Museoa, Bilbao, 2021

Como ejemplo de procedimiento creativo singular podemos citar la pintura Hichiko Happo, creada por Yoko Ono en el marco de una performance que llevó a cabo coincidiendo con la antología que el mismo Guggenheim le dedicó en 2014. Sobre nueve lienzos, pintó en japonés la frase siete fortunas y ocho tesoros, dejando fluir en cada una de las telas tinta sumi negra, gesto que remite a la pintura de acción y también a la caligrafía antigua nipona. Completa ese primer apartado de la muestra Como van las cosas de Fischli & Weiss (1987), que genera la ilusión del movimiento constante de materiales u objetos comunes, como un globo, ruedas o fuegos artificiales. Se trata de un filme de presentación solo sencilla en apariencia: ofrece una secuencia de caídas, vertidos y pequeñas explosiones que sugieren un caos controlado, y la conjunción de lo absurdo y de objetos cotidianos dinamita creencias trasnochadas sobre arte y alta cultura.

Una segunda sección ilustra los variados caminos en los que los artistas contemporáneos se han acercado a la figura humana: repeticiones en serie o composiciones únicas, diversas experimentaciones formales o conceptuales. Veremos una selección de lienzos de la serie La señora Lenin y el Ruiseñor de Baselitz y sus retratos al revés; la mitad del conjunto presenta personajes de vivos colores sobre fondo blanco, y la otra mitad, figuras grises o azuladas sobre fondo negro. Esa disposición invertida de los modelos genera en el espectador distanciamiento, pues hemos de pararnos a contemplar detenidamente el contenido, y también se acusa una cierta abstracción, paradójicamente generada por una figuración alterada.

Comparte Baselitz sala con Alex Katz, del que veremos ejemplos de las mujeres sonrientes de su serie Smiles. Los retratos de este pintor se caracterizan por sus tonalidades planas, sus espacios poco profundos y sus líneas escuetas pero descriptivas, con fondos monocromos. En estas obras también podemos explorar la dicotomía entre figura y fondo; no le interesa, en ningún momento, captar psicologías sino indagar en la naturaleza de la representación y la percepción de las imágenes.

Alex Katz. Ada sonríe. Serie Sonrisas, 1994. Guggenheim Bilbao Museoa
Alex Katz. Ada sonríe. Serie Sonrisas, 1994. Guggenheim Bilbao Museoa

“La línea del ingenio” finaliza con imágenes abstractas ejecutadas con métodos y materiales poco tradicionales dentro de esta corriente, como pintura comercial, cerámicas o pizarra y tiza. No faltan las pinturas de platos rotos de Julian Schnabel, fragmentos de vajilla sobre los que aplicaba óleo en bruto: destacan por sus motivos distorsionados, cuidadas texturas y escala heroica; el artista trabajó en ellos tras contemplar en Barcelona mosaicos de Gaudí en 1978.

Erlea Maneros Zabala ha investigado, por su parte, el rol de los medios de comunicación en la consolidación de narrativas contemporáneas, explorando el tratamiento de las imágenes que realizan y su difusión de una determinada y subjetiva visión de la historia. De la muestra forma parte su Grafía Vasca; tipografía y ornamentación: 1961–1967, en la que una iconografía política e historia potente se invierte y se serializa en 39 planchas de cobre que no presentan la página impresa, sino la matriz de la que surge el texto, en una suerte de prospección arqueológica.

Otro autor que ha experimentado con la fisicidad de la pintura es Prudencio Irazabal, quien trabaja con un fluido polímero líquido al que añade gel para espesarlo y luego incorporar pequeñas cantidades de pigmento, creando diferentes tonos con distinto grado de translucidez. Por la viscosidad de la pintura, coloca bordes temporales para que el fluido no escape por los laterales. Construida la superficie, los retira revelando la profundidad de la superficie y la luminosidad del color, como queda patente en Sin título #767 (1996).

Miquel Barceló. El diluvio, 1990. Guggenheim Bilbao Museoa
Miquel Barceló. El diluvio, 1990. Guggenheim Bilbao Museoa
Prudencio Irazabal. Sin título #767, 1996. © Prudencio Irazabal, Guggenheim Bilbao Museoa, Bilbao, 2021
Prudencio Irazabal. Sin título #767, 1996. © Prudencio Irazabal, Guggenheim Bilbao Museoa, Bilbao, 2021

 

 

 

“La línea del ingenio”

MUSEO GUGGENHEIM BILBAO

Avenida Abandoibarra, 2

Bilbao

Del 11 de junio al 6 de febrero de 2022

 

 

 

 

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