Barcelona,

En los primeros años del siglo XVII, el boloñés Annibale Carracci recibió el encargo de realizar los frescos que decorarían la capilla Herrera de la iglesia de Santiago de los Españoles en Roma, uno de los escenarios con mayor importancia religiosa, simbólica y representativa de la monarquía española en la ciudad hasta el siglo XVIIII. Acababa de decorar con gran éxito la galería del Palacio Farnese y el banquero palentino Juan Enríquez de Herrera, comitente de la nueva capilla, no dudó en elegirlo para su ornamentación; este oratorio familiar estaría dedicado a la figura de san Diego de Alcalá, monje franciscano del siglo XV que había sido canonizado en 1588 por el Papa Sixto V, al que Herrera había rogado por la sanación de su hijo enfermo.

Para llevar a cabo la nueva empresa, Carracci contó desde el principio con la ayuda de pintores de su círculo, sobre todo con Francesco Albani, quien acabaría encargándose de la dirección de toda la pintura a partir de 1605, siempre bajo la supervisión de Carracci, que a consecuencia de una grave enfermedad quedó incapacitado para continuar el trabajo sobre los andamios.

Con el tiempo y ante el deterioro de Santiago de los Españoles, la diplomacia decidió abandonarla y llevar los objetos de valor a la otra iglesia española de Roma, la de Montserrat. Así, en 1833 se solicitó que los frescos fueran arrancados para su conservación y, dada la importancia y calidad del conjunto, el trabajo le fue encomendado al habilidoso arrancador Pellegrino Succi, bajo la dirección del escultor Antonio Solá, quien finalmente logró embarcar dieciséis pinturas en el puerto de Citavecchia hacia Barcelona. De aquellas, nueve llegaron a la Reial Acadèmia Catalana de Belles Arts de Sant Jordi y fueron depositadas en el MNAC de Barcelona y siete viajaron hasta Madrid, que son las que conserva el Museo del Prado. El cuadro de altar se quedó en la iglesia de Montserrat de Roma, junto a otras tres obras que no han podido ser localizadas.

Ahora, por primera vez desde 1833, las pinturas han sido reunidas en una exposición que recreó, primero en el Museo del Prado y ahora en el Museu Nacional d´Art de Catalunya, la experiencia de la visita a la capilla Herrera, hoy destruida. Además, la restauración de los siete frescos del Prado, llevada a cabo entre 2012 y 2014, junto a los estudios realizados por el MNAC y las Gallerie Nazionali di Arte Antica Palazzo Barberini de Roma, han permitido ampliar y poner en valor este conjunto, el más importante encargo recibido al final de su carrera por Carracci pero muy desconocido para el gran público, a causa de su dispersión y a que no suele figurar en las biografías más difundidas del artista, como la de Donald Posner.

GASPAR VAN WITTEL. Plaza Navona. Óleo sobre lienzo, 96,5 x 216 cm 1699 Madrid, Colección Carmen Thyssen-Bornemisza en depósito en el Museo Nacional Thyssen-Bornemisza
Gaspar van Wittel. Plaza Navona,1699. Colección Carmen Thyssen-Bornemisza en depósito en el Museo Nacional Thyssen-Bornemisza

La muestra se inicia con varias vistas exteriores de la iglesia de Santiago de los Españoles en la Plaza Navona, como la pintura de Gaspar van Wittel, procedente del Museo Thyssen-Bornemisza, que refleja este enclave en 1699, correspondiendo la iglesia en cuestión a la segunda fachada de la derecha. Si las vistas exteriores son abundantes, no sucede lo mismo con el interior, del que apenas se conservan testimonios: tan solo algunas plantas reproducidas en los libros de exequias de los monarcas españoles, como la publicada en 1725 con motivo de la muerte de Luis I, que se exhibe también.

Tras esta introducción, se nos enseñan las pinturas murales de Carracci y Albani —además de dibujos preparatorios de ambos artistas y otros dibujos y estampas relacionados—, en lo que quiere ser una evocación de la visita a la capilla. Uno de los grandes retos de esta exposición era trasladar la verticalidad, el orden ascendente del templo, al recorrido en horizontal de las salas del Museo; se ha conseguido a través de la articulación de una serie de espacios sucesivos que simbolizan los distintos niveles en altura, desde las pinturas que se situaban al nivel de los ojos hasta el de la linterna de la bóveda.

El recorrido comienza en lo que sería el exterior de la capilla y el arco de acceso a la misma; allí podían verse la Asunción de la Virgen y Los Apóstoles alrededor del sepulcro vacío de la Virgen.

Pasamos después a contemplar las pinturas situadas en la parte baja de los muros, con dos de los milagros de san Diego: la Curación de un joven ciego y el Milagro de las rosas, enteramente realizados ya por Albani. Vemos también en este espacio el cuadro al óleo que colgaba en el altar de la capilla, este de atribución controvertida, donde aparece el santo intercediendo por el comitente, y a ambos lados san Pedro y san Pablo.

San Diego de Alcalá intercede por Diego Enríquez de Herrera ANNIBALE CARRACCI con la colaboración de otros artistas de su círculo Óleo sobre tabla, 252 x 161 cm h. 1606 Roma, Iglesia Nacional Española de Santiago y Montserrat
Annibale Carracci con la colaboración de otros artistas de su círculo. San Diego de Alcalá intercede por Diego Enríquez de Herrera, hacia 1606. Iglesia Nacional Española de Santiago y Montserrat, Roma

Un siguiente paso nos sitúa al nivel de las pinturas de los dos medios puntos de la capilla (Predicación de san Diego y la Aparición de san Diego en su sepulcro, atribuidas a dos pintores del ámbito de Carracci: Sisto Badalocchio y Giovanni Lanfranco), así como de los óvalos que decoraban las pechinas, en los que se representa a san Francisco y san Lorenzo, considerados de Carracci; Santiago, atribuido a Albani; y san Juan Evangelista. Esta última, que sería una de las imágenes desaparecidas en el traslado de 1833, se evoca a través de una estampa.

Ascendemos simbólicamente hasta encontrar cuatro obras producto de la colaboración entre Carracci y Albani, posiblemente iniciadas por el discípulo y completadas por el maestro en sus partes más comprometidas, como las cabezas y las manos de los protagonistas de las escenas, así como en el repaso general de la pintura. Se trata de representaciones de la vida de san Diego. También en esta sala las pinturas principales se acompañan de estudios realizados por Annibale Carracci.

Finalmente, la figura del Padre Eterno que decoraba el interior de la linterna se nos muestra aquí de una forma en la que podemos contemplar con detalle la gran belleza de este mural (con un diámetro de 205 cm y 56 cm de fondo), que en su emplazamiento original se situaba a más de diez metros de altura. Se sabe que es obra de Albani y conserva todavía la estructura de madera original ideada tras el arranque del fresco para sostener la pintura, mantener su rigidez y evitar posibles deformaciones de la superficie pictórica.

La muestra, que ha sido comisariada por Andrés Úbeda, director adjunto de conservación del Museo del Prado, viajará posteriormente al Palazzo Barberini romano, a partir del mes de noviembre.

 

 

Annibale Carracci. San Lorenzo. Pintura mural trasladada a lienzo, 152,2 x 104 cm 1604-5 Madrid, Museo Nacional del Prado
Annibale Carracci. San Lorenzo, 1604-1605. Museo Nacional del Prado

 

San Diego de Alcalá recibiendo limosna ANNIBALE CARRACCI y FRANCESCO ALBANI Pintura mural trasladada a lienzo, 126 x 222 cm 1604-5 Madrid, Museo Nacional del Prado
Annibale Carracci y Francesco Albani. San Diego de Alcalá recibiendo limosna, 1604-1605. Museo Nacional del Prado
"Annibale Carracci. Els frescos de la capella Herrera". Museu Nacional d´ Art de Catalunya
“Annibale Carracci. Els frescos de la capella Herrera”. Museu Nacional d´ Art de Catalunya

 

 

“Annibale Carracci. Els frescos de la capella Herrera”

MUSEU NACIONAL D´ART DE CATALUNYA. MNAC

Palau Nacional, Parc de Montjuïc

Barcelona

Del 8 de julio al 9 de octubre de 2022

 

 

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