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Ferrovial se lo debe todo a su fundador, Rafael del Pino y Moreno, que falleció hace justo ahora quince años, después de haber presidido la empresa constructora durante casi medio siglo. Ingeniero de Caminos, creó la compañía en 1952 tras recorrer Europa y analizar la construcción ferroviaria en distintos países, sobre todo en Alemania. Allí compró la maquinaria que necesitaba para iniciarse en el negocio y firmar el primer contrato de su vida con Renfe. Dos años después, la empresa ya levantó su primera carretera en el extranjero, en Venezuela.

Casado con Ana Calvo-Sotelo Bustelo, hermana de Leopoldo Calvo-Sotelo (presidente del Gobierno español entre 1981 y 1982), el matrimonio tuvo cinco hijos: María, Rafael, Joaquín, Leopoldo y Fernando del Pino Calvo-Sotelo. El segundo de los vástagos y primer varón, Rafael, sucedió a su padre al frente de Ferrovial en 2000, ocho años antes de que el fundador falleciera.

Hoy sigue siendo el presidente y el mayor accionista individual de la empresa, con el 20% del capital. Es el tercer hombre más rico de España, con un patrimonio de unos 3.800 millones de euros al cierre de 2022 –según Forbes- y la 707 mayor fortuna del mundo. Suya y del resto del consejo de administración es la propuesta de cambiar la sede social de Ferrovial de España a los Países Bajos, un movimiento polémico que le ha enfrentado con el Gobierno español. La fiscalidad puede estar detrás del movimiento.

El presidente y los otros cuatro cinco hijos del fundador se repartieron los bienes heredados de su padre y emprendieron caminos profesionales en su mayor parte diferentes. La ruptura del patrimonio empresarial evidenció algo que ya sucedía antes en el ámbito personal, ya que la relación familiar es mínima o inexistente entre algunos de los hermanos del Pino Calvo-Sotelo. Casi todos mantienen un bajo perfil público y de alguno ni siquiera existen fotografías conocidas.

El 20% del capital convierte a Rafael del Pino, ingeniero de Caminos como su padre y formado en Estados Unidos (MIT), en el máximo accionista de la compañía desde 2015. Ese año él y sus cuatro hermanos escindieron las sociedades patrimoniales a través de las que controlaban conjuntamente Ferrovial y rompieron el pacto de accionistas que habían firmado con anterioridad. 

Rafael del Pino Junior está detrás de la fiebre compradora de empresas Ferrovial, protagonizada sobre todo entre 2000 y 2007. Con estos movimientos y otros posteriores, quiso diversificar la empresa por geografías (para no depender tanto del negocio en España) y por negocios (para reducir el peso de la construcción de obra civil). La vorágine compradora tuvo uno de sus puntos más intensos con la adquisición del operador británico de aeropuertos BAA, operación que supondría la ruptura de las relaciones con uno de los cinco hermanos, Fernando, contrario al movimiento por el excesivo precio y por el endeudamiento que iba a acarrear para la empresa. Él prefería vender otros activos y utilizar la liquidez obtenida para pagar la adquisición de BAA , con fondos propios y no con recursos ajenos, a mejor precio. El benjamín de la saga votó en contra de la operación en el consejo, pero su voz no fue escuchada y la adquisición salió adelante. Fernando dejó entonces Ferrovial, creó su propia sociedad de inversión, y ya nunca más volvió. 

La relación del presidente con su hermano menor no es la única polémica. Rafael del Pino ha estado casado en dos ocasiones y es padre de seis hijos, tres por cada matrimonio (Rafael, Ignacio y Juan del Pino Fernández-Fontecha, por un lado; y Alec, Tadeo y Cleo del Pino Gil-Casares, otro). Con su segunda mujer, Astrid Gil-Casares, protagonizó uno de los divorcios más conflictivos, que les llevó a los tribunales, algo que antes de ese momento parecía impensable en un hombre tan hermético como del Pino.

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Mejores son las relaciones que el presidente mantiene con su hermana mayor y la única mujer entre los cinco hijos del fundador, María del Pino Calvo-Sotelo. Ella es la segunda accionista de referencia del grupo constructor, con el 8,2% y un puesto en el consejo de administración. Su fortuna está estimada en unos 2.300 millones, según Forbes. Licenciada en Ciencias Económicas y Empresariales y casada con Clemente Cebrián Ara (padre de los fundadores de la empresa textil El Ganso), se ha encargado de conservar y ampliar el legado filantrópico de su padre, a través de la Fundación Rafael del Pino y Moreno, que preside. En el patronato con ella se sientan dos de sus hermanos (Rafael y Joaquín del Pino) y el primogénito del presidente de Ferrovial, Rafael del Pino Fernández-Fortecha (analista, que ha trabajado en empresas como Técnicas Reunidas, N+1, Calyon o Goldman Sachs).

También acompaña a Rafael del Pino en el accionariado de Ferrovial otro hermano, Leopoldo, quien, en vida de su padre, era el responsable del negocio de aparcamientos de la compañía. Ingeniero de Caminos como su progenitor y su hermano mayor, dejó Ferrovial en 2009 después de que la compañía se desprendiera del negocio de parkings, al que él se dedicó a partir de ese momento. Aun así, mantuvo las acciones de Ferrovial. Posteriormente vendió un paquete relevante y hoy conserva el 4,15% del capital, según consta en la Comisión Nacional del Mercado de Valores.

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