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Alemania lanza un programa para traer a suelo germano a los afganos que trabajaron para sus fuerzas de seguridad destacadas en ese país de Asia Central en medio del temor a una nueva ola de refugiados.

Parecería que algunas de las crisis a las que ha tenido que enfrentarse la canciller Angela Merkel en sus 16 años en el poder no la van a dejar tranquila ni en su actual fase de despedida de la Cancillería Federal. Merkel dejará de ser la jefa del Gobierno alemán una vez se forme un nuevo Ejecutivo tras las elecciones del próximo 26 de septiembre.

Pero que a Merkel le queden apenas un par de meses como canciller no significa que tenga que dejar de ocuparse de asuntos relacionados con las grandes crisis que le ha tocado vivir. Ahí está, por ejemplo, la pandemia, el qué hacer con las debilitadas economías del sur de Europa o la cuestión climática; tan importante cuando Merkel decidió en 2011 el cierre de las centrales nucleares para 2022 (como se está viendo estos días tras las devastadoras inundaciones registradas en el oeste alemán).

La crisis de los refugiados también ha vuelto a ser protagonista en los quehaceres de la canciller alemana porque, con la salida de las tropas occidentales de Afganistán, hay que dar una solución a aquellos afganos que trabajaron con soldados y policías teutones que estuvieron destacados en el país asiático. En las dos décadas que han estado presentes fuerzas de seguridad alemanas, han pasado por allí 1.100 soldados. En sus tareas, a menudo, participaban, por ejemplo, traductores que facilitaban el contacto con la población local.

Desde principios de este mes, esos trabajadores han empezado a llegar con cuentagotas a Alemania. En la prensa ha trascendido que cerca de 491 de estos trabajadores – junto a sus familias, unas 3.000 personas – ya tienen los papeles para viajar a Alemania. El país de Merkel es seguro para los considerados “traidores” o “enemigos” por los talibán, el movimiento fundamentalista islámico que, con la marcha de las tropas occidentales y según cuentan las noticias que llegan desde Afganistán, está volviendo a ganar el control del suelo afgano.

Sobre el colectivo de aliados occidentales en Afganistán, la canciller ha dicho que quiere “ofrecer de verdad una solución”. Esas palabras utilizaba Merkel el pasado viernes en su última entrevista veraniega en la Bundespressekonferenz, asociación de periodistas a la que atiende todos los veranos desde que asumió las riendas del país.

“Nuestro objetivo es garantizar que quienes han trabajado para Alemania desde 2013 también tengan la oportunidad de venir aquí si así lo desean, precisamente para no verse amenazados”, decía la canciller. “Estoy muy comprometida con la búsqueda de soluciones pragmáticas, en la medida en que esté a nuestro alcance, y eso también significa que el vuelo no debe fracasar porque no se tenga el dinero. Nos vamos a ocupar de esto”, prometía.

Soldados alemanes ondean la bandera alemana tras regresar de Afganistán el pasado junio.


Soldados alemanes ondean la bandera alemana tras regresar de Afganistán el pasado junio.

Reuters

Sus palabras llegaban, eso sí, algo tarde. Anteriormente un grupo de diputados de una amplia mayoría de partidos representados en el Bundestag, incluida su Unión Cristiano Demócrata (CDU) y el Partido Socialdemócrata de Alemania (SPD) – las formaciones de la ‘gran coalición’ –, habían realizado un llamamiento por escrito a la canciller en el que pedían un comportamiento de su país moralmente responsable.

“Responsabilidad de Alemania”

Dicho texto, presentado a la opinión pública la semana pasada por el diario Süddeutsche Zeitung, señalaba que tanto el Ejecutivo como su lideresa “tienen una responsabilidad política y moral por estas personas, sin las cuales la difícil y peligrosa misión del Ejército en Afganistán simplemente no habría sido posible”. Los políticos decían sentirse “avergonzados ante el modo en que las instituciones de la República Federal de Alemania tratan a las fuerzas locales en Afganistán, que han servido a nuestro país y a la seguridad de nuestros militares de forma fiel y fiable durante muchos años”.

En imágenes del pasado mes de mayo, el semanario Der Spiegel mostraba recientemente movilizaciones de estos trabajadores en el campamento militar alemán de Mazari Sharif (norte afgano). Portaban pancartas en las que se leían mensajes como: “Por favor salven a sus trabajadores, de los que se han olvidado”.

Merkel parecía reaccionar el otro día ante la prensa. Pero puede que esa reacción haya llegado realmente demasiado tarde. Al menos esto dan a entender las cuentas que hace Marcus Grotian, responsable de la Red de Patrocinio del Personal Local Afgano. Esta organización ha puesto sobre la mesa la situación de esos “trabajadores afganos olvidados” por las autoridades germanas.

Alemania no hará nada parecido a la apertura de las fronteras a los demandantes de asilo en la crisis de 2015

Según sus cuentas, a mediados de este mes aún había 2.000 personas que no podían resolver los trámites administrativos para poder viajar a suelo germano, porque “Alemania ha cerrado la embajada y los consulados debido a la situación de seguridad del país”. Así se explica en un comunicado emitido por Grotian junto con el colectivo de activistas del Centro para la Belleza Política (ZPS, por sus siglas alemanas). Juntos han creado en Kabul “una casa segura” gracias a donaciones de una Safe Hause para un centenar de afectados.

“Negativa a los refugiados”

Está por ver si esa iniciativa y la reacción de Merkel traen de vuelta a los trabajadores afganos con los que contó Alemania en sus días de misión militar en Afganistán. De lo que no hay duda es de que Merkel ha querido dejar claro que la protección que se debe a estos afganos no es comparable con la que podrían desear las decenas de miles de personas que abandonan el país a medida que los taliban recuperan el control.

Sobre este asunto de los nuevos refugiados, Merkel señaló ante la prensa en la sede de la Bundespressekonferenz que Alemania no hará nada parecido a la apertura de las fronteras a los demandantes de asilo en la crisis de 2015. Ese año y en 2016, se estima que Alemania recibió unos 1,5 millones de refugiados. La mayoría eran procedentes de la guerra civil siria, aunque también los había afganos.

De ahí que Merkel dijera que su país ya “ha acogido a muchos refugiados afganos”. “Ciertamente no podemos volver a compensar en Alemania todas las complicaciones que ocurren en Afganistán”, decía la canciller. El diario Bild, el más leído del país, interpretaba así estas palabras: “Es una clara negativa a los refugiados de Afganistán”.

Según datos del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) con fecha del pasado día 19 de julio, la precaria situación de seguridad en el país asiático ha causado ya el desplazamiento de cerca de 300.000 personas.



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