• La canciller alemana Angela Merkel y el presidente del Gobierno español Pedro Sánchez se reunían este martes en Berlín para preparar la cumbre europea del próximo fin de semana, una cita clave para la puesta en marcha de medidas anticrisis como la creación del todavía muy discutido “fondo de reconstrucción”.

La canciller alemana Angela Merkel, en cuyas manos recae actualmente la presidencia rotatoria del Consejo de la Unión Europea, tiene un aliado en Pedro Sánchez, su homólogo español.

Da igual que la jefa del Gobierno germano haya sido y sea todavía un referente en la familia política conservadora de su país y de Europa. Dadas las circunstancias, no importa en Berlín que Sánchez constituya el único socialdemócrata con responsabilidades gubernamentales en una de las grandes economías del ‘viejo’ continente.

En la crisis de la COVID-19, Merkel y Sánchez se encuentran en el mismo barco. Ambos defienden la creación de un “fondo de reconstrucción” dotado de ayudas millonarias tal y como propusieron en su día la canciller y el presidente francés Emmanuel Macron. Ambos quieren que ese acuerdo llegue “lo antes posible”, según ha dicho este martes la canciller en la breve comparecencia de prensa que precedió al encuentro de Merkel y Sánchez en la Cancillería Federal.

Sobre la mesa está la propuesta de un fondo dotado de 750.000 millones de euros, de los cuales 500.000 serían ayudas y 250.000 serían créditos para los países más afectados por la crisis del SARS-CoV-2, el virus de la COVID-19. Para países como España e Italia, que se encuentran entre los más golpeados por el nuevo agente infeccioso, el tiempo apremia.

“El tiempo apremia” fue precisamente la expresión que utilizó la canciller respecto a las negociaciones europeas sobre el “fondo de reconstrucción”. El tira y afloja europeo a cuenta de fondo está marcado por la negativa a un plan que contemple ayudas millonarias sin más de los llamados países ‘frugales’. A saber, Los Países Bajos, Dinamarca, Suecia y Austria.

Sánchez decía en Berlín junto a la canciller eso de que “julio tiene que ser el mes del acuerdo”. “Tenemos que tejer alianzas que abran la puerta a un gran pacto que permita a todos los europeos superar juntos la crisis del #COVID19. No habrá recuperación sin unidad” reiteraba.

Pero Merkel, sabedora de que “hay ideas divergentes” en el debate europeo, no sabe si habrá acuerdo de los 27 el viernes o el sábado. Para ella, lo que está claro es que “tenemos que actuar para superar los graves daños económicos” causados por la COVID-19.

Merkel: “no sé si una reunión será suficiente”

El lunes, en su cita con el primer ministro italiano Giuseppe Conte, en el palacio de Meseberg, al norte de Berlín, Merkel apuntaba que no sabía si una cumbre de los 27 como la de este fin de semana en Bruselas sería suficiente para llegar a un acuerdo sobre el fondo.

“No sé si una reunión será suficiente. No sé si tendremos que encontrarnos otra vez durante el verano”, señalaba la canciller. Junto a Conte, Merkel apuntaba, en cualquier caso que se necesita algo “grande” para paliar las consecuencias de la COVID-19 en Europa.

A Merkel y a Conte se les vio en sintonía del mismo modo que se dejaron ver este martes Sánchez y la canciller. El español venía de protagonizar el lunes una cita en La Haya con su homólogo neerlandés, el conservador Mark Rutte. Éste último lidera una de las cuatro naciones ‘frugales’ – o ‘tacaños’, según se mire.

Con Rutte, Sánchez no hizo declaraciones como con Merkel. Apenas hubo un posado con el holandés y unas algo vagas alusiones a los temas abordados: el presupuesto de la UE y el fondo de reconstrucción. Lo que más trascendió en esa cita en La Haya fue la confusión generada por unas palabras atribuidas a Rutte en las que instaba a los españoles a “encontrar una solución” y que fueron corregidas por la oficina del jefe del Ejecutivo holandés. La declaración se quedó en: “tenemos que encontrar una solución”.

España y Suecia, en trincheras diferentes frente a la COVID-19

Para promover la idea del “fondo de reconstrucción” como solución, Sánchez visita el miércoles al primer ministro sueco en Harpsund. En esa localidad se encuentra la residencia de verano del jefe del Gobierno del país nórdico, el socialdemócrata Stefan Löfven.

Entre Sánchez y Löfven, ambos miembros de partidos integrantes de la Internacional Socialista, podrían intuirse no pocas complicidades. Sin embargo, frente a cómo debe responder Europa a la crisis que ha traído consigo la COVID-19, Sánchez y Löfven están en trincheras diferentes.

En Suecia “se percibe una afinidad política entre Löfven, un socialdemócrata, y el socialista Sánchez, porque ambos vienen de la misma familia política, pero creo que la mayoría está de acuerdo en ver que la afinidad termina justo ahí porque lo cierto es que hay una gran diferencia entre ellos, al menos en cómo lidiar con la política europea ahora mismo”, explica a NIUS Niklas Bremberg, investigador del Instituto Sueco para Asuntos Internacionales (UI, por sus siglas suecas).

El Gobierno de Löfven, una coalición entre socialdemócratas y ecologistas, también depende de dos partidos centristas. A saber, los Liberales y el Partido del Centro. Pero incluso más allá del espectro político de quienes legislan en Estocolmo, “la mayoría de los partidos en el Parlamento de Suecia está de acuerdo en cómo lidiar con los temas europeos”, recuerda Bremberg.

Dudas suecas ante una mayor integración europea

“Hay pocos partidos suecos que quieran una mayor integración europea, fiscal o económica, y esto está afectando a la posición del Gobierno sueco y el partido socialdemócrata, que está dudando sobre la creación del fondo de reconstrucción”, señala este experto.

“Las dudas del gobierno sueco no se producen porque no quiera ayudar a países como España o Italia, pero ocurre que los socialdemócratas en Suecia y, en realidad, el resto del Parlamento dudan sobre crear un precedente y dar un paso más en la integración fiscal, económica, o hacia la mutualización de deuda”, abunda Bremberg.

A su entender, al Gobierno sueco sólo le resultaría aceptable la idea del fondo de reconstrucción tal y como lo defienden Merkel, Macron, Sanchez y compañía si éste esta dotado de un “perfil socialdemócrata”. Es decir, “si se ponen límites al dinero al que se da acceso [a través del fondo, ndlr.] para hacer que economías como la de España o Italia sean más innovadoras y más competitivas”, según Bremberg.

Justo en esto parece empeñarse Sánchez en esta gira europea antes de la próxima cumbre en Bruselas. Ante Rutte, el jefe del Gobierno español ya transmitía el mensaje de que Europa ha de salir de la crisis más resiliente más verde y más digital. En Berlín, Sánchez hablaba de un contexto actual propicio para convertir a las economías europeas en “economías más resilientes”, adaptándolas a realidades como el “cambio climático” o “la digitalización”.



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