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El rock neblinoso de Echo & the Bunnymen fue objeto de mi primera crónica de revetla. De eso hace 15 años. Por entonces amenizaban las fiestas artistas consagrados, de enorme peso en el concierto musical. La gente recuerda aquellas noches con nostalgia. En este tiempo se han sucedido cambios de gobierno y nos ha vapuleado una crisis económica y una pandemia. Parece que nos ha mirado un tuerto. Ah, y el reguetón ha tomado las calles, propiciado un cambio en la inercia de consumo que ha desplazado a la periferia a otros géneros más sustanciales. Hoy, para estar en la onda hay que perrear en la party. Pero hay que encajarlo con deportividad: la música urbana es el rock and roll de la generación millenial. En su irrupción, ambas escenas horrorizaron a sus mayores, incapaces de entenderlas del todo, pero prosperaron y se abrieron camino con la fuerza indómita de un tsunami. Mi abuela detestaba el rock and roll, yo el reguetón, en fin… el ciclo de la vida.
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