Llevar una escayola puede resultar un engorro. Además de la lesión que ha ocasionado el enyesado, rutinas diarias como ducharse, vestirse o salir a la calle se complican. Y si además el que lleva la escayola es un niño, las dificultades aumentan todavía más.

El objetivo de estos yesos es mantener inmovilizada una extremidad concreta. Pero en los primeros momentos el niño puede estar asustado o molesto, y luego olvidarse completamente de que la lleva puesta. 

Como estos tratamientos son largos, los especialistas de la Sociedad Española de Ortopedia Pediátrica (SEOP), facilitan a los padres algunos consejos para mantener la escayola en buenas condiciones y evitar cualquier problema derivado de su uso. 

Pautas para que la escayola no se estropee y cumpla su función


Pautas para que la escayola no se estropee y cumpla su función 

Una vez que se vuelve a casa con la escayola, los especialistas recomiendan:

  • Que la extremidad afectada se ponga en alto. Esto evita que la zona afectada por la lesión se hinche. 
  • Como el yeso no estará completamente seco, es importante colocarlo en un cojín, no sobre una superficie dura que lo puede deformar. 
  • Es importante comprobar que no hay problemas de circulación sanguínea en la extremidad. «Esto se hace apretando un poco los dedos hasta que se vuelven blancos y soltándolos hasta que vuelve el color rosado normal», explican desde la SEOP.
  • Esto se debe realizar cada hora durante las 12 primeras horas tras el enyesado. Una vez pasado este tiempo se debe comprobar varias veces al día. 

La siguiente recomendación probablemente sea la más difícil cuando el paciente enyesado en un niño. Hablamos de la limpieza de la escayola. Aunque parezca una labor imposible hay que mantener el yeso limpio. ¿Cómo? Pasándole un paño húmedo.

Los ortopedas pediátricos también aportan un truco: dar una capa de pintura plástica en las zonas más expuestas.

  • NUNCA se debe bañar al niño con un yeso puesto. Lo mejor son duchas rápidas y con lo yeso protegido por un plástico. 
  • Una de pautas que nos permiten saber que la escayola sigue bien colocada es que se tienen que ver la parte superior de los dedos. Si no es así es significa que el yeso se ha aflojado y se ha deslizado, con lo que no está cumpliendo su objetivo de corregir la lesión.
  • No se debe modificar la escayola recortándola por ningún lado. 
  • Es importante que el niño no meta ningún objeto dentro de ella. 

Si los dedos se hinchan, no se puede mover correctamente o adquieren un color violáceo hay que acudir al médico.


Cuándo hay que acudir a urgencias

Hasta aquí hemos visto las recomendaciones para mantener en condiciones la escayola para que nunca deje de cumplir el objetivo de inmovilizar y recuperar la lesión. 

Pero hay ocasiones en las que pueden surgir complicaciones y en las que lo más indicado será acudir a urgencias traumatológicas.

Los expertos de la SEOP enumeran algunas de estas complicaciones. 

  • Si los dedos aparecen hinchados, pálidos o adquieren un color violáceo, si están fríos y duelen hay que acudir a un centro hospitalario. 
  • Si el niño se queja de dolor, escozor o picor de manera reiterada y persistente en la extremidad enyesada. 
  • Cuando no se pueden mover bien los dedos. 
  • En el caso de que el yeso se haya mojado, fisurado o roto accidentalmente.
  • Cuando la escayola huele mal.
  • Si el yeso está causando heridas o erosiones en la piel. 

Hay ocasiones en que es preciso poner una escayola después de realizar una intervención quirúrgica en la extremidad. En estos casos, los ortopedas pediátricos explican que las señales que nos alertan sobre que algo está mal son: 

  • Fiebre de 38.5 C o más, sin que hay ninguna causa aparente. La alta temperatura puede ser síntoma de una infección en la herida que está bajo el yeso.
  • El yeso aparece manchado. Esto puede deberse a un sangrado, exudación o supuración de la herida.



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