Fue quizá el ciudadano más repetidamente detenido en la España franquista, de norte a sur (“me conocía todas las comisarías”), y se considera todavía “la oveja negra del flamenco”, ese arte musical que, en su voz y en su quejido, cobra forma de protesta, en línea con la sensibilidad de lo que él llama “los cantautores de la libertad”. Es Manuel Gerena, figura de leyenda, que sigue viendo el cante jondo como ”una gran vía de comunicación reivindicativa”, y que actúa este viernes en el teatro Joventut, de L’Hospitalet, acogido por el festival Barnasants.

Se ha prodigado muy poco por Cataluña en las últimas décadas, él, que entre 1970 y 1974 vivió en L’Hospitalet y en Santa Coloma, y que llegó a sentir que “pertenecía más a la ‘nova cançó’ que al flamenco”. Paco Candel Manuel Vázquez Montalbán escribieron textos para su libro, y doble álbum, ‘Cantes del pueblo para el pueblo’ (1974), y su cante resonó en el concierto ‘Som una nació’, en 1981, junto a Lluís Llach, Marina Rossell, La Trinca y Al Tall. “Mira que había banderas catalanas en el Camp Nou… ¡Pues, banderas andaluzas había así también!”, evoca juntando las yemas de los dedos. “¡Y extremeñas!”.

‘Niñatos’ con pistolas

Gerena iba para electricista, pero del cruce de su mirada concienciada (“a los 13 años ya militaba en el PCE y en CCOO”) con la incipiente escritura de “coplillas influidas por el trabajo del campo” y el amor al flamenco salió una vocación que, a partir de 1968, le llevó a salir la Puebla de la Cazalla, su pueblo sevillano, a cantar para los inmigrantes en Alemania y Francia. “En París me quedé un mes y conocí el mundo del exilio”, explica. “A la gente de la editorial Ruedo Ibérico y a Paco Ibáñez, que hizo gestiones para que pudiera actuar en la fiesta de ‘L’Humanité’ y de quien me hice muy amigo”.

El régimen hubiera preferido que se quedara allí, extramuros, pero él prefirió seguir dando guerra en España, aunque tuviera que vérselas con situaciones peliagudas, también durante la Transición. “Niñatos de Fuerza Nueva en primera fila del teatro Monumental, de Madrid, jugando con pistolitas para acojonarme y reventar el concierto”, recuerda. “A ellos, la policía no les pidió el DNI para entrar”.

Del barrio a la universidad

Trabó amistades con Alberti, Picasso y Brossa, contó con guitarristas de élite (Juan y Pepe Habichuela, un adolescente Rafael Cañizares) y se movió “entre dos mundos”, el popular y el ilustrado, llevando su autodenominado ‘flamenco-protesta’ “a los barrios y a las universidades”. Fue el primer flamenco en actuar en el Palau de la Música, en 1974, y todavía recuerda, aquel día, “a gente de los barrios yendo por la plaza de Cataluña y preguntando ‘¿dónde está el Palau?’”.

Gerena sigue “viviendo en la carretera”, dice, “recorriendo España de una punta a otra”, ahora con el guitarrista Juan Ignacio González. Regresa a Barcelona a los 76, tras publicar un disco (‘En vivo’) y un libro con tres CD (‘Sobre el amor y el desencanto’), y recién recuperado de un infarto. Su noción de la vida y el arte no ha cambiado. “Al poeta que escribe en favor del pueblo, y al que canta también para el pueblo, les reclamo que deben llevar una vida muy parecida al propio pueblo. No puedes hacer lo contrario de lo que cantas”, reflexiona. “Y eso no tiene nada que ver el dinero. Lo digo yo, que no lo tengo”. 



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