Nobel de Medicina 2021 para los descubridores de los receptores de la temperatura y el tacto

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La percepción de la temperatura y el tacto son dos de las claves evolutivas de miles de especies de nuestro planeta y el ser humano no es una excepción. Nuestra relación con el entorno que nos rodea ha dictado nuestros patrones de comportamiento desde hace milenios y ha condicionado nuestras decisiones.

Sin embargo, notar frío, calor o la diferencia entre una superficie lisa y otra rugosa son sensaciones que damos por hecho en el día a día sin saber cómo se producen los impulsos nerviosos que nos permiten percibirlas. David Julius y Ardem Patapoutian han conseguido la solución a estas incógnitas, un esfuerzo que ha reconocido la Real Academia de las Ciencias de Suecia, en Estocolmo, galardonándoles con el Premio Nobel de Medicina o Fisiología de 2021.

«David Julius utilizó capsaicina, un compuesto irritante del chile picante que produce una sensación de quemazón, para identificar los sensores de los receptores nerviosos de nuestra piel que responden al calor», afirma la Real Academia de las Ciencias de Suecia en un comunicado. Del mismo modo, la entidad ha reconocido las investigaciones de Ardem Patapoutian al «utilizar células sensibles a la presión para descubrir una nueva clase de sensores que responden a los estímulos mecánicos en la piel y en los órganos internos».

Hasta ahora no sabíamos cómo se producían los impulsos nerviosos que nos permiten percibir el frío, el calor o el tacto en nuestra piel

Por lo tanto, el galardón premia unos descubrimientos que han abierto nuevas vías para la investigación y el entendimiento de cómo nuestro sistema nervioso siente el calor, el frío y los estímulos mecánicos. «Los galardonados identificaron los puntos críticos que faltaban en nuestro entendimiento de la compleja interacción entre nuestros sentidos y el entorno que nos rodea», añade la Academia.

¿Cómo percibimos lo que nos rodea?

No es la primera vez que el ser humano imagina cómo funcionaría su propio cuerpo a la hora de sentir los estímulos. En el siglo XVII, René Descartes ya teorizó sobre las redes que conectarían diferentes partes de la piel con el cerebro y, con el paso del tiempo, no sería el único. Algunas investigaciones más recientes demostraron la existencia de neuronas sensoriales especializadas que registran los cambios en nuestro entorno, todo un proceso de evolución en los estudios de esta materia que llegó a un punto cumbre en 1944.

En aquel año, Joseph Erlanger y Herbert Gasser recibieron el Premio Nobel de Medicina por su descubrimiento de diferentes tipos de fibras nerviosas sensoriales que reaccionan a diferentes estímulos, como la respuesta al dolor en el tacto. Desde entonces se ha demostrado que las células nerviosas están muy especializadas para detectar y traducir otros tipos de estímulos, permitiéndonos, por ejemplo, sentir la diferencia entre las texturas de diferentes superficies a través de nuestras yemas de los dedos.

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