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Opinión | El creciente afán recaudatorio de Hacienda

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Opinión | El creciente afán recaudatorio de Hacienda

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La Hacienda española acabará el año descorchando el cava y comiendo más y mejores turrones que nunca. De espectaculares pueden definirse las cifras de ingresos tributarios hasta octubre. Más de un agente se llevará una palmada en la espalda de su superior. Nunca como en estos últimos años ha habido tantas inspecciones -individuales y empresariales- y nunca como en estos años ha habido tanto retraso en la entrega de las devoluciones.

En los nueve primeros meses del año, el Estado ha ingresado gracias a los impuestos pagados por ciudadanos y empresas 223.695 millones de euros, un 16,9% más respecto al mismo periodo de 2021 y que equivale a todo lo recaudado el año pasado. En el análisis hay que tener en cuenta el efecto que ha tenido la inflación, cuya cifra interanual, según la previsión de noviembre, es del 6,7%.

Para las cuatro partidas principales, el desglose es el siguiente, comparado con el año pasado y el aumento en porcentaje:

– IRPF: 92.717 15,8

– IVA: 73.345 17,9

– Sociedades: 29.388 30,7

– Especiales: 17.028 16,9

Teniendo en cuenta que en España hay 20,5 millones de empleados activos, representa que la media pagada hasta octubre por cada uno de ellos, solo en IRPF, suma 4.512 euros. Aquí están incluidas las retenciones que realizan las empresas sobre el salario bruto y que, según la Agencia Tributaria, al haber crecido el número de empleos y haber aumentado los salarios, ha sido una de las causas de la mayor recaudación por IRPF.

Otras dos causas, según el documento mensual que publica el ministerio de Hacienda, han sido el aumento del consumo y de los beneficios empresariales. En el primer caso gracias al ahorro generado durante la pandemia en 2020 y 2021 por parte de las familias y a pesar de la rebaja del IVA en productos considerados básicos y servicios como la electricidad. En el segundo caso, este año ha venido marcado por la recuperación de los beneficios empresariales.

¿Cómo afecta el aumento de la presión fiscal a los ciudadanos? En números redondos, tomando como ejemplo a una familia de dos hijos con unos ingresos conjuntos de 55.000 euros (el salario medio por empleado en España es 27.570 euros brutos al año) éste es el resultado. Paga en IRPF 7.000 euros. Suponiendo que dedica a vivienda una tercera parte de los ingresos, le quedan 29.850 euros. Si aporta disciplinariamente un 10% de estos a ahorro o inversión (algún día pagará impuestos de nuevo por ellos), consume 26.900, de los que en impuestos indirectos paga alrededor de 5.000 euros tras considerar el reparto de los distintos IVA’s e impuestos locales y especiales. Total entre directos e indirectos: 12.000 euros en impuestos, un 21% de los ingresos brutos.

¿Posibilidades de desgravar? Cada vez menos. Siguen desgravando las pensiones compensatorias al divorciarse o si mantiene una vivienda comprada antes de 2013. Las aportaciones a fondos de pensiones privados, hasta 1.500 euros anuales (hasta 8.000 si es la empresa que aporta del salario) se mantienen vivas. Si necesita dinero en efectivo y necesita vender inversiones por afrontar gastos, siga la recomendación del análisis de esta semana en ‘activos’: venda aquellos valores con minusvalía. Las desgravaciones son cada vez menos, aunque siempre tiene la opción de renovar su casa acorde con las nuevas recetas verdes.

Es improbable, por no decir imposible, que el afán recaudatorio del Gobierno con el incremento de los impuestos ordinarios y la creación de nuevos se pare. Recientemente aprobados por el Congreso, los Presupuestos Generales del Estado de 2023 apuntan a unos gastos sociales de 274.445 millones de euros, de los que 190.000 se dedicarán a pensiones.

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Las previsiones del Gobierno son especialmente optimistas al considerar que la economía crecerá un 2,1% y que la inflación se controlará con el paso de los meses. No existe ningún organismo independiente, internacional y nacional, que considere que España vaya a crecer por encima del 2%. La mayoría de análisis estima que se situará entre el 1% y el 1,5% gracias a una mayor recuperación en el segundo semestre. Los escenarios más negativos apuntan a un decrecimiento de la economía en los dos próximos trimestres. Si esto fuera así y viniera acompañado de un aumento del desempleo, significaría que la economía española habrá entrado en recesión.

Pronosticar escenarios económicos a medio plazo, incluso a corto, sin saber cómo la guerra en Ucrania y el aislamiento progresivo de Rusia afectará a los precios de la energía y resto de materias primas, es fútil. Si agregamos a la ecuación el comportamiento de China, cuya economía sigue sufriendo los confinamientos pandémicos, las incógnitas se redoblan. Solo hay segura una cosa: pagará más impuestos. 

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