Poco se habla de los mares y océanos. Como seres terrestres que desempeñan la mayor parte de su actividad en tierra firme, es lógico que centremos nuestra mirada en el suelo que pisamos. Sobre la evolución de los continentes y el movimiento de las placas tectónicas han corrido ríos de tinta. Puede suponerse un raro hecho que hoy en día el lector medio no haya escuchado hablar sobre la Pangea, o sobre como el desplazamiento de las grandes masas de tierra sobre el manto de nuestro planeta a lo largo de millones de años ha otorgado a la Tierra sus múltiples configuraciones y sobre como estas han condicionado la vida en la Tierra.

Sin embargo, más allá de las masas terrestres emergidas, como si del negativo de una fotografía se tratara, estos movimientos continentales también han dado lugar a grandes cambios en lo que a la distribución de las grandes masas de agua de nuestro planeta se refiere. Nos jactamos de vivir en un planeta llamado Tierra, pero al final del día habitamos en un mundo azul dominado por el agua, fundamento y condición indispensable para la vida, por lo que hoy dedicamos estas líneas al que fuera el mayor lago de agua dulce en la historia de nuestro mundo: hablaremos de Paratetis, de su evolución y desaparición, y de como esta segunda cambio para siempre las condiciones en las que desarrolla la vida.

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Paratetis: particularidades de un paleolago

Para hablar de Paratetis hemos de remontarnos a comienzos del Mioceno tardío. Hace unos 11,6 millones de años el continente europeo era muy diferente al actual. Al oeste, África y Europa se encontraban separadas por un archipiélago. Hacia el sur, lo que hoy corresponde a las zonas de la península de Anatolia y los Balcanes era una masa continua de tierra que comenzaba a dividirse y separarse dando paso a varios lagos que se convertirían en el moderno mar Egeo. Mientras, las masas de tierra que hoy conforman la Italia actual se hallaban esparcidas en un grupo de islas en lo que hoy es el mar Mediterráneo central.

En su mayor extensión Paratetis se derramó desde los Alpes orientales hasta lo que hoy es Kazajistán cubriendo de agua más de 2,8 millones de kilómetros cuadrados

Y es que cuando las placas continentales colisionaron hace aproximadamente unos 12 millones de años, no solo levantaron nuevas montañas en Europa, sino que crearon el lago más grande que el mundo haya conocido. Este vasto cuerpo de agua se llamó Paratetis, que en su mayor extensión se derramó desde los Alpes orientales hasta lo que hoy es Kazajistán cubriendo de agua más de 2,8 millones de kilómetros cuadrados. Para hacernos una idea de sus dimensiones, según se describe en un articulo publicado recientemente en la revista Science Reports bajo el título Late Miocene megalake regressions in Eurasia,este enorme cuerpo de agua ocupó un área mayor al actual mar Mediterráneo albergando en su momento de mayor esplendor hasta 1,77 millones de kilómetros cúbicos de agua: más de 10 veces el volumen de todos los lagos de agua dulce y salada de la actualidad.

¿Mares de agua dulce o lagos gigantes?

Pese a que Paratetis fue un lago, por su extensión y en analogía con los mares actuales bien podríamos considerarlo un mar. De hecho comenzó sus andanzas como tal, conformándose inicialmente como un mar epicontinental que se formó a principios del Oligoceno, hace unos 34 millones de años, a partir de los remanentes del océano norte de Tetis.

Sistema estable en el megalago Paratetis

Sistema estable en el megalago Paratetis



Foto: Dan Palcu et al.

Sin embargo más allá de su origen, lo que verdaderamente caracterizó a Paratetis fueron los constantes episodios de inestabilidad hidrológica, desecación, fragmentación progresiva, así como las constantes variaciones en el aporte y retirada de agua y sedimentos, y con ello de su salinidad, debido principalmente a la tectónica de placas y a diversos cambios en el sistema climático.

La salinidad de Paratetis osciló entre valores del 12 y el 14%. La salinidad de los océanos y mares actuales se sitúa en torno al 30-35%.

Así, aunque su cronología, magnitud e impactos todavía están poco documentados, este colosal lago se caracterizó por varios episodios de inestabilidad volumétrica y desecación parcial. Como decíamos, en sus comienzos a principios del Mioceno tardío, el antiguo mar de Tetis se transformó en un megalago caracterizado por salinidades anomalohalinas, que generalmente oscilaron entre el 12 y el 14%. Para obtener una comparación, diremos que los actuales océanos y mares poseen una salinidad de entre el 30 y el 35%.

Cambio en el clima

Posteriormente diversos cambios en el clima y la tectónica de placas hicieron que el lago se encogiera drásticamente en al menos cuatro ocasiones durante su vida de aproximadamente 5 millones de años. En uno de los eventos de desecación más acusados, se calcula que los niveles de agua cayeron hasta 250 metros en tan solo 0.25 millones de años. Durante ese mayor episodio de contracción, el lago perdió hasta un tercio de su agua y más de dos tercios de su superficie lo que hizo que la salinidad del agua en la cuenca central del lago, la cual hoy coincidiría con los contornos del Mar Negro, se disparara hasta alcanzar la salinidad de los mares actuales.

“Identificamos cuatro regresiones principales que se correlacionan con eventos de aridificación, cambios de vegetación y cambios de fauna en gran parte de Europa”

“Nuestro estudio muestra que los principales episodios de desecación ocurrieron hace entre 9,75 y 7,65 millones de años” explica el paleo-oceanógrafo Dan Palcu, de la Universidad de São Paulo, autor principal del articulo publicado en Science Reports. “Identificamos cuatro regresiones principales que se correlacionan con eventos de aridificación, cambios de vegetación y cambios de fauna en gran parte de Europa”, prosigue.

Sistema durante episodios de desecación parcial en Paratetis

Sistema durante episodios de desecación parcial en Paratetis



Foto: Dan Palcu et al.

“Nuestras reconstrucciones paleogeográficas revelan que Paratetis se transformó profundamente durante los episodios de regresión, perdiendo hasta un tercio de su volumen de agua y aproximadamente el 70% de su superficie durante los eventos más extremos. El agua restante se almacenó en un lago salado central y en cuencas desalinizadas periféricas, mientras que vastas regiones de hasta 1,75 millones de kilómetros cuadrados se convirtieron en tierras emergentes aptas para el desarrollo de paisajes de estepa forestal”, añade.

Habitantes de un ecosistema extinto

Único en su naturaleza, y quizá irrepetible hasta nuevamente pasados millones de años en nuestro planeta, de la misma manera Paratetis desarrolló en su seno una fauna y flora endémica entre las que encontraron por ejemplo diversos moluscos, ostrácodos e incluso una especie conocida como Cetotherium riabinini, las ballenas más pequeñas conocidas. Versiones en miniatura de los actuales delfines y focas bucearon en sus aguas. Sin embargo la naturaleza variable y abrupta del lago propició que su historia se viera acompañada de múltiples crisis biológicas en las que la vida acuática en el mejor de los casos se redujo considerablemente, y en las que grupos completos de foraminíferos o nanoplancton desaparecerían casi por completo.

Sin embargo no fue la vida acuática la única que se vio afectada. La constantes retiradas del lago también propiciaron que, a medida que descendieron los niveles de agua, las costas recién expuestas se convirtieran en pastizales y puntos calientes para la evolución. De hecho, el registro fósil muestra que en las áreas ubicadas al norte de Paratetis, antepasados ​​de las cabras y ovejas actuales pastaron en compañía de antílopes primitivos. Con las diversas desecaciones estos animales acabarían migrando para establecerse en África y evolucionar hasta conformar la biodiversidad actual de sabana africana.

La constantes retiradas del lago también propiciaron que, a medida que descendieron los niveles de agua, las costas recién expuestas se convirtieran en pastizales y puntos calientes para la evolución

Por otra parte, el destino de aquellas especies que no consiguieron adaptarse no fue tan halagueno. Según la cronología establecida por los investigadores, Paratetis se acercó a su abrupto aunque apoteósico final entre hace unos 6,9 y 6,7 millones de años. Según la teoría, la erosión acabaría creando una salida al mar en su parte sur adoptando la forma de una impresionante cascada la cual hoy se cree enterrada en las profundidades del mar Egeo. Esta cascada dio origen a un río que moriría en nuestro mar Mediterráneo, en el que con suerte en estos momentos te encuentras a sus orillas leyendo este artículo. Y bañándote quizá, en aquel mismo agua, 11 millones de años después.

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