La OMS ha decidido hacer un llamamiento a los diferentes gobiernos pidiendo que no se bajen las medidas contra el coronavirus ni el rastreo de los casos.

Y menos, dicen, cuando una subvariante altamente infecciosa de ómicron, BA. 2, se está extendiendo por todo el mundo

Porque para convivir con el coronavirus, no podemos estar ciegos a sus movimientos.

La advertencia de Maria Van Kerkhove

Mientras una parte del mundo habla de un repunte del coronavirus y la todavía desconocida amenaza de la nueva subvariante BA.2, otra se dedica a pensar en la manera de quitar las limitaciones y hasta los rastreos.

Es en lo que están muchos líderes políticos de países ricos, que insisten en que ya no merece la pena seguirle la pista a la pandemia.

Pero la directora técnica de la OMS para la lucha contra la COVID, Doctora Maria Van Kerkhove, mantiene que todavía es crucial que los sistemas de vigilancia «no se desarmen». 

No es buen momento para levantar el control

Llevamos más de 18 millones de muertos. La pandemia ha dejado millones de familias destrozadas, personas incapacitadas… y hasta ha golpeado con dureza a la economía mundial.

Y justo cuando después de un tiempo de tranquilidad aparece una nueva amenaza, en forma de subvariante de ómicron, los informes sobre los movimientos del virus están comenzando a disminuir.

Pero para no relajar ni una sola de las medidas, al mundo debería bastarle con saber que la nueva cepa BA.2 es altamente infecciosa y se está extendiendo por todos los países.

Además, y por si esos datos no fueran suficientes, también se está observando que están volviendo a subir las hospitalizaciones.

Lo que dice la directora técnica de la OMS

No se trata de pensar que la nueva subvariante de ómicron pueda poner otra vez al mundo patas arriba. Los científicos no consideran muy probable que eso vaya a ocurrir. Pero reconocen que el futuro es incierto y piden que no se baje la guardia.

Lo ha vuelto a decir Maria Van Kerkhove, líder técnica para COVID-19 en la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Asegura que el recorte de medidas preventivas que se están planteando o decidiendo los países no se basa en pruebas científicas. Y asegura que solo son medidas políticas que, además, podrían tener consecuencias desastrosas para el mundo. 

Sin dramatismos, pero alarmada

Por eso insiste la doctora en que es crucial que “los sistemas que se han implementado para la vigilancia, para las pruebas, para la secuenciación… no solo no se abandonen, sino que se refuercen. Porque el momento así lo requiere”.

Dejando claro, por supuesto, que la OMS no se ha puesto a hacer anuncios apocalípticos ni a saltar las alarmas del mundo. Lo hizo cuando lo había que hacer y, desgraciadamente, hemos aprendido que no exageraban.

Pero ahora, con el prestigio recuperado porque los datos le han dado la razón, tiene algo que decir a los políticos del mundo. 

El mundo se está parando ante la COVID-19

La triste realidad, en opinión de la OMS, es que en la mayoría de países la frecuencia de los informes nacionales sobre la incidencia de la pandemia está cayendo.  

Y por primera vez desde aquellos primeros meses del 2020 están por debajo de los cinco días a la semana, según los editores del sitio web Our World in Data

Los ejemplos de un menor seguimiento se suceden

En los Estados Unidos, los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) todavía informan datos a nivel nacional. Pero ya están haciendo menos informes en tiempo real de las cifras de muertes e infecciones a nivel local. 

Todos los estados, menos ocho, han reducido su reporte de datos a cinco o menos días a la semana. Y Florida anunció la semana pasada que ahora solo informará quincenalmente.

El panel de seguimiento de COVID-19 del gobierno del Reino Unido, uno de los más completos del mundo, está deteniendo sus actualizaciones de fin de semana de infecciones, mortalidad, hospitalizaciones y vacunas, agrupando las cifras del sábado y el domingo con las del lunes. 

Y el primer ministro Boris Johnson defiende esta medida diciendo que esto forma parte de los planes para «vivir con COVID».

La tendencia a la baja en los informes es sutil, pero refleja otros signos de complacencia sobre la COVID-19. 

Las pruebas de diagnóstico se reducen

El Reino Unido, por ejemplo, ya no proporcionará pruebas de diagnóstico gratuitas. 

Varios de sus programas de recopilación de datos también están finalizando. 

  • REACT-1, un estudio de prueba aleatorio de larga duración, perderá su financiación gubernamental a finales de este mes. 
  • ZOE, una aplicación móvil que los residentes pueden usar para registrar sus síntomas de COVID-19, también ha perdido su financiación pública. 

Pero los Estados Unidos y el Reino Unido no son los únicos. 

En muchos países los dirigentes políticos están cambiando hacia la adopción de lo que en España, por ejemplo, han decidido bautizar como una «nueva normalidad». 

Por supuesto, en el trasfondo de todo estos se encuentra la intención de reducir los presupuestos nacionales a medida que los gobiernos buscan aumentar el gasto público en otros objetivos, ahora relacionados con la crisis económica y la guerra.

Europa Press


¿Están miopes los gobernantes?

 Como dice un artículo de la prestigiosa revista Nature, reducir la vigilancia del virus en este momento es miope. 

Y añaden los autores:

«Es como detener un ciclo de antibióticos ante la primera señal de alivio de los síntomas: aumenta el riesgo de que la infección vuelva a aparecer».

Es más, un estudio publicado la semana pasada dice que la próxima variante bien podría ser más peligrosa que las que circulan ahora.

Por eso resulta trascendente saber que las decisiones de salud pública deben basarse en los mejores datos disponibles. 

Y si no se recogen los datos para tener la información antes de decidir, las consecuencias pueden ser funestas:

  • «Cortar la capacidad de rastrear y responder al virus mientras la mayor parte del mundo permanece sin vacunar, hace que estas decisiones sean menos confiables». 
  • «Y también reducirán la capacidad de las personas para tomar decisiones sobre su propia seguridad».

Si no hay datos suficientes ¿Quién decide?

Los autores del artículo publicado en la revista Nature consideran que todo esto todavía es más indignante si tenemos en cuenta que demasiadas autoridades parecen cada vez más dispuestas a que cada uno tome sus propias decisiones.

Pero eso va a conducir a dejar el peso de la pandemia en manos de los médicos de atención primaria.

Porque serían ellos quienes deberían decir a las personas si deben usar mascarilla, quedarse en casa, ir o no al teatro…

Y además, tendrían que enfrentarse a esas decisiones justo cuando hay menos datos sobre la transmisión y no sabrían en qué momento nos encontramos.

No sabrían si los contagios suben, si bajan, si hay muchos, si requieren hospitalización…

Y como la batalla del coronavirus nadie puede asegurar que esté ganada, mejor no dejarle el campo libre al SARS-CoV-2.





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