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La ansiedad y desesperanza se ha apoderado de los ecuatorianos. Todos vivimos inseguros y con un futuro incierto; pero tienen que recapacitar tomando en nuestras mentes el legado de Fernando Villavicencio, que nos invita a levantarnos con la luz de Dios para que nuestro país salga de esta turbulencia y tomar el camino de continuar en la lucha por una patria grande, democrática con libertad.
Por eso invoquemos al Espíritu Santo para que en las próximas elecciones seamos iluminados todos los electores y así dar el voto por un presidenciable que recoja las auténticas necesidades y aspiraciones que nos lleve a reconstruir un país grande y libre para que no seamos como países que están en malas condiciones. Mejor seamos como El Salvador y Singapur con toda la justicia; como Suiza con inmenso trabajo y felicidad; como potencias mundiales con sus grandes economías; y finalmente, como Roma con la paz y el amor.
¡Dios salve a Ecuador! (O)
Vicente Eduardo Ocaña García, médico, Guayaquil
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