El historiador avilesino Rubén Domínguez, presidente del Centro de Estudios Alfoz de Gauzón, eligió una provocativa frase del Evangelio de San Lucas –“gritarán las piedras”– para titular la charla que dio ayer, a iniciativa de la Hermandad de la Santa Cruz, sobre el rico patrimonio religioso del municipio, del que hizo un repaso exhaustivo.

La alusión bíblica, según explicó el ponente, no era tanto por la posible reivindicación de una mayor atención al patrimonio avilesino –“que también podría ser”, admitió– sino por el poder de “comunicación” que tienen las piedras centenarias e incluso milenarias si quien las mira sabe “escuchar”. O dicho de otra manera, “convendría mirar al patrimonio sabiendo qué es lo que vemos para así valorarlo debidamente”.

En opinión de Rubén Domínguez, “no se me ocurre mejor forma de proteger y conservar el patrimonio que conocerlo y entender su significación histórica, lo que supone en términos de testimonio de nuestros antepasados”. Y es por esto que Domínguez defiende la conveniencia de llevar la formación en materia de patrimonio al ámbito de las escuelas: “Cuanto más entendemos lo que nos rodea, más aprecio le cogemos y, hablando de patrimonio, más fácil resultará desarrollar estrategias objetivas y eficaces de conservación”.

Cuando Rubén Domínguez mira a las piedras que emergen en cualquier rincón de Avilés ve “arte e historia” y se siente un privilegiado por vivir en un concejo “que pese a ser pequeño concentra una gran riqueza patrimonial”. El joven historiador no hace distingos entre monumentos: “No concibo jerarquías patrimoniales, todo tiene un valor”.

Consecuente con ese criterio, en la charla se refirió tanto a los vestigios milenarios de las iglesias de San Lorenzo de Cortina y San Nicolás de Bari como a elementos de hormigón muchísimo más cercanos en el tiempo. En su repaso salieron a relucir iglesias, conventos, monasterios, ermitas, oratorios, capillas y hasta cruceros del Camino de Santiago; incluso hubo apuntes para el patrimonio destruido. Porque también en Avilés hubo piedras que por no haber sido “oídos sus gritos” se quedaron mudas.



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