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Pisa el terreno donde trabajan, «por mucho que pueda crecer la compañía», para tener presencia constante y saber qué ocurre en el negocio tal y como le ha enseñado su padre. «Mucha pasión, convicción y predicar con el ejemplo. Las palabras convencen pero el ejemplo arrastra». Es la manera que conoce Sabina Fluxá, vicepresidenta y CEO de Iberostar, para seguir trasladando la cultura de la empresa familiar a los 16 países en los que el grupo está hoy presente con 97 hoteles de 4 y 5 estrellas y más de 33.000 trabajadores. Y así lo transmite cuando habla de la compañía que lidera, con constantes referencias a los valores y a todo lo que aporta cada miembro de la familia. «No se puede entender el presente sin una mirada al pasado», sentencia.

Con un volumen de negocio que se situó en 2.780 millones de euros en 2022, sigue hablando de Iberostar como una empresa familiar «que va evolucionando pero cuyos valores permanecen intactos y se transmiten de una generación a otra». Unos valores que, «en realidad, se traducen en cultura corporativa» y en cómo entienden «la manera de hacer negocios», y que se resumen en: la responsabilidad, la transparencia, la humildad, «reconocer nuestros límites y ser capaces de hacer autocrítica», la pasión, «que mueve el mundo», y la creatividad, «que va vinculada a la innovación, imprescindible en nuestro sector».

Orígenes en el siglo XIX

La historia empresarial de los Fluxá se remonta a 1877, cuando Antonio, artesano zapatero, empezó a fabricar complementos de piel y zapatos en Inca (Mallorca). Menos de 20 años después, ya poseía 11 talleres y cinco fábricas. Bautizó su primera marca como Lottusse, que era el nombre de una de las máquinas que se había traído de un viaje al Reino Unido. Su hijo Lorenzo Fluxá Figuerola heredó la fábrica e inició la expansión internacional. Además, compró Viajes Iberia, entonces una empresa pequeña, e impulsó esa área del negocio. Miguel Fluxá Rosselló, de la tercera generación, se puso al frente del negocio turístico familiar, creó el touroperador Iberojet en los 70 y después lanzó la cadena Iberostar. Su hermano Antonio cogió las riendas de Lottusse y Lorenzo creó Camper.

Sabina, la hija mayor de Miguel Fluxá y de Sabine Thienemann, nació en Palma en abril de 1980. Un año más tarde llegó su hermana Gloria, también vicepresidenta y chief sustainability officer (CSO) del grupo. Dos mujeres que, desde bien pequeñas, tuvieron claro que tenían una responsabilidad con el negocio familiar, las personas que lo forman, los destinos en los que operan y los entornos que los acogen.

Hasta llegar a la universidad, Sabina estudió en diversos colegios de Palma y de Suiza. Luego se licenció en Administración y Dirección de Empresas en Esade y cursó el programa de alta dirección del IESE Business School. De ella dicen que ya en esa época transmitía «un brillo especial en los ojos». «Era rápida adquiriendo conocimientos y habilidades, pero además tenía una tercera competencia básica para multiplicar todo aquello que aprendía: la aptitud», recuerdan profesores que la trataron. Actualmente, la mayor de las Fluxá es además vicepresidenta del Instituto de la Empresa Familiar y forma parte del consejo asesor regional del BBVA. Y para desconectar practica yoga, «nada en el mar y pasa tiempo de calidad» con sus hijas y su familia.

Buena comunicación

De su madre ha aprendido «a comunicarlo todo, y es impresionante -asegura- la cantidad de problemas que se resuelven con una buena comunicación». A su entender, uno de los secretos del éxito se esconde en saber encontrar el justo equilibrio entre la rentabilidad y el legado. «Tenemos que ser muy rentables para poder defender el modelo de turismo de calidad en el que creemos y ser sostenibles a largo plazo, pero no a cualquier coste, queremos tener siempre en cuenta el impacto que nuestra actividad genera», señala.

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La compañía trabaja, según la empresaria, «con una visión a largo plazo basada en la circularidad y una ambiciosa Agenda 2030 para ser libre de residuos en 2025, neutral en emisiones de carbono en 2030 y 100% responsable en su cadena de suministro de productos de mar en 2025, así como mejorar la salud de los ecosistemas que rodean los hoteles». Todo ello con el convencimiento de que tanto las personas como la tecnología son facilitadores clave para integrarlo en la estrategia del negocio y aterrizarlo en la experiencia del cliente. «Todo lo que hacemos lo medimos porque la sostenibilidad no avanza si no la mides. Utilizamos datos de forma constante y marcamos nuestras prioridades incorporando la voz de la ciencia en el negocio», explica.

Además, para la CEO de Iberostar, «la calidad es sagrada». «Nuestro modelo -argumenta- está orientado a un turismo de valor añadido. Llegado el caso, preferimos reducir algo de margen de beneficio y no tocar la calidad. Es una apuesta y una visión a largo plazo que al final es rentable».

Alianza con los más grandes

La CEO de Iberostar detalló la semana pasada, durante la última conferencia realizada en Matins Esade, la alianza comercial «con la tercera cadena hotelera más grande del mundo», InterContinental Hotels Group (IHG), firmada en noviembre de 2022. IHG cuenta con 6.000 hoteles, y 2.000 más en desarrollo, que suman un total 1,2 millones de habitaciones y presencia en más de 100 países. Un pacto estratégico para la hotelera balear, que comercializará con ellos hasta 70 de sus hoteles ubicados en primera línea de playa. Quedan fuera los establecimientos urbanos y los 18 que gestiona en Cuba. «Nos reporta la notoriedad de marca, incrementar nuestro canal directo y acceder a más de 100 millones de miembros de su programa de fidelización», indica Sabina Fluxá.

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