Dice Humberto Cornejo que con el inventario de trajes de su sastrería para actores de cine, teatro y televisión podría vestir a medio millón de personas. Él regenta una de las dos sastrerías más importantes de Europa en esta especialidad (la otra es Angels Costumes de Londres), un negocio fundado por sus abuelos hace cien años. Para celebrarlo, los Teatros del Canal han organizado una exposición en el que hermanan a Cornejo con el centenario del Galdós, mostrando el vestuario de las numerosas producciones teatrales y audiovisuales de obras del literato que el célebre taller ha vestido.

Esta exposición es una excusa para profundizar en el funcionamiento de la peculiar sastrería Cornejo, a la que recurren directores de todo el mundo, como por ejemplo y por nombrar las producciones en marcha, la que prepara Ridley Scott sobre Napoleón o la nueva de terror de Guillermo del Toro; o series de televisión como Los herederos de la tierra, sobre el bestseller de Ildefonso Falcones, y Jaguar, dirigida por Carlos Sedes y Jacobo Martínez. Además, la sastrería es el gran abastecedor de las producciones teatrales de todo el país.

Humberto Cornejo es la tercera generación al frente de la sastrería que fundaron sus abuelos Humberto y Gavina en 1920. Según cuenta, fue el deseo de matrimonio y la búsqueda de un modo de ganarse la vida de la joven pareja lo que dio origen al negocio: “Mi abuelo acababa de llegar de Cuba y no tenía nada, pero un familiar de mi abuela les cedió una colección de ropa que poseía, lo que en aquellos tiempos tenía mucho valor, y así comenzaron con el alquiler de ropa a actores. Inicialmente se instalaron en la Cava Baja, luego se trasladaron a la calle Esgrima, más tarde a Magdalena, 2, en Tirso de Molina, donde poco a poco compraron todo el edificio. Pero he tenido que salir de ahí porque estar en el centro de Madrid no es operativo para introducir camiones”. La sastrería está ubicada hoy en la calle Rufino González de la capital, y todo su enorme inventario se conserva en cuatro naves situadas en Azuqueca y una quinta, de casi 5000 metros cuadrados, en Cavanillas. 

Cuando le pregunto a Humberto si tiene inventariado todos sus trajes, dice que es una labor titánica. Pero me explica cómo está ordenado: “por épocas, podemos abarcar todas, en especial el siglo XIX y XX, y tenemos mucho fondo de la época medieval. Pero también siguen la clasificación de ropa étnica: romanos, chinos, árabes…. Por ejemplo, tenemos mucho de ropa romana, hemos hecho muchas producciones de esta temática, desde La caída del imperio romano a Gladiator, o la revisitación de Ben-Hur”. 

Lo que da de sí la ropa de romanos

En los primeros años, los abuelos de Humberto vestían sobre todo producciones de zarzuela y teatro, pero fue en los años 60, entonces Samuel Bronston instaló sus estudios en España, “cuando el negocio creció muchísimo, incrementándose nuestro stock con ropa que todavía conservamos y utilizamos”. Se refiere a producciones como El Cid o La caída del imperio romano, esta última dice la han utilizado recientemente “para vestir a los hombres de la noche en Juego de tronos”.

El taller Cornejo confecciona los trajes siguiendo las directrices de los figurinistas al mando de cada producción. Una vez que la producción se ha terminado, tanto en cine como en teatro u ópera, la sastrería se queda con ellos. Pero en contra de lo que pueda pensarse, la mayor parte de los trajes que las producciones demandan, especialmente las de cine y televisión, no se hacen nuevas: “Lo habitual es que los figurinistas reciclen trajes de otras producciones”, explica Humberto, como el caso referido de Juego de tronos. Por eso, en el pasado Humberto invertía en comprar vestuarios de películas que luego podría alquilar mediante la adaptación y el reciclado. “No llegué a un acuerdo para hacer el vestuario de La reina Margot, aunque terminé comprándolo; luego Sandy Powell, figurinista de Shakespeare in Love, lo adaptó en la película”. La crítica situación actual le lleva a ser ahora más cauto a la hora de hacer estas inversiones. 

Pero también hay producciones que exigen un vestuario completamente nuevo, como cuando Pilar Miró hizo El perro del hortelano con Pedro Moreno como figurinista; o más recientemente con la producción teatral El enfermo imaginario dirigida por Josep Maria Flotats, y con figurinismo de Franca Squarciapino, de la Compañía Nacional de teatro Clásico (CNTC). Es un vestuario exquisito, con una fidelidad a la época propia de una gran figurinista como Squarciapino que domina muy bien este periodo: “Es un vestuario caro, que la CNTC no podía pagar. Y como no podemos decirle a un figurinista que no porque no haya dinero, lo hemos confeccionado nuevo en la sastrería y se lo hemos alquilado a la Compañía. Ha exigido de telas que hemos estampado siguiendo los motivos planteados por la figurinista y que están en consonancia con la escenografía”.

También para Fortunata y Jacinta, la célebre producción para TVE que dirigió Mario Camus de la obra de Galdós, se hizo el vestuario nuevo que llevaba entonces Ana Belén (Fortunata) y parte también del de Maribel Martín (Jacinta), más abundante en terciopelos como exigía su más elevada clase social. Hoy puede verse en una de las vitrinas de la exposición, así como la indumentaria de la película de El abuelo, que dirigió José Luis Garci e interpretó Fernando Fernán Gómez; también el de las masas populares y los soldados de la obra teatral Puerta del Sol, episodio nacional de Galdós que se escenificó con figurines del desaparecido Javier Artiñano y que dirigió en 2007 Juan Carlos Pérez de la Fuente, el impulsor también de esta exposición. 

@lizperales1





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