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Los vegetales tienen armas para atacar o expulsar a posibles agresores. Muchas veces estas herramientas están en los componentes químicos que las constituyen y que los seres humanos hemos utilizado, primero de manera “casera” y después mediante productos industriales.

 

Sin embargo, quedan muchas especies desconocidas o poco estudiadas que podrían ser útiles como fuentes de insecticidas o de repelentes, y que además son más respetuosas con el medioambiente que los productos sintéticos que se consiguen en el mercado.

 

Desde hace veinte años, un equipo de la Cátedra de Química Orgánica y del Instituto Multidisciplinario de Biología Vegetal (IMBIV) de la Facultad de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales (FCEFyN) de la Universidad Nacional de Córdoba (UNC) en Argentina  estudia la flora aromática del país y las aplicaciones que pueden tener los aceites esenciales que se extraen de ella.

 

Julio Zygadlo, docente de la FCEFyN e investigador superior del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) de Argentina, quien lidera estos trabajos desde un comienzo, dice que si bien todos los estudios que realizaron fueron llevados a escala de laboratorio, identificaron en algunas plantas autóctonas aceites esenciales que podrían ser utilizados con distintos fines.

 

En una revisión de la bibliografía científica publicada sobre el tema, Zygadlo y el equipo de investigación detectaron que sesenta aceites esenciales de plantas nativas tendrían un potencial efecto repelente o insecticida. “En varios casos, la bioactividad de los aceites esenciales fue comparable o incluso mejor que la mostrada por los insecticidas sintéticos que se utilizaron como controles positivos. Este trabajo pone de relieve el enorme potencial de los aceites esenciales para ser incluidos en formulaciones repelentes e insecticidas”, afirman los autores de la revisión.

 

“Encontramos especies con propiedades positivas, es decir, que tienen capacidad de repelencia, pero es necesario evaluar si no son tóxicas con las personas o mascotas. Sin embargo, los aceites esenciales tienen cualidades muy importantes: son biodegradables y las dosis que se utilizarían no serían un factor de contaminación del agua y el suelo”, explica Zygadlo a Argentina Investiga.

 

Los investigadores han constatado que los aceites esenciales que mejores resultados logran en el laboratorio son:

 

-Como bioinsecticidas domésticos: los eucaliptos y el aguaribay.

 

-Como repelentes para piojos: un árbol autóctono de las Yungas de Salta y Tucumán, el Myrcianthescisplatensis, conocido por lugareños y lugareñas como guayabo o lapachillo, y la Aloysia riojana, especie endémica del noroeste argentino y conocida como poleo.

 

-Para el control de larvas de mosquitos: los aceites esenciales del suico (Tagetesminuta) y el anisillo (Tagetespusilla) mostraron alta efectividad.

 

-Como repelentes para la mosca doméstica: el que mostró mejores resultados fue la planta conocida como “falso pimentero” (Schinus molle).

 

-Como bioinsecticida en agricultura: para el control del gorgojo del grano de maíz, el aceite esencial que mejor funcionó fue el de la peperina.

 

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Los autores del nuevo estudio han catalogado sesenta aceites esenciales de plantas autóctonas que tienen potencial como insecticidas, repelentes y para el control de plagas. Esos aceites esenciales pueden resultar de gran utilidad para la industria agropecuaria y como piojicidas o repelentes de mosquitos de uso doméstico. (Foto: Universidad Nacional de Córdoba / Argentina Investiga)

 

Bioensayos

 

El equipo también realizó un experimento para probar componentes repelentes de mosquitos, vectores de muchas enfermedades. Para ello, las personas voluntarias exponían el brazo con una protección y una muestra de aceite esencial ante la presencia de los insectos.

 

Los bioensayos mostraron que los derivados de la pichanilla (Baccharisspartioides), el romero (Rosmarinusofficinalis) y el cedrón (Aloysiacitrodora) fueron los más eficientes como repelentes. Este trabajo fue llevado adelante por las docentes-investigadoras de la UNC Raquel Gleiser y Yanina Gillij.

 

Otro aspecto importante que se estudia es la actividad antimicrobiana de los aceites esenciales, tanto para uso veterinario como para protección en alimentos almacenados. “En el área rural, muchas personas curan las infecciones del ganado y mascotas con infusiones de plantas aromáticas”, cuenta Julio Zygadlo.

 

¿Cuáles son las señales que indican los posibles usos del aceite esencial de una planta? La clave es su estructura química. “Los componentes químicos más importantes de los aceites esenciales para lograr estas tareas son la familia de fenoles, especialmente el timol, el carvacrol y el eugenol, que funcionan muy bien como antimicrobianos y antifúngicos”, comenta Zygadlo.

 

Cuatro casos de éxito

 

En los últimos años, los científicos y las científicas del IMBIV y de la Cátedra de Química Orgánica llevaron a cabo distintos proyectos con aplicaciones exitosas de aceites esenciales para solucionar problemas de la agroindustria.

 

Aceites para silobolsas:

 

Uno de los problemas que tiene la producción agropecuaria con los silobolsas son los insectos que afectan la cosecha que se acopia allí. Por eso crearon un desarrollo en donde se introducen aceites esenciales derivados de la peperina en la matriz plástica de la bolsa, mediante una técnica que se llama de fluidos supercríticos. El resultado es un plástico bioactivo que tendría el potencial de repeler al gorgojo del maíz. Si bien el estudio se encuentra a escala de laboratorio, la tecnología ya posee una patente. En este trabajo participaron especialistas en Ingeniería Química, y estuvo a cargo de Jimena Herrera, Raquel Martini, Laura Goñi y Nicolás Gañán.

 

Un escudo para la cochinilla:

 

Otro desarrollo que está en trámite para ser patentado consiste en aplicar un componente en la base de plantas de vid, como si fuera una pintura. No permite que las hormigas suban y trasladen la cochinilla. Utilizan aceites esenciales de la peperina, que tienen un compuesto muy eficaz llamado pulegona. En esta línea trabajan las investigadoras de la UNC Laura Peschiutta y Daniela Mancilla.

 

Paquetes “inteligentes” y naturales:

 

Este proyecto, que aún está dando sus primeros pasos, apunta a utilizar compuestos bioactivos (aceites esenciales) en paquetes de harina, para atacar una polilla y un escarabajo conocido como “cascarudo de la harina”. La tecnología también se podría usar en materiales como las cajas de tetrabriks.

 

Contra los cascarudos de pollos:

 

Realizaron un asesoramiento a una pequeña granja de pollos donde un cascarudo atacaba a las aves. Eso generaba un cuadro de estrés, un retraso en el crecimiento y afectaba la producción. El equipo de la UNC incorporó aceites esenciales a la dosis del insecticida sintético que se utilizaba y lo volvieron más efectivo. “Se logró bajar la dosis del producto sintético y mejorar al mismo tiempo la acción. Se redujeron costos de producción y de contaminación en comparación con productos sintéticos”, cuenta Zygadlo.

 

Natural versus sintético

 

La mayoría de los productos que se consigue en el mercado para repeler o combatir insectos son generados en laboratorios mediante síntesis y manipulación de estructuras químicas que se toman de muestras de petróleo y permiten, entre otras muchas cosas, producir moléculas aromatizantes. Esto es lo más económico y sencillo de desarrollar. Entonces, ¿por qué recurrir a productos naturales?

 

Zygadlo lo explica así: “Los productos naturales que producen las plantas –en el caso particular de nuestra línea de estudio, los aceites esenciales– son utilizados como elementos de defensa contra microorganismos fitopatógenos y contra los herbívoros. Nosotros buscamos utilizar esas propiedades para cuidar nuestros alimentos y protegernos sin generar contaminación en el ambiente. El surgimiento de los aceites esenciales junto a las plantas que los producen aconteció hace muchos millones de años, lo cual ha permitido que en el ambiente se genere un sistema de descontaminación natural. Esto hace a estas moléculas –entre otras razones físico-químicas y estructurales–, biodegradables en períodos razonablemente breves”.

 

Sin embargo, el investigador insiste en que hay que tener muchos cuidados con el uso de los productos naturales. “Entre los compuestos naturales existen muchas sustancias que son muy tóxicas. Es muy importante la función del Estado para controlar el uso de los productos naturales”, resalta el investigador y agrega: “Los aceites esenciales son muy interesantes como base para, por ejemplo, el desarrollo de bioplaguicidas. A diferencia de otros compuestos naturales, estos ya tienen un mercado internacional que provee materias primas. Sin embargo, hay otros productos naturales que requieren pasos previos de domesticación de las plantas productoras y desarrollo o adaptación de técnicas extractivas, lo cual lleva costos de inversión que muchas veces desalientan el uso de estos compuestos”. (Fuente: Argentina Investiga / Lucas Gianre / Universidad Nacional de Córdoba)

 

 

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