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EL PAÍS AL QUE HAS LLEGADO
El país al que has llegado
es un país de polvo que tiñe el horizonte
de amarillos y rojos
que a veces es camino,
a veces es tormenta
y siempre es olivares,
naranjos y ciruelas verdes
pisoteadas por ruedas de camiones.
Al país al que has llegado
pocos lo llaman por su nombre,
como si pronunciándolo
se desatara una vergüenza oculta.
Algunos se han apropiado
del derecho a nombrar
aprovechando el pudor
de otros a pronunciar “pes” y “eñes”
en un solo vocablo.
El país al que has llegado
aún tiene bisabuelos
tirados en cunetas
y abuelos que prefirieron
construir miles de pisos
sobre sus esqueletos
para venderlos
a precio de oro
al hijo de su vecino
y viceversa.
Por eso, has llegado a un país
de casas vacías,
de abuelos ricos
y de padres endeudados.
Cuando era pequeña y miraba los mapas
siempre pensaba
que el país al que has llegado
tenía cara de señora
y que esa cara
era la cabeza de la diosa
de un barco vikingo
llamado Europa.
Ahora, cuando miro detenidamente
al país al que has llegado
me parece ver una soga de ahorcado
a la altura de los Pirineos.
El país al que has llegado
es un hormiguero
con los túneles al descubierto
por eso damos tumbos
desorientados y confusos.
Y tú te preguntarás
por qué he querido traerte
al país al que has llegado
y yo busco la respuesta
para cuando hables y me interrogues
y no encuentro otra cosa que el amor
y, en herencia,
un país con todo por hacer.
Siembra amor en las cunetas, en los caminos,
en los olivares, en los cimientos abandonados
de los abuelos que creyeron
en el cuento de la lechera
y planta letras
junto a los corazones
(Sonia San Román)
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