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Fue hace un año: Netflix tomó una serie de medidas para evitar la sangría de suscriptores que la azotaba por primera vez. Una de las medidas más discutidas por entonces fue la prohibición de compartir cuentas. Doce meses después, la prohibición se ha hecho efectiva en casi todo el mundo, y es hora de preguntarse: ¿ha solucionado Netflix su problema?

El contexto. Netflix anunciaba en primavera de 2022 la brutal pérdida de suscriptores del primer trimestre del año: 200.000 clientes menos, que se tradujeron en un desplome en bolsa del 25%. Su reacción inmediata fue implantar dos medidas de urgencia, que se llevaban rumoreando desde hacía un tiempo: anunciar planes de suscripciones más baratas y con publicidad y prohibir el compartir cuentas fuera de un mismo domicilio.

El auténtico problema. Un análisis acerca de qué podía haber llevado a esa situación nos conducía a un par de realidades indiscutibles. Primero, Netflix estrenaba mucho: en 2020 andaban por las 79 películas al mes, cantidad que no ha remitido lo más mínimo, y empezaba a extenderse la sensación de que daban preferencia a la cantidad por encima de la calidad. La llegada, aún reciente, de competidoras como Disney+, plagaba las ofertas de contenido atractivo, y eso se notaba en el número de suscriptores.

Seis géneros por persona. Recordemos el tiempo en el que el músculo publicitario de Netflix se basaba en «estrenamos sin parar, productos para todos». Aún hoy esa sigue siendo parte de su estrategia. Hace apenas un par de semanas, Bela Bajaria, jefa de Jefa de Contenido de la compañía, hablaba en su presentación de novedades para anunciantes un dato que justificaba esta estrategia. Según Bajaria, los suscriptores «ven, de media, seis géneros distintos al mes». Es decir, la plataforma quiere seguir optando por la diversificación de géneros y la avalancha de opciones.

La táctica de superservir. Así llama la propia Bajaria a esta estrategia de saturación de contenidos. Pero reconoce explícitamente que «la calidad (…) está, como la belleza, está en el ojo del que mira», que es una forma de relativizar el eterno problema: no todos los productos tienen una calidad reconocible e universal. Es decir, no todas las series son como ‘Stranger Things’ o ‘Los Bridgerton’, que más allá de gustos particulares, todos los espectadores podemos coincidir en que tienen una calidad destacable.

Sin datos no hay pruebas. Esta situación se agrava desde hace un par de años, cuando Netflix dejó de dar datos de audiencia (sumándose a una estrategia por desgracia bastante extendida en el streaming), para empezar a hablar de sus éxitos solo bajo el criterio comparativo del número de horas vistas de una serie durante su primer mes en emisión, estaba transmitiendo que sus contenidos hay que verlos y compararlos bajo otro prisma: el de la comparación entre sí, en un ecosistema que se retroalimenta a sí mismo. La única forma de hablar de las series de Netflix es en comparación con otras series de Netflix.

Un repaso a los datos. Si revisamos el Top 10 global de la plataforma y lo comparamos con las puntuaciones en agregadores como Rotten Tomatoes vamos a obtener resultados muy desiguales. Hay desde éxitos de público que se han hundido para los críticos, como ‘2 corazones’, a películas que han sido recibidas con tibieza, como ‘The Mother’, pasando por películas que pasaron desapercibidas en su momento y ahora encuentran una deslucida segunda vida en la plataforma, como ‘El hijo’ o ‘La gran muralla’. Con las series, otro tanto: realities de calidad cuestionable como ‘Selling Sunset’ y producciones que están llamadas al éxito coyuntural y el olvido rápido, como ‘Fubar’.

Algunos éxitos. Por supuesto, una plataforma de la musculatura de Netflix no está eternamente sumergida en un agujero absoluto. Actualmente tiene series que están siendo un éxito de crítica y público, como ‘Besos, Kitty’, ‘La reina Charlotte’ (aunque lejos de la serie que le dio origen) o películas como ‘Desconectada’. Sin embargo, hay una sensación de que muchas de ellas, hasta las bien recibidas, son productos algo deslucidos, lejos de la trascendencia que pueden tener series de sus competidoras, como las recién concluidas ‘Succession’ en HBO o ‘Ted Lasso’ en Apple TV+. Netflix hace tiempo que no entra en la conversacón global con una serie como ‘El juego del calamar’. Y quizás eso es lo que debería estar buscando, más que un suministro continuo de títulos que pasan desapercibidos.

Cabecera: Netflix

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