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SINTRAHOCU | El Sindicato de Trabajadoras del Hogar y los Cuidados (SINTRAHOCU) nació como respuesta al vacío en la representación y defensa de nuestros intereses como mujeres trabajadoras y migrantes, por parte de los sindicatos mayoritarios como CCOO o UGT.
Salvo a excepción de sindicatos como CGT, ELA y LAB no hemos encontrado la disponibilidad y apertura para repensar prácticas que respondan a la realidad de un sector con rostro de mujer migrante, donde no hay una gran empresa o una patronal definida, sino mujeres trabajando en muchos hogares dispersos cuyas luchas son individualizadas y aisladas del resto.
Como mujeres migrantes, nos hemos encontrado con el racismo y la incomprensión e incluso se nos ha llegado a acusar de competencia desleal por “abaratar” nuestra fuerza de trabajo, sin tener en cuenta las complejidades tras los procesos migratorios y la invisibilidad a la que nos somete la Ley de Extranjería. SINTRAHOCU quiere ser una herramienta útil para responder a esta realidad y llenar este vacío: la dignificación del trabajo remunerado del hogar y los cuidados y luchar por equiparación de derechos laborales, que es una lucha antirracista. Como feministas, reivindicamos la centralidad de los cuidados, más allá de un lema, sino en la defensa del interés común por invertir en políticas de atención a la dependencia y el reconocimiento social del trabajo doméstico y de cuidados, remunerado o no.
Desde el sindicalismo mayoritario nada de esto se ha puesto sobre la mesa de manera real. Nosotras rechazamos ese sindicalismo insensible, vertical y alejado de las diversas realidades que atraviesan a la clase trabajadora, de la que formamos parte. Hoy estos mismos sindicatos han pactado con la patronal el ceder derechos de toda la clase trabajadora y con ello legitiman el incumplimiento de una promesa electoral central por parte del llamado gobierno progresista: la derogación íntegra de la reforma laboral del PP del 2012. Con su acción ratifican que han dejado de ser herramientas útiles a la clase trabajadora para convertirse en grandes aparatos al servicio del capital, doblegados ante la CEOE, el PSOE y Bruselas. Nos tratan de engañar con discursos grandilocuentes sobre las bondades de una reforma que mantiene intactos los grandes pilares de la reforma del PP pero solo son cómplices de este intento de maquillar la precariedad, la explotación laboral, facilitar despidos, la temporalidad y la subcontratación.
Como trabajadoras del hogar y los cuidados nos preocupa la barra libre que esta no reforma da a la externalización y la subcontratación, al no limitar el número de contratos temporales en las empresas ni la subcontratación. Aunque esto afecte directamente a los trabajos más precarizados y feminizados, es una buena noticia para empresas de limpieza como Urbaser, Clece-Fissa, ACS y tantas otras más que podrán seguir abaratando contratos, despidos y en general, un empeoramiento de las condiciones laborales con un aumento de la precariedad, en especial para mujeres trabajadoras y personas migrantes que ocupan estos sectores.
Todas las voces de mujeres trabajadoras migrantes, y los cuerpos que las sostienen, hemos vuelto a ser ignoradas por los sindicatos mayoritarios y el gobierno progresista. En ningún momento hay medidas para la situación de casi un millón de mujeres trabajadoras del hogar de las cuales, las que tienen contrato, solo tienen la opción del régimen especial: una discriminación laboral que institucionaliza la precariedad del trabajo doméstico. Mientras, las miles de mujeres que no tienen contrato, simplemente seguirán a merced de la explotación laboral por su condición de mujeres migrantes y sin derechos. Aunque al inicio de la pandemia fuimos consideradas un sector esencial, eso en ningún momento se ha reflejado en la valoración social del trabajo de los cuidados ni en nuestros derechos humanos ni laborales. El gobierno prefiere ver hacia otro lado, cuando exigimos igualdad de derechos laborales o la derogación de la Ley de extranjería.
Como sector de los cuidados, exigimos la equiparación de derechos laborales y nuestra incorporación al régimen general para ser consideradas como el resto de la clase trabajadora de otros sectores productivos. Y como parte de la clase trabajadora que hoy está siendo insultada con esta propuesta de no reforma, exigimos se cumpla con lo prometido: la derogación íntegra de la reforma laboral del PP y recuperar derechos laborales, acabar con la precariedad que permiten las subcontrataciones y externalizaciones y nosotras no vamos a ceder frente a esto.
Pero que quede claro que en esta no reforma se ha dado un paso más en expulsarnos y expulsar otros sectores de personas trabajadoras migrantes como la limpieza en hostelería o las compañeras jornaleras en el campo andaluz. El desentendimiento del gobierno y los grandes sindicatos es tal, que no cabemos en ese consenso social que tanto venden como una cualidad de su propuesta y con ello, nos envían su claro mensaje: necesitamos que la mano de obra migrante permanezca sin derechos, depauperada y dividida.
Nosotras en respuesta decimos NO, no aceptamos su propuesta de no reforma ni su expulsión del llamado consenso social: vamos a continuar nuestra lucha colectiva. Y a los sindicatos mayoritarios les decimos que no son los pactos por arriba los que mejoran las condiciones de vida de la clase trabajadora, sino la movilización social, la misma que nos ha permitido arrancarle derechos a quienes se enriquecen a costa de nuestra fuerza de trabajo. No lo ha hecho el acuerdo con la patronal, ni el twitter, ni los relatos grandilocuentes sobre la recuperación de derechos. Ha sido la movilización social la única capaz de conquistar derechos. Por eso nos encontraremos con todas las trabajadoras y trabajadores que estén dispuestas a avanzar en la conquista de derechos para la mayoría y en acabar con los privilegios de esos pocos con los que el Gobierno se sienta a pactar nuestros derechos. Frente a los derechos de la clase trabajadora, ni un paso atrás.
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