La Semana del Audiovisual Contemporáneo de Oviedo (SACO) se ha convertido, a lo largo de sus siete ediciones, en uno de los máximos referentes culturales del Principado. No solamente en cuestiones cinematográficas, sino en las experimentaciones y colaboraciones que plantea y establece entre artistas de la región, enriqueciendo cada vez más el festival. Una de esas citas ineludibles era el cine-concierto de “La carreta fantasma”, obra de la que se cumplía el centenario de su estreno.

Al margen de esta efeméride, como expresó el especialista en historia del cine y redactor de LA NUEVA ESPAÑA, Christian Franco Torre, en su análisis de la película y la producción del director sueco, esta obra marca un antes y un después en la historia del cine. Es la adaptación de la novela homónima de 1912 de la escritora sueca Selma Lagerlöf (primera mujer en recibir, en 1909, el Nobel de Literatura) y en ella se plasma cierta obsesión de Victor Sjöström por la innovación técnica y narrativa: la sobre impresión fotográfica para conferir el aspecto espectral de los personajes o el uso de los flashback de manera orgánica, todo ello en un clima de crítica social hacia el alcoholismo y siguiendo la estela de construcciones moralistas similares como el “Cuento de Navidad” de Dickens.

El reto de poner banda sonora a esta obra maestra del séptimo arte no era nada sencillo. Habría sido interesante proponer a “Enol Ensemble” que compusieran su propia banda sonora que, entendemos no se produjo debido al presentismo instaurado a consecuencia de la pandemia. Sin embargo, tenemos que destacar los méritos del grupo asturiano más allá de su correcta y aseada ejecución: debemos valorar la excelente elección del repertorio, siempre en función de la narrativa fílmica, vistiendo cada secuencia con acierto y fluyendo al unísono con la acción representada, o la dificultad que entraña una interpretación de prácticamente dos horas sin respiro alguno.

Entre las obras empleadas, el repertorio era mayoritariamente romántico, con fragmentos de cuartetos de Schumann, Brahms o Dvorak, pero también algunos momentos impresionistas o expresionistas de la mano de Debussy o Hindemith. El mayor peso recayó sobre Bernardo, notable trabajo sobre “Gnossienne” de Satie, y Gestido, quien rubricó su destacada actuación con la deliciosa “Elegía para viola” de Stravinsky. Pero también Zorita dejó momentos de gran belleza en el allegreto de la “Sonata para violín en sol mayor” de Grieg. Por su parte, Teresa Valente aportó mucha seguridad y una sonoridad profunda con el chelo, al que se sumaron la brillantez del violín y un sonido muy cálido y carnoso de la viola, todos ellos empastados a la perfección.

En suma, toda una experiencia, con una ejecución brillante, que esperamos se siga puliendo y manteniendo en ediciones sucesivas, pues si algo nos ha demostrado el covid es que el cine, la música y, en definitiva, la cultura, son más necesarios que nunca.



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