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Redacción Salamanca | El Gobierno municipal salmantino va a implantar la zona de bajas emisiones en el centro de la ciudad. Para ello, cuenta con sustanciosas ayudas económicas que, en vez de ser utilizadas eficazmente para mejorar el conjunto de la movilidad, y por tanto disminuir ésta en sus modos más contaminantes, se va a contentar con lo imprescindible, que es establecer medidas que restrinjan el tráfico en algunas calles del centro sin llegar al meollo de la cuestión: el conjunto del área metropolitana y barrios periféricos de la ciudad que son los que más tráfico aportan.
La zona de bajas emisiones (ZBE), en Salamanca, se queda estrictamente reducida al centro, donde apenas hay tráfico desde hace años, por lo tanto, servirá para muy poco. De hecho, ya funciona bastante bien como zona de bajas emisiones, pues el tráfico en toda la almendra central es escaso salvo en dos vías: La Gran Vía y Crespo Rascón. Precisamente en estas calles no se va a hacer nada con este plan en marcha, excepto un tramo mínimo de Crespo Rascón.
Por eso la implantación de esta Zona de Bajas Emisiones, nos parece, además, un gran despilfarro económico (más de 6 millones de euros) ya que sería suficiente, de momento, la simple colocación de señales de prohibido el paso, la colocación estratégica de algunos bolardos disuasorios y los correspondientes controles de monitorización. Al contrario, lo que va a hacer el Gobierno municipal es “peatonalizar” muchas calles con costosas obras de reurbanización en espacios que han sido remodelados en los últimos años.
El tiempo se nos acaba. Antes del 2050 tendríamos que alcanzar las cero emisiones netas y aún las seguimos aumentando. No solo hemos empezado a disminuirlas sino que en Salamanca seguiremos aumentándolas.
En esta ciudad, de unos 150.000 habitantes, bastante compacta, es perfectamente viable disminuir el tráfico de coches (eléctricos también)[1] y eso se consigue con:
- La mejora de los itinerarios peatonales en los barrios, como ya existe en casi toda la zona centro
- La modificación de los tiempos de los semáforos, demasiado subordinados a la fluidez de los coches en detrimento de los peatones
- La ciudad de los 15 minutos: todos los servicios esenciales estarán a esa distancia andando
- Carril-bus, extendiéndolo a las principales vías por las que circulan la mayoría de los buses y taxis, urbanos e interurbanos. Renovación de la flota con autobuses eléctricos. Solo existe un tramo 600 de carril-bus en toda la ciudad.
- Carril-bici funcional que permita los desplazamientos atravesando la ciudad por varios puntos del centro.
En muchas ciudades europeas se están produciendo cambios interesantes de adaptación al calentamiento global, pero en Salamanca seguimos con los antiguos esquemas y con un gobierno que funciona extraordinariamente bien para traspasar los recursos municipales a las empresas constructoras. Todos los días presumiendo de que, de Salamanca, al cielo, pero la verdad es que llevamos un considerable retraso por falta de imaginación, incapacidad y cultura política.
[1] Los vehículos eléctricos también emiten CO2 con la diferencia de que las emisiones se producen en la central eléctrica y no en el lugar donde circula el coche.
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