Las cadenas de supermercados españolas lanzan un aviso para navegantes: los consumidores deben ir acostumbrándose a que falten productos en las estanterías en algunas épocas del año. Y eso se produce mientras el IPC se sitúa en un 7,3% hasta octubre en tasa interanual, según el último dato confirmado por el Instituto Nacional de Estadística (INE), y la cesta de la compra de alimentos se encarece una media del 15% respecto a 2021. A todo eso, según fuentes del sector de la distribución comercial, contribuye el tirón de la demanda de alimentos producidos en España por parte de las grandes centrales de compra centroeuropeas, lo que altera las reglas del mercado.

Más allá del fracaso de la huelga indefinida que convocó la Plataforma Nacional en Defensa del Transporte, con escasa incidencia durante un día y medio, a diferencia de la movilización del pasado mes de marzo, el fantasma del desabastecimiento de alimentos frescos vuelve a planear sobre la red de supermercados e hipermercados de España, que canalizan alrededor del 60 % de las ventas de alimentación, indica la consultora Kantar.

El invierno podría ser duro porque las subidas de los costes de explotación -sobre todo de la energía- y el alargamiento de la guerra en Ucrania azotan de lleno a toda la cadena logística, desde los agricultores a la industria alimentaria pasando por mayoristas y grandes grupos de distribución comercial.  

Hay quien piensa que la crisis de precios decreta el fin de la abundancia en el supermercado (de tener a lo largo del año todo tipo de frutas y hortalizas, como determinadas variedades de tomates, lechugas, pimientos o peras, por ejemplo) y que «habrá productos que no compensa tener en las baldas», sostiene el director general de la patronal Asedas, Ignacio García Magarzo. En lo que va de año se han disparado los precios del azúcar (+40,7%), aceite de oliva (+22%), frutas (+17,6%), pan (+12,8%), carne de porcino (+12,5%) o pollo (+14,3%), entre otros alimentos, que no faltarán en las estanterías de los supermercados, aunque sí otros.

Por eso las firmas de la distribución analizan qué alimentos especializados compensa o no ponerlos a la venta del público. De hecho, el encarecimiento de la cesta de la compra y la inflación han motivado que la marca blanca alcance cotas nunca vistas hasta ahora. Según un informe de Nielsen, la marca del distribuidor ha crecido un 11,8% en lo que llevamos de año y ya representa un 43% del total de las ventas de productos, frente a un 57% de las enseñas de los fabricantes. 

Problemas en Europa

Las grandes cadenas de distribución del viejo continente acaparan más frutas y hortalizas de importación porque producirlas en invernaderos, como suelen hacer, cada vez es más caro. Eso está provocando que muchos compradores europeos estén yendo a España, Italia y Marruecos para abastecerse. En estos países, la competencia con los compradores locales es de relieve, lo que, a su vez, está provocando serias dificultades a los supermercados españoles para lograr producto fresco.

Así explican algunas cadenas del sector por qué en ocasiones les faltan determinadas variedades de esos alimentos en sus estanterías. La preocupación por los precios de los alimentos y la posible falta de suministros preocupa de lleno a las empresas europeas. El consejo de dirección de EuroCommerce, organización que agrupa a la distribución minorista y mayorista en Europa, ha realizado una llamada urgente para la toma de medidas que ayuden al comercio en la grave situación económica que el sector atraviesa actualmente. 

El presidente de EuroCommerce, el español Juan Manuel Morales, comenta que esta situación no es sostenible en el tiempo. «Si no se toman medidas urgentes que atajen el alto coste de la energía, un amplio y creciente número de empresas del comercio minorista y mayorista corren un riesgo real de desaparecer».

La asociación que defiende los intereses del comercio minorista y mayorista del viejo continente sostiene que se necesita «una solución europea a la actual situación de los precios de la energía y ésta debe tomarse con urgencia. Nuestro sector -comenta Juan Manuel Morales- es un gran consumidor de energía, con unos márgenes de beneficio muy bajos, de entre un 1% y un 3% en el comercio de alimentación». En su opinión, esto provoca que las empresas sean particularmente vulnerables ante el creciente coste de la luz, que no pueden trasladar a unos consumidores ya muy afectados por la situación económica. «La continua necesidad para nuestro sector de proveer de un servicio esencial a la población significa que las empresas no pueden detener temporalmente o restringir sus actividades mientras esperan que los precios de la energía desciendan», agrega.

Según el ingeniero agrónomo Jorge Jordana, patrono del instituto Madrileño de Estudios Avanzados en Alimentación, «esa predisposición a comprar marcas más baratas puede ser una tendencia al alza debido al aumento de la inflación. También aumenta la adquisición de más productos procesados en lugar de frescos entre la población con rentas más bajas», apunta este experto. «La gente quiere ir a lo más barato y por eso pueden faltar productos en los supermercados. Sea como fuere -apunta- el sector agroalimentario español es excedentario en comercio exterior, por lo que es difícil pensar en un posible desabastecimiento de alimentos durante el próximo invierno a pesar de los problemas logísticos o de la guerra en Ucrania». 

La exportación española de frutas y hortalizas frescas en 2022 canaliza el grueso de las ventas a países de la Unión Europea. En concreto, acapara el 79% del valor total exportado, según la patronal Fepex, lo que demuestra la alta dependencia de las empresas de la distribución de los países de la UE de los productores españoles.

En parecidos términos, el director general del Cercle Agroalimentari de la Comunitat Valenciana, Manuel Laínez, comenta que la situación «de desabastecimiento de los principales alimentos que se consumen en España en estos próximos tiempos no es previsible porque somos una potencia agroalimentaria». También porque tiene un sector muy resiliente a las crisis, tal como se demostró durante la etapa de confinamiento en la primera fase de la pandemia de coronavirus. «El incremento de los costes de producción de los alimentos ha crecido un 35%; sin embargo, los alimentos han subido una media del 15% aunque existen presiones para que sigan al alza. El sector avícola o vacuno de leche lo están pasando muy mal», puntualiza.

Noticias relacionadas



Source link