Yo, el chacal, espinazo del desierto,
camino todo el día, recorriendo
la ciudad; de sus árboles me escondo,
de todo lo que pueda recordarme
mi anterior forma de ladrón famélico
en las dunas. Un insecto, una alondra
solitarios me alargan los colmillos.
Me agazapo en el traje, ajusto
mi corbata nueva,
levanto la nariz, no hay rastro todavía
de otros predadores. Una sola
mujer canta en la calle con el pelo
teñido. Por qué soy un perro,
cuándo la soledad
ganó el sitio del hambre en mi cabeza.
Cómo podéis olerla
después de tanto tiempo.

(Cristina Morano)
(De (Tras)lúcidas)





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