El exministro Rafael Arias Salgado; el presidente del PP, Pablo Casado y el exministro Ignacio Camuñas el pasado 19 de julio.
El exministro Rafael Arias Salgado; el presidente del PP, Pablo Casado y el exministro Ignacio Camuñas el pasado 19 de julio.Gustavo Serrano / Europa Press

Napoleón Bonaparte tenía sus manías. Odiaba, por ejemplo, las judías. Y a los judíos. Pero, salvo en lo que se refiere a las judías verdes, era un pragmático. A él le interesaba la gloria personal. Lo demás era negociable. Los buenos pragmáticos suelen manejarse con soltura en el ámbito del cinismo y Bonaparte era en eso un maestro. Dijo una de esas frases impúdicas y a la vez certeras que alguien tenía que decir un día u otro: “La historia es un conjunto de mentiras sobre las cuales se está de acuerdo”.

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Ignacio Camuñas afirmó el otro día que no hubo un golpe de Estado en 1936 y que la República fue responsable de la Guerra Civil. Camuñas aprobó oposiciones de joven, fue ministro y ha trabajado durante años en eso que llamamos “industria cultural”. Seguramente no es tonto. Tuve una conversación con él hace más de 40 años y me lo pareció (la misma sensación experimenté al conocer a José Luis Rodríguez Zapatero, antes de las primarias que le llevaron a la secretaría general del PSOE), pero pudo tratarse de un error de apreciación debido al contexto.

En aquel tiempo a Camuñas se le conocía como Nacho de Noche y, al margen de sus responsabilidades gubernamentales, que ni entonces ni con la perspectiva del presente merecen especial mención, ejercía de animador cultural en discotecas y asuntos de destape. Mejor no explicar con detalle aquello del destape. Digamos que era un “mix” de política y tetas muy valorado porque España emergía de una dictadura en la que ni la política ni las tetas podían hacerse públicas.

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A lo que íbamos. Cualquier persona sin daños cerebrales graves puede comprobar, porque los documentos son públicos (a diferencia de los que podrían explicarnos los intríngulis de la transición a la democracia), que en 1936 hubo un golpe de Estado militar. También se puede comprobar que la II República fue un periodo tormentoso, que las izquierdas sobrellevaron muy mal la victoria de las derechas en 1933 (véase la insurrección de 1934) y que en uno y otro lado flameaban discursos totalitarios.

En cualquier caso, el golpe de Estado, militar y clericón, fríamente planeado y con ansias de exterminio, fue.

El problema no es que Ignacio Camuñas diga lo que dice. El problema consiste en que muchos españoles piensan (utilizo el verbo “pensar” porque el calorazo me pone generoso) eso mismo. Que fue la República la que dio un golpe de Estado contra sí misma, o algo así. Supongo que esos españoles también piensan (reitero mis excusas) que la II Guerra Mundial fue culpa de los polacos.

A estas alturas, parece que no conseguimos ponernos de acuerdo en torno a unos cuantos hechos palmarios de nuestra historia. Bueno. ¿Y si probáramos la fórmula napoleónica? ¿Y si inventáramos unas cuantas mentiras aceptables para todos? ¿Y si conviniéramos en que el golpe de Estado de 1936 lo organizaron los finlandeses? Neguemos la evidencia si hace falta. Inventemos lo que sea, pero pactemos un pasado común. Convengamos en algo de una puñetera vez. Lo de las dos Españas, la real y la irreal, da ya mucha fatiga. Y no creo que a los finlandeses, a los que ruego disculpas por mi modesta proposición, les importe demasiado.

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