Es vital que estas operaciones se lleven a cabo. La vida de decenas de miles de personas depende de ello». Este fue el mensaje del Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR) ante la posibilidad de la apertura de un corredor humanitario en Mariúpol, ciudad del sur de Ucrania convertida en la zona cero de esta guerra. Rusia anunció la entrada en vigor de un «alto el fuego humanitario» desde las diez de la mañana para permitir la evacuación y las autoridades de Kiev enviaron 45 autobuses. El convoy podría ponerse hoy en marcha. Antes de la guerra, esta localidad tenía 400.000 habitantes censados. Ahora se calcula que quedan 100.000 atrapados en el cerco ruso, bajo condiciones de vida extremas.

Los corredores son imprescindibles. Según la Administración ucraniana, 75.000 ciudadanos de Mariúpol ya han salido por esta vía en las últimas semanas, aunque a menudo en mitad del fuego cruzado. La viceprimera ministra, Irina Vereshchuk, calificó la situación de los civiles atrapados entre las ruinas de «desesperada». Su alcalde, Vadym Boichenko, realizó recientemente un balance de la guerra y elevó a 5.000 el número de vecinos muertos a causa de los combates. A muchos de ellos les han tenido que enterrar en fosas comunes.

Las tropas invasoras, con apoyo de unidades chechenas, tienen prácticamente tomada la ciudad, pero las defensas locales resisten en un centro urbano reducido a escombros por el fuego incesante de la artillería y la aviación. Moscú despliega aquí toda su fuerza debido al valor estratégico de Mariúpol para asegurar el dominio de la zona sur del país. El líder de la república de Chechenia, Ramzán Kadírov, aliado de Vladímir Putin, sostiene que entre el 90 y el 95% del enclave ya está bajo control ruso.

Aparente calma en la capital

En el frente norte de Kiev, por el contrario, se escucharon menos explosiones durante toda la jornada. Aunque lugares como Irpín están «liberados» desde el pasado domingo, según los ucranianos, se prohibió un día más el acceso de la prensa y de los civiles que quieren ver si sus casas siguen en pie. El relativo silencio se rompió a media tarde con una fuerte detonación en el centro de la capital. Un proyectil impactó sobre una instalación militar, de acuerdo a medios locales.

El secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg, aseguró que, pese a esta aparente calma, el Kremlin «mantiene la presión sobre Kiev». Apoyado en los informes de la inteligencia occidental, precisó que «las unidades rusas no se están retirando, sino reposicionándose; tratando de reagruparse, reabastecerse y reforzar su ofensiva en la región de Donbás». La Alianza detectó que los principales movimientos de las tropas de ocupación tuvieron lugar en Chernóbil, de donde salió una larga caravana de 700 vehículos blindados y la Guardia Nacional rusa devolvió el control de la central nuclear a la entidad ucraniana responsable, Energoatom. La Agencia Internacional de Energía Atómica (AIEA) alertó de que no se habían producido relevos entre el personal de la planta desde hace diez días. Ahora retorna a manos de Ucrania.

El Gobierno de Volodímir Zelenski sigue dando pasos en busca de una relativa normalidad. Ayer se anunció el final de la ley seca, que ha estado en vigor desde el comienzo de la guerra. Todas las estanterías de licores, vino y cerveza han permanecido tapadas con sábanas o plásticos en los puntos de venta y un cartel recordaba a los clientes la obligación de cumplir con la normativa. Después de un largo mes de prohibición, se puede adquirir de nuevo alcohol en Kiev, aunque con un horario limitado: de nueve de la mañana a cuatro de la tarde. Poco a poco, reabren las puertas cafeterías, restaurantes y algún que otro comercio, pero la situación en la ciudad dista mucho de la que imperaba hace ya 37 largos días.

Zelenski: «Es una catástrofe humanitaria con miles de muertos»

El presidente de Ucrania, Volodímir Zelenski, dijo ayer que miles de personas han muerto en Mariúpol durante el asedio. «Todo el mundo sabe que allí hay una catástrofe humanitaria», lamentó por videoconferencia ante los legisladores belgas. En su discurso a la Cámara de Representantes, censuró que Bélgica siga comerciando con diamantes procedentes de Rusia, dado que este sector está excluido de las sanciones europeas impuestas por la invasión. En su ronda de contactos telemáticos para reforzar lazos con Occidente y reclamar su ayuda, pidió a los Países Bajos que estén preparados para boicotear la energía rusa y «no pagar miles de millones a Putin para la guerra». A su vez, ante la Cámara australiana, denunció la «impunidad» de Moscú tras el derribo en 2014 del vuelo MH17 de Malaysia Airlines en el este de Ucrania, en el que murieron casi 300 personas.



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