No es casualidad que el 24º Capítulo General haya subrayado el compromiso de “ser presencia”. A la gente de hoy no le sirve otra cosa; no grandes cosas, sino pequeñas: sentarse al lado, repartir la comida, traer el café, el té caliente; sobre todo escuchar, no en el mundo virtual, sino en el mundo real, porque la gente es real.

Las FMA en Odesa son tres, hacen estos sencillos servicios: preparar la comida, acoger y escuchar a la gente. La zona está al lado de Mariúpol, en Kherson,  y se oyen los bombardeos. Dos de ellas ayudan en la parroquia con Caritas, mientras otra trabaja con los Salesianos de Don Bosco. También en Kiev, antes de irse, hicieron estas cosas. Las hermanas son valientes y también sabias: mientras pueden, están con la gente, con pequeños signos.

En Lviv ahora las FMA son 5. La casa está al lado de la frontera y  en su mayoría dan la bienvenida a las personas que van a Polonia: acogen, proporcionan una cama, están con ellas. Cuando suena la sirena bajan al subterráneo y están allí todo el tiempo necesario”.

Sor Małgorzata ve en todo un signo de la Providencia: poco después del estallido de la guerra, una de las FMA de Kiev fue a Polonia con su madre que tenía una intervención quirúrgica reciente y allí, acogida por otras religiosas, pudo ser de ayuda como intérprete, conocedora del ucraniano, el ruso y el polaco. Las religiosas, junto a ella, abrieron las puertas a la acogida, preparando camas, comidas y algún pequeño momento recreativo para los niños. El gobierno polaco proporcionó camas  y facilitó el viaje con los medios de transporte. La ayuda prestada por esta FMA, que por necesidad se había trasladado a Polonia, ha evidenciado una necesidad prioritaria que no está tanto en las ayudas materiales, sino la necesidad de estar al lado de la gente en estos momentos de éxodo y de conocer las lenguas, por lo cual las FMA están disponibles a llevar ayuda a otros puestos de frontera, donde junto con la Inspectora ven la necesidad, para hacer de intérpretes.

Cuando llegas afectada por un conflicto, de hecho, no es fácil entender de inmediato la nueva situación y las obligaciones burocráticas. Además, está comenzando a emerger la fragilidad de los niños, tanto en el aspecto físico como en el psíquico, por lo cual hay necesidad de escuchar a las mamás e intentar entender cómo hacer para ayudarlos.

Otra FMA ucraniana se trasladó a otro punto de Polonia, donde ayuda a más de 30 personas, llegadas en diferentes momentos, a vivir comunitariamente, preparando juntos las comidas, aportando al orden de la casa, a la organización de juegos para los niños y a la asistencia. Del ser acogidas, pasan gradualmente a ofrecer la propia contribución a la vida común, para volver a vivir en una especie de normalidad.

“¿Qué pasará mañana?, no lo sé”, concluye sor Malgorzata , que muestra en sus ojos la esperanza y el deseo de llevar consuelo a este pueblo, junto a las FMA de su Inspectoría y con las ayudas generosas de todas las Inspectorías del mundo y de muchas Asociaciones y bienhechores.

El Instituto de las Hijas de María Auxiliadora cuenta con la generosidad de las Comunidades Educativas, de las Asociaciones y de los benefactores para seguir llevando la ayuda a las FMA de Ucrania y de las Provincias próximas que acogen a los refugiados. 



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