• Aunque el Tesoro aplica medidas extraordinarias desde que ese límite se rebasó el jueves, se calcula que en junio se agotarán

  • Los republicanos amenazan con no elevarlo si no se empareja a recortes de gasto, asomando a Estados Unidos al impago y a una crisis global

Estados Unidos rebasó el jueves su techo de la deuda, marcado en 31,4 billones de dólares. Inmediatamente la secretaria del Tesoro, Janet Yellen, anunció que su departamento empezaba a adoptar «medidas extraordinarias» para seguir haciendo frente a los pagos que el Gobierno ya tiene comprometidos. Yellen señaló también que con esas herramientas de contabilidad creativa, legítimas pero inusuales, el Ejecutivo de Joe Biden podrá cubrir sus obligaciones de pagos previamente autorizadas hasta el 5 de junio.

Aunque la fecha no es fija y puede variar, a partir de ese momento, y a no ser que el Congreso apruebe elevar el techo de la deuda, EEUU se asomaría a una situación sin precedentes: la de un impago que desataría una crisis nacional y también global.

Dado el momento político de Estados Unidos, está en duda que llegue esa autorización del Congreso, y se ha abierto ya un combate político cruento y peligroso. Porque los republicanos tienen desde las últimas elecciones legislativas el control de la Cámara Baja, pero disponen de una exigua mayoría y en la formación ha cobrado un peso exorbitante el ala más radical y populista, como se demostró en la caótica elección de Kevin McCarthy como ‘speaker’, que el californiano solo logró haciendo concesiones a los ultras.

¿Qué es el techo de la deuda?

Es el límite que el Congreso pone al endeudamiento en que puede entrar el Gobierno para hacer frente a gastos que ya ha asumido, como sueldos de trabajadores federales o de militares, pagos de intereses a los inversores en bonos del Tesoro o prestaciones de la red social como liquidaciones a proveedores de Medicare, el servicio público de salud para los mayores o jubilaciones.

No representa nuevo gasto, sino solo el que ya está aprobado por el Congreso, permitiendo al Ejecutivo cubrir la diferencia entre lo que gasta y lo que recauda con impuestos, un déficit cuya brecha ha ido aumentando en las últimas décadas.

Se estableció por primera vez en 1917 para facilitar la agrupación de bonos con los que se financiaba la Primera Guerra Mundial, evitando que el Gobierno tuviera que acudir cada vez que necesitaba emitirlos.

¿Qué pasa si no se eleva?

Cuando el Tesoro agote las medidas extraordinarias que empezó a aplicar el pasado jueves se quedará sin liquidez, sin poder emitir más deuda y sin poder afrontar pagos como los de la Seguridad Social. Tendría inmediatamente que recortar gastos, provocando una recesión y, potencialmente, una crisis financiera global.

Como explicó el Consejo de Asesores Económicos de la Casa Blanca en 2021, cuando hubo otro duelo por el techo de la deuda (aunque se solventó por el control demócrata de las cámaras), «los mercados financieros perderían fe en EEUU, se debilitaría el dólar y caería la bolsa. La calificación del crédito casi seguro se rebajaría y los tipos de interés subirían para muchos préstamos». Se dispararía también la volatilidad financiera, algo que ya sucedió en 2011.

¿Por qué se oponen a elevarlo los republicanos?

Con Biden en el Despacho Oval, los republicanos han recuperado la obsesión por reducir déficit y deuda, y exigen ahora que el techo de endeudamiento solo se eleve si va acompañado de recortes profundos en el gasto federal que buscan desde hace tiempo y a «reformas estructurales de gasto».

Aunque no han especificado de momento dónde quieren esos recortes, sí han hecho declaraciones que no dejan dudas de que afectarían a programas como la Seguridad Social y Medicare. Esa es, no obstante, una apuesta profundamente impopular, y hasta Donald Trump, en campaña para volver a ser candidato presidencial de los republicanos en 2024, este viernes les recordaba en vídeo que «bajo ninguna circunstancia deberían votar para quitar ni un centavo» a esas partidas y, con ello, a los ciudadanos mayores.

Cuando Trump ocupaba la Casa Blanca, los conservadores no tuvieron problema en apoyar las ampliaciones del endeudamiento, que creció en esos años con casi 8 billones adicionales (en parte por el primer paquete de ayudas para afrontar el golpe de la pandemia de coronavirus).

¿Qué postura mantienen Biden y los demócratas?

La Casa Blanca asegura que la subida del techo de la deuda no es negociable y se opone frontalmente a asociarla a condiciones como los recortes de gasto que buscan los conservadores.

Es también la posición dominante entre los demócratas, pero algunos están dispuestos a buscar formas de reducir gasto, y confían en poder negociar con republicanos moderados.

Algunas voces, como la de la propia Yellen, han abogado por aprobar legislación que elimine directamente el techo de la deuda, pero Biden ha descartado esa idea y tampoco ha despegado en el Congreso.

Los antecedentes

No es la primera vez que EEUU se ve en esta situación. Hace décadas ya que cumplir con lo que inicialmente fue un trámite rutinario se ha convertido en una batalla política entre republicanos y demócratas. Pasó, por ejemplo, en 1995 y 1996 y, en la última gran crisis, en 2011 y 2013, cuando el Congreso republicano en el que había entrado con fuerza el movimiento Tea Party puso contra las cuerdas a Barack Obama.

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Entonces, como ahora, los republicanos querían imponer recortes y forzaron al presidente demócrata a aceptar un severo plan de ajuste para reducir gastos y déficit en la siguiente década a cambio de elevar el techo de la deuda.

Antes de alcanzar el acuerdo de 2011, el duelo llevó por primera vez en la historia a la rebaja de la calificación de la deuda soberana estadounidense por parte de Standard & Poor’s, que vio «el Gobierno y la capacidad legislativa de EEUU volviéndose menos estable, menos efectiva y menos predecible«. En 2013, cuando los republicanos trataron de usar la negociación para frenar la reforma sanitaria, S&P estuvo a punto de rebajar la calificación por segunda vez.





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